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	<title>Al bajar la marea</title>
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		<title>Secuelas (XIV)</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Sep 2011 17:21:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Cuando Marcia llegó a casa, se encontró a Dani sentada mirando la televisión. - Hola, Dani, ¿Y tu madre? - No sé; subió hace rato a su dormitorio. Supongo que seguirá allí. Marcia dejó el pan encima de la mesa de la cocina y subió las escaleras, buscando a su hermana. Llamó a la puerta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando Marcia llegó a casa, se encontró a Dani sentada mirando la televisión.</p>
<p>- Hola, Dani, ¿Y tu madre?</p>
<p>- No sé; subió hace rato a su dormitorio. Supongo que seguirá allí.</p>
<p>Marcia dejó el pan encima de la mesa de la cocina y subió las escaleras, buscando a su hermana. Llamó a la puerta del dormitorio de Carolina y sin esperar respuesta, entró.</p>
<p>Carolina se hallaba fuera, sentada en una pequeña terraza, desde la que se podía ver la playa. Estaba sentada en una mecedora y se había sentado encima de los pies,  como si tuviese frío.</p>
<p>- Hola, Caro.</p>
<p>Carolina se volvió, sobresaltada. Sonrió a su hermana.</p>
<p>- ¡Hola! ¿Qué tal lo has pasado?</p>
<p>Marcia se sentó en el suelo, mirando a su hermana; le brillaban los ojos y tenía una sonrisa radiante.</p>
<p>- ¡Genial, lo he pasado genial! Alex es un encanto.</p>
<p>Caro levantó una ceja.</p>
<p>- ¿Alex?</p>
<p>- Alejandro es un nombre muy largo. ¿Sabes? ¡Le encanta el apio!</p>
<p>- No lo dejes escapar, no creo que haya otro hombre en el mundo al que le  encante el apio. Ése está hecho para ti. &#8211; Miró su reloj de pulsera. &#8211; ¿Has estado tanto tiempo desayunando?</p>
<p>- ¡Noooo! ¿Eres boba o qué? Le estuve ayudando en la consulta. Es un poco caótico con los libros, y le estuve colocando las estanterías. Ahora la consulta parece otra.</p>
<p>- No lo dudo, tienes mucha mano para la decoración, Marcia. ¿Has quedado con él otra vez?</p>
<p>- Cenaremos juntos&#8230; Si es que no me necesitas. ¿Qué tal con Javier?</p>
<p>- Quería disculparse.</p>
<p>- ¿Y ya está? supongo que no le habrás perdonado, ¿verdad?</p>
<p>- En realidad, sí.</p>
<p>- ¡Carolina!</p>
<p>- ¿Y qué querías que hiciese, que le diese con la puerta en las narices?</p>
<p>- Pues no estaría mal. Es, ni más ni menos, lo que te han hecho a ti. Y a mi, dicho sea de paso.</p>
<p>- Es igual, yo no soy rencorosa, no puedo serlo. Se disculpó, le perdoné y ya está.</p>
<p>- Pues no, no está. ¿Vas a volver con él?</p>
<p>- Por ahora, no; ahora no puedo, no me siento con fuerzas suficientes. Quizás más adelante, cuando Dani se haya recuperado un poco y yo esté un poco más asentada. Pero tengo fe en el futuro, ¿sabes? Si realmente fue sincero (y yo creo que lo fue), volverá. Y entonces no habrá sombras entre los dos.</p>
<p>Marcia asintió, mirando a lo lejos.</p>
<p>- Está bajando la marea.</p>
<p>- Así es; baja la marea y mi hija me quiere; por ahora, parece que eso es todo, ¿verdad?</p>
<p>- Sí. &#8211; Marcia cogió la mano de su hermana. &#8211; Sí que lo es&#8230; Por ahora.</p>
<p><strong><em>FIN</em></strong></p>
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		<title>Secuelas (XIII)</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Sep 2011 20:05:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[- Hola, Carolina, ¿cómo estás? &#8211; Desde la puerta, Javier saludaba a Carolina, sin atreverse a entrar. Caro se quedó sin habla;  la última persona que esperaba ver entrar por aquella puerta era Javier. - ¡Hola, Javier! Pasa, por favor. Ven a la cocina; Dani está durmiendo en el sofá. ¿Quieres un café? Javier sonrió. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- Hola, Carolina, ¿cómo estás? &#8211; Desde la puerta, Javier saludaba a Carolina, sin atreverse a entrar.</p>
<p>Caro se quedó sin habla;  la última persona que esperaba ver entrar por aquella puerta era Javier.</p>
<p>- ¡Hola, Javier! Pasa, por favor. Ven a la cocina; Dani está durmiendo en el sofá. ¿Quieres un café?</p>
<p>Javier sonrió.</p>
<p>- Tu vida parece formar parte de sueños interrumpidos en un sofá, Carolina. Desde que te conozco, o tú o alguien de tu familia duerme en uno. Me encantaría ese café, gracias. ¿cómo va tu pie?</p>
<p>- Bien, la verdad es que sólo me acuerdo de él cuando apoyo; noto algo ahí que no debería estar, pero no me duele.</p>
<p>- Caro, ¿todo va bien? &#8211; Desde la puerta, Marcia vigilaba la conversación.</p>
<p>- ¡Claro! Vete, anda. Alejandro te espera.</p>
<p>- Vale. Hasta luego entonces.</p>
<p>- Parece que tu hermana te cuida bien. &#8211; Javier cogió la taza que Caro le tendía.</p>
<p>Ella sonrió.</p>
<p>- Sí; está pensando en comprar la casa de al lado, ¿te has fijado que se vende? Quiere instalarse aquí y dedicarse a diseñar bolsos, o algo así. Dice que está cansada de la vida de modelo. ¡Será fantástico! ¿Te imaginas, tener a toda la familia cerca?</p>
<p>- Claro. Cada vez que vengo aquí, tengo ración doble de todos. Abruma un poco, la verdad.</p>
<p>- Pues yo lo veo genial. Claro que es una cosa que hace mucho tiempo que no tengo.</p>
<p>- ¡Mami! &#8211; Daniela, frotándose los ojos con cara de sueño, se acercó a su madre, que sonrió al verla.</p>
<p>- ¡Hola, mi niña! Saluda a Javier, anda.</p>
<p>- Hola, ¿ha venido Cris?</p>
<p>- Hola, Daniela; me encanta verte sonreír. No, Cris no ha venido. Estaba durmiendo cuando salí de casa. Si quieres, luego vamos a verla.</p>
<p>- ¡Estupendo! Me voy a la ducha.</p>
<p>Caro esperó a que la niña subiese las escaleras y cerrase la puerta del baño.</p>
<p>- Bueno, cuéntame. ¿Qué te trae por aquí?</p>
<p>- Quería disculparme contigo, Carolina.</p>
<p>- Disculpas aceptadas. ¿Has desayunado?</p>
<p>Javier la miró, sorprendido. Siempre le habían chocado los bruscos cambios de conversación de Carolina.</p>
<p>- ¿Ya está, me perdonas y ya está?</p>
<p>- Pues claro, supongo que si me pides disculpas es porque lo sientes, ¿no? Pues ya está. No creo que sea para hacer una novela.</p>
<p>Javier habló, con cautela.</p>
<p>- Entonces&#8230; ¿no estás enfadada conmigo?</p>
<p>- Yo nunca estuve enfadada. Estoy dolida, pero no enfadada. También me ha dado muchísima pena el comportamiento de Bele, pero ¡bueno! ya sé que las mujeres normalmente no me quieren bien. Yo no pretendo hacer daño a nadie, pero tampoco tengo que dar explicaciones por mi vida. Es mi vida, y la vivo como quiero. Claro que eso ahora ha cambiado; ahora está Dani y por ella me muevo. No, no estoy enfadada, pero sí triste. &#8211; Se encogió de hombros. -¡Qué diablos! No se puede tener todo.</p>
<p>- Pero a mi sí me tienes, Carolina.</p>
<p>Caro se le quedó mirando a los ojos, escrutadora.</p>
<p>- ¿Sabes qué, Javier? Toda mi vida he tenido relaciones esporádicas, sin pedir nada a cambio. El único que estuvo siempre ha sido Rafa; sólo me dejó de verdad cuando se murió. No quiero más relaciones esporádicas en mi vida. No quiero a nadie a mi lado que me juzgue a la mínima. No nos conocemos, no hemos tenido tiempo para ello. Eres el tío de Cristina y hermano de Luis. Para mi, es suficiente para abrirte la puerta de mi casa.</p>
<p>Javier se puso en pie.</p>
<p>- Voy a seguir insistiendo, Carolina. Si tengo que venir a vivir aquí, lo haré.</p>
<p>- Me encantaría; de verdad que sí. No puedo ofrecerle a Dani relaciones esporádicas. No, después de todo lo que ha pasado.</p>
<p>- Esto no es un adiós, ¿verdad, Carolina?</p>
<p>- No, claro que no. Ya sabes donde encontrarme cuando quieras, Javier.</p>
<p>Javier le dedicó una sonrisa triste.</p>
<p>- Claro que sí; sólo tengo que ir a la playa cuando baje la marea.</p>
<p>- Allí estaré. Adiós, Javier.</p>
<p>- Hasta luego, Carolina.</p>
<p>Javier salió de casa y Caro se quedó sola en la cocina, con las lágrimas rodándole por las mejillas. Se sentía triste y  sola.</p>
<p>Dani bajó corriendo las escaleras, parándose en seco al ver la silla vacía.</p>
<p>- ¿Y Javier?</p>
<p>- Se ha ido, Dani.</p>
<p>La niña se acercó a su madre y le acarició la mejilla, secándole una lágrima.</p>
<p>- No estés triste, mamá, me gusta más cuando sonríes. ¿Sabes lo que vamos a hacer? Esperaremos a que baje la marea. Cogeremos un cubo y me enseñarás todo sobre los cangrejos, ¿vale? Seguro que eso te hace feliz.</p>
<p>- Tú eres todo lo que necesito para ser feliz, Daniela.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Secuelas (XII)</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Sep 2011 12:57:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[El estridente sonido del timbre de la puerta despertó a Caro de su sueño. Se sentía pesada y tenía mucho calor; al rato descubrió la razón. Dani, dormida en es sofá que compartían, apoyaba cabeza encima del vientre de Caro, que sudaba bajo el calor generado por la niña. En el otro sofá, con las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El estridente sonido del timbre de la puerta despertó a Caro de su sueño. Se sentía pesada y tenía mucho calor; al rato descubrió la razón.</p>
<p>Dani, dormida en es sofá que compartían, apoyaba cabeza encima del vientre de Caro, que sudaba bajo el calor generado por la niña.</p>
<p>En el otro sofá, con las piernas colgando por un lado, Marcia abría los ojos, amodorrada.</p>
<p>- Creo que han llamado.</p>
<p>- Pues yo tengo a Dani durmiendo encima, ve tú.</p>
<p>- ¿Yo? ¡Ni hablar! Yo así no abro la puerta. ¡Ay! Me duele el cuello.</p>
<p>El timbre volvió a sonar, insistente.</p>
<p>- Está bien. &#8211; Caro refunfuñó. &#8211; Iré yo.</p>
<p>Empujó suavemente a la niña, que abrió los ojos para volverlos a cerrar después. Caro, con la camiseta descolorida que se había puesto para dormir empapada por el sudor de su hija, se puso en pie descubriendo que le dolían todos los músculos del cuerpo, incluidos algunos de los que no sabía su existencia. Se ajustó el pantalón del viejo pijama de color indefinido que un día había desteñido en la lavadora y se pasó los dedos por el pelo. Tenía que dejar de dormir en el sofá, o acabaría con la espalda destrozada. Echó un vistazo al reloj de la sala, ¡las ocho de la mañana! ¿Quién tendría tan poco tino de llamar a las ocho de la mañana?</p>
<p>Abrió la puerta de la casa y salió al jardín, pisando el húmedo césped con los pies descalzos; se estremeció de frío, aunque el sol, todavía tímido, parecía que iba a brillar con fuerza.</p>
<p>Detrás de la puerta de hierro forjado que daba a la calle, el pediatra de Daniela sonreía a Caro, que abrió los adormilados ojos, asombrada.</p>
<p>- ¡Buenos días, Carolina!</p>
<p>- Buenos días, ¿pasa algo?</p>
<p>- No; ayer le comenté a Marcia que le explicaría todo lo referente a las adopciones, y se me ocurrió invitarla a desayunar antes de abrir la consulta; hoy tengo el día bastante complicado pero hasta las diez estoy libre. ¿Puedo pasar?</p>
<p>- Er&#8230; Sí, claro. Entra. Pero lo mejor es que vayamos a la cocina. Ayer Daniela tuvo una sesión de comida nocturna y acabamos las tres viendo la televisión en el sofá. Allí hemos dormido. Bueno, si es que eso se puede llamar dormir. No era mi intención que la niña durmiese en el sofá, pero es que no sabía muy bien qué hacer; ayer por la noche estaba fatal, la pobre. No quería dejarla sola y como nos habíamos desvelado&#8230;</p>
<p>El pediatra levantó una mano, restando importancia al hecho con un gesto.</p>
<p>- Tú no habrás descansado nada, pero seguro que la niña ha dormido bien. Los niños duermen en cualquier parte. Has hecho lo correcto, no te disculpes, por favor.</p>
<p>La cocina, después del tentempié nocturno, estaba hecha un desastre. Caro recogió todo de la mesa y lo puso al lado del fregadero.</p>
<p>- Voy a avisar a Marcia; por favor, siéntate que yo vengo enseguida.</p>
<p>Caro salió disparada hacia la sala, donde Marcia se había vuelto a dormir.</p>
<p>Caro la sacudió por los hombros, susurrándole al oído.</p>
<p>- ¡Marcia, despierta! Está Alejandro aquí, que quiere invitarte a desayunar.</p>
<p>Marcia murmuró entre sueños.</p>
<p>- No conozco a ningún Alejandro; y a ese tipo sea quien sea le puedes decir que no son horas de visitar a nadie. Déjame dormir.</p>
<p>- ¡Marcia, que es el pediatra de Daniela!</p>
<p>Marcia abrió los ojos de golpe.</p>
<p>- ¡Oh, Dios! ¡Caro, por favor, entretenlo mientras me arreglo! Dile que necesito&#8230; &#8211; Marcia hizo cálculos rápidos con la mente. &#8211; quince minutos. En quince minutos bajo.</p>
<p>Salió disparada escaleras arriba mientras Caro volvía a la cocina.</p>
<p>- Dice que necesita quince minutos; yo no puedo hacer nada, salvo invitarte a café. ¿Quieres uno?</p>
<p>- Gracias, acepto encantado. ¿Sabes que tienes una casa muy bonita? Siempre me gustó esta parte de la ciudad, tan tranquila, con las casas en primera línea de playa. Yo vivo en un piso deprimente, de alquiler, en el centro. Es muy oscuro. Pero como nunca estoy en casa, no me importa mucho.</p>
<p>Caro trajinaba por la cocina, fregando los vasos del festín nocturno mientras el café se hacía en la cafetera.</p>
<p>- Yo no puedo vivir alejada del mar. Es mi trabajo y mi vida. Cuando hicieron la urbanización, tuve que empeñarme bastante para poder pagar la casa, pero no se me ocurría otro sitio mejor para vivir. Al morir mi madre fue más fácil; no nos dejó mucho, pero al vender su vieja casa pude terminar de pagar ésta. Es mi cueva. &#8211; Caro sirvió el café, puso leche y azúcar encima de la mesa. &#8211; ¿Quieres galletas, o tostadas, o algo?</p>
<p>- Bueno, la idea era invitar a tu hermana a desayunar fuera&#8230;</p>
<p>- Siempre podéis desayunar aquí, y salir después.</p>
<p>- De eso nada; si ha venido a invitarme a desayunar, eso hará. &#8211; Marcia entró en la cocina deslumbrante, con un vaquero de Tommi Hilfiger medio gastado, bailarinas rojas y un polo azul y rojo del mismo diseñador. No iba maquillada, pero se había dado iluminador para el rostro y polvos rosados y aparecía fresca, sonriente y feliz. &#8211; Buenos días, Alejandro.</p>
<p>Alejandro se puso de pie.</p>
<p>- Buenos días. Por las mañanas resplandeces.</p>
<p>- Bueno, no exactamente; después de arreglarme puedo resplandecer, pero antes no. ¿Verdad, Caro?</p>
<p>- Verdad. Recién levantada aparece como yo ahora.</p>
<p>Alejandro la miró, perplejo.</p>
<p>- Pues yo te veo estupenda, Carolina. Claro que no me gusta mucho tu ropa.</p>
<p>Caro se rió.</p>
<p>- No te preocupes; es un viejo y gastado pijama tan suave por el uso que no puedo deshacerme de él.</p>
<p>- Te entiendo. Bueno, gracias por el café, ahora nos vamos. &#8211; Le tendió  la mano a Carolina. &#8211; Te veré en la consulta en unos días. ¿Qué tal come la niña?</p>
<p>- Va mejor.</p>
<p>- Entonces seguro que mejorará. Tráela por la consulta, de todas formas. Bueno, hasta luego.</p>
<p>Marcia se acercó a su hermana y le dio un beso en la mejilla.</p>
<p>- Adiós, Caro.</p>
<p>- Pásalo bien, y de paso que sales trae  pan, ¿de acuerdo?</p>
<p>- Vale.</p>
<p>Caro se quedó en la cocina, bebiendo café recién hecho y apoyando el pie en la silla de enfrente. Se sacó el apósito y vio que la herida se cerraba perfectamente; no le quedaría más que una cicatriz. Apenas le dolía.</p>
<p>Levantó la cabeza al oír la puerta.</p>
<p>- ¿Ya estás de vuelta, Marcia?</p>
<p>Marcia asomó la cabeza.</p>
<p>- No; sólo acompaño a un invitado hasta la puerta, como mandan las buenas costumbres. Tienes visita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Secuelas (X)</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Aug 2011 17:35:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Caro despertó sobresaltada, al oír un ruido. Se levantó y encendió la luz, parpadeando, deslumbrada. Miró el reloj, ¡las dos y media! ¿Sería Marcia? Se levantó y bajó. Daniela, a oscuras y con la puerta del frigorífico abierta, comía todo lo que encontraba. - ¡Dani! ¿Qué haces? La niña miró a su madre y se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Caro despertó sobresaltada, al oír un ruido.</p>
<p>Se levantó y encendió la luz, parpadeando, deslumbrada. Miró el reloj, ¡las dos y media! ¿Sería Marcia?</p>
<p>Se levantó y bajó.</p>
<p>Daniela, a oscuras y con la puerta del frigorífico abierta, comía todo lo que encontraba.</p>
<p>- ¡Dani! ¿Qué haces?</p>
<p>La niña miró a su madre y se echó a llorar.</p>
<p>- ¡Pero hija! ¿Por qué no me despertaste? No son horas de comer. Anda, siéntate aquí.</p>
<p>Daniela lloraba y lloraba, y Carolina no sabía qué hacer. Optó por lo más obvio: cerró la puerta de la nevera y puso agua leche a calentar para la niña.</p>
<p>- Dani, no puedes levantarte a comer; es imposible que tengas hambre y comer de esa manera no es sano.</p>
<p>- ¡Es que me siento tan sola! ¡Quiero ver a Lara, quiero ver a papá, quiero ver a Mayte! &#8211; Caro se acercó y abrazó a su hija.</p>
<p>- ¿Qué pasa aquí? &#8211; Con los ojos cargados de sueño, Marcia apareció por la puerta. &#8211; ¿Estás haciendo una fiesta de pijamas sin avisarme? ¿Y sin apio? ¡Vaya fiesta de porquería!</p>
<p>Muy a su pesar, Daniela rió.</p>
<p>- No es una fiesta, Marcia; es que Dani echa de menos a su familia y se levantó, eso es todo.</p>
<p>- Bueno, pues ya que estamos todas levantadas, me uno a eso de la leche caliente, ¿puedo?</p>
<p>Caro miró a la niña, sin saber qué decir.</p>
<p>- Claro, tía Marcia. Coge las galletas. El apio sabe fatal  mojado en leche.</p>
<p>Marcia cogió las tazas, la leche y Caro la caja de las galletas.</p>
<p>- ¿Sabes, Dani? Nosotras también perdimos a nuestro padre cuando teníamos más o menos tu edad. Fue muy duro.</p>
<p>- ¿De qué murió el abuelo?</p>
<p>- Tu abuelo era bombero, y muy valiente, como todos los bomberos. Hubo un accidente, y se murió, es todo. No hay que recordar nada más. Al principio llorábamos todos los días, ¿te acuerdas, Marcia? Al levantarnos de la cama y ver que ya no estaba, ¡hacía un daño! Después te acostumbras. No es que no te duela, no deja nunca de doler; pero te acostumbras. La vida sigue y los que quedamos tenemos que seguir con ella. Habrá días que te encuentres furiosa y que parezca que no lo podrás soportar; pero cada vez serán menos. Y además, los muertos nunca se van. Si te acuerdas de ellos, siempre viven entre nosotros.</p>
<p>- ¿ Lara me ha perdonado, entonces?</p>
<p>- Claro que sí; Lara sabía que hablabas por hablar; los hermanos suelen decirse muchas cosas que en realidad no sienten. No te preocupes. Pero lo que no puedes hacer es levantarte a comer de noche, Daniela. No es bueno para ti ni para nadie. Lo mejor que puedes hacer es despertarnos&#8230;</p>
<p>- Oye, que es tu hija, ¡que te despierte a ti!</p>
<p>- Gracias por tu ayuda, Marcia. &#8211; Dani se reía, viendo a las dos hermanas discutir en broma. &#8211; Pues me despiertas, y hablamos. Pero no vuelvas a levantarte de noche a comer. ¿Sabes que eso es una enfermedad? Puedes acabar en el hospital otra vez.</p>
<p>- ¡Yo no quiero volver al hospital!</p>
<p>- Ya me lo supongo, por eso te aviso. ¿Sabéis qué? Que estoy desvelada del todo, así que me voy a la sala, siempre estaré más cómoda que en la cocina. ¿Alguien viene? ¡El último recoge la mesa!</p>
<p>Salieron corriendo de la cocina, peleando por llegar primero al sofá. Al dejarse caer, las tres reían; parecía que Daniela había olvidado sus penas. Pusieron la televisión, y se acurrucaron juntas, con los pies encima de la mesa.</p>
<p>Carolina miró a su hija, que se acurrucaba junto a ella; respiró hondo y pensó en Javier, sólo le faltaba él para ser completamente feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Secuelas (XI)</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Aug 2011 04:11:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Sentado en el sofá del ático que habían reformado para sí encima de la casa de Cristiana y Luis, Javier miraba al vacío. Analizaba su vida, mirándola desde fuera, como si se tratase de una película proyectada sobre un fondo blanco. Luis había tenido razón: no podía dormir. Había intentado acostarse y cerrar los ojos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sentado en el sofá del ático que habían reformado para sí encima de la casa de Cristiana y Luis, Javier miraba al vacío.</p>
<p>Analizaba su vida, mirándola desde fuera, como si se tratase de una película proyectada sobre un fondo blanco.</p>
<p>Luis había tenido razón: no podía dormir.</p>
<p>Había intentado acostarse y cerrar los ojos, pero la imagen de Caro venía a su cabeza una y otra vez, y una y otra vez la veía sufriendo, siendo humillada por su madre y despreciada por él.</p>
<p>Bien, se lo tenía merecido porque, al fin y al cabo, ¿qué sabía de ella? Nada, se trataba de una desconocida que el azar había puesto en su camino.</p>
<p>Sonrió con una mueca triste, ¿acaso la vida de las personas no cambia por imprevistos que el azar pone en su vida? Un minuto, tan sólo un minuto, y la vida cambia por completo.</p>
<p>¡Y vaya si le había cambiado la vida!  Tuvo el cielo en sus manos, ¡tan cerca! Pudo tocar la luna; en ella estaba con Caro. No había otro lugar en el mundo en el que quisiese estar: a su lado, siempre a su lado.</p>
<p>Y ahora, Javier se miraba las manos vacías porque todo lo que tenía era vacío, vacío y soledad. Le habría gustado estar con alguien, hablar con alguien. Le habría gustado no estar solo; le encantaría tener a alguien al lado con quien poder desahogarse. Miró el reloj: las tres de la mañana. Vivía en el piso de arriba de la casa de su familia, pero ni así tenía derecho a despertar a nadie.</p>
<p>Javier se puso en pie y bajó las escaleras despacio. Abajo, los perros dormían en el porche, estirados. Conocían su olor y ni siquiera se molestaron en abrir un ojo al oírlo pasar; era tarde y también ellos estaban cansados. Una tarde corriendo con un montón de niños llenos de energía agotaba al más entrenado de los animales.</p>
<p>En la parte de abajo de la casa no se oía ni un ruido, no se veía ni una luz.</p>
<p>Javier suspiró y volvió escaleras arriba; no tenía sentido vagar a oscuras por la finca.</p>
<p>Al fin y al cabo, siempre podía madrugar e ir a casa de Carolina a una hora decente para hablar con ella.</p>
<p>Y ya más animado, decidió intentar dormir otra vez; necesitaría fuerzas para enfrentarse al nuevo día.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Secuelas (IX)</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Aug 2011 12:41:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[- ¿Se ha dormido? - No creo; yo la acabo de dejar despierta. ¿Sabes que me ha dicho? Dice que tiene pesadillas casi todas las noches. Me ha preguntado si podía acudir a su lado si tenía miedo. - ¡Pobrecilla! Lo ha pasado realmente mal. Me comentó el pediatra que posiblemente necesite ayuda de un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- ¿Se ha dormido?</p>
<p>- No creo; yo la acabo de dejar despierta. ¿Sabes que me ha dicho? Dice que tiene pesadillas casi todas las noches. Me ha preguntado si podía acudir a su lado si tenía miedo.</p>
<p>- ¡Pobrecilla! Lo ha pasado realmente mal. Me comentó el pediatra que posiblemente necesite ayuda de un profesional; aún le quedan secuelas.</p>
<p>- Las secuelas le quedarán de por vida; ten en cuenta que ha perdido a su familia. Volverá a reír, volverá a ser feliz, pero quedarán cicatrices y secuelas; ¿ya no recuerdas, lo que es perder a un padre?</p>
<p>- Eso no se olvida nunca, Caro. &#8211; Marcia bajó los ojos.</p>
<p>- Pues añádele el perder al resto de tu familia. Claro que necesitará ayuda profesional. Esto segura de que Alejandro podrá ayudarme en eso.</p>
<p>- Hablando de Alejandro. &#8211; Marcia miro a su hermana, con la mirada radiante. &#8211; ¿No te parece curioso que también tenga ganas de ser padre?</p>
<p>- Pues no sé, Marcia. Parece que hay una edad en la que todo el mundo tiene deseos de formar una familia.</p>
<p>- Todos menos tú.</p>
<p>- No te creas; cuando jugaba con Carlitos (ya sabes, el primo de Cris), sentía que me hervía la sangre. Me encantaría tener otro hijo. Al fin y al cabo, a Daniela no la disfruté. &#8211; Caro se quedó pensativa.- Sí; otro niño sería perfecto.</p>
<p>- Podrías adoptar&#8230;</p>
<p>- No me importaría; pero me encantaría disfrutar de la maternidad en todas sus épocas, desde el principio. &#8211; Caro se estiró en el sofá. &#8211; ¡En fin! Ya veremos lo que pasa. ¿Y tú?</p>
<p>- Desde que salí de casa llevo dándole vueltas a una idea que no para de rondarme por la cabeza desde hace tiempo. Estoy ya cansada de mi vida y me voy haciendo mayor. Los contratos llegan cada vez más espaciados y las nuevas generaciones vienen pisando fuerte, muy fuerte, y yo no quiero empezar a anunciar cremas para las primeras arrugas.</p>
<p>- ¿Y qué vas a hacer?</p>
<p>- Ya sabes que estuve diseñando una línea de bolsos, ¿verdad? Pues se los mandé a varios conocidos que trabajan en el mundo de la moda y les han encantado. Así que me haré diseñadora, no es difícil. Podría instalarme cerca de aquí; he visto que la casa que está pegada a la tuya se vende. ¿Te importaría tenerme de vecina?</p>
<p>- ¿De verdad? &#8211; Caro miró a su hermana, entusiasmada. &#8211; ¡Me encantaría tenerte cerca! No sabía lo mucho que te había echado de menos hasta que volví a verte. ¡ Y aquí al lado! Podemos poner una puertecita de comunicación entre los jardines&#8230;</p>
<p>- Y dejar que nuestros futuros hijos crezcan juntos&#8230;</p>
<p>- Y compartir una minipiscina&#8230;</p>
<p>Caro abrazó a su hermana.</p>
<p>- ¡Me encantará! ¿Cuándo te mudas?</p>
<p>Marcia se echó a reír.</p>
<p>- ¡Calma! Tengo que comprar la casa, vender el piso y hacer la mudanza. Y tengo que arreglar lo del trabajo. ¿Sabes qué voy a hacer también? Pondré una asesoría de belleza; la mitad de la gente no tiene ni idea de lo que le sienta bien o mal y no son felices porque no se encuentran a gusto consigo mismos; yo puedo ayudarles mucho en eso. Pondré precios módicos y también puedo trabajar por internet; con tener una fotografía de la persona, puedo hacer mucho.</p>
<p>- La gente de por aquí no tiene mucho dinero, Marcia.</p>
<p>- Eso son tonterías; se puede ir bien vestida con ropa de mercadillo. Simplemente, hay que elegir bien. No hace falta ir a grandes marcas, ¡si vieses algunos modelos que he tenido que llevar yo! Infumables, totalmente infumables. Y carísimos, además. Bueno, estoy echa polvo; será mejor que me acueste. ¿Sabes? Tenía miedo de tu reacción.</p>
<p>Caro la miró, asombrada.</p>
<p>- ¿Por qué? Siempre serás bien recibida en esta casa, Marcia. Has acudido cuando más te necesité, y me habría encantado poder haber estado a tu lado cuando perdiste a tus bebés.- Caro bajó la cabeza. &#8211; Pero no lo sabía. Siempre he sido muy egoísta; nunca me he preocupado mucho por la vida de los demás. No puedo cambiar el pasado, pero sí planear el futuro. Siempre estaré a tu lado, ¿vale, Marcia?  - Se quedó un rato callada. &#8211; Siempre y cuando no vuelvas a poner una rama de apio en la comida, claro&#8230;</p>
<p>Marcia le lanzó un cojín.</p>
<p>- ¡Boba! Buenas noches, Caro.</p>
<p>- Que descanses, Marcia.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Secuelas (VIII)</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Aug 2011 01:55:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[- Dani, es hora de ir a la cama. &#8211; Caro, sentada en el sofá con la cabeza de la niña apoyada en el regazo, veía un canal apto para niños en el televisor, canal que ni siquiera sabía que existía. Daniela se incorporó, bostezando. - ¿Vendrás a darme un beso? - ¿Un beso? &#8211; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- Dani, es hora de ir a la cama. &#8211; Caro, sentada en el sofá con la cabeza de la niña apoyada en el regazo, veía un canal apto para niños en el televisor, canal que ni siquiera sabía que existía.</p>
<p>Daniela se incorporó, bostezando.</p>
<p>- ¿Vendrás a darme un beso?</p>
<p>- ¿Un beso? &#8211; Caro se sorprendió. &#8211; Te lo puedo dar ahora, si quieres.</p>
<p>- No,no; tiene que ser en cama. Yo me acuesto, tú subes, me arropas y me das un beso. Así es como hacía papá.</p>
<p>- Vale, subiré en cinco minutos. Lávate los dientes y cepíllate el pelo, ¿vale?</p>
<p>- Vale. &#8211; La niña se marchó diciendo adiós con la mano a su tía que la miraba, divertida.</p>
<p>- Caro, ¿cómo es posible que hayas pasado tantos años de tu vida sin tener contacto con niños? ¡Mira que no entender que haya que subir a darle un beso! ¿No recuerdas a mamá?</p>
<p>- Claro que recuerdo a mamá, pero no recuerdo que haya ido jamás a cama a darme un beso.</p>
<p>- ¡Pero Caro! ¿Y papá?</p>
<p>- Papá tampoco. ¿En serio lo hacían?</p>
<p>Marcia puso los ojos en blanco.</p>
<p>- En serio, Carolina&#8230; Eres un caso único de despiste mundial. Pero no te preocupes, lo conseguirás. Para ser madre sólo hace falta cariño, tesón, constancia, amor y disciplina.</p>
<p>- ¡Madre mía! ¿Y eso duele?</p>
<p>Marcia se rió.</p>
<p>- Nada, no te dolerá nada. Te lo prometo. Anda, ve; tu hija te espera.</p>
<p>Caro llamó a la puerta antes de entrar en el dormitorio de la niña.</p>
<p>- ¿Se puede?</p>
<p>- Pasa. &#8211; Daniela, metida en cama y tapada hasta el cuello, sonreía a su madre. &#8211; ¿Me arreglas la ropa de la cama?</p>
<p>- Claro. &#8211; Caro estiró la ropa y tapó a la niña. Daniela, que tenía los brazos levantados para poner el embozo debajo de ellos, cogió la mano de su madre.</p>
<p>- Quédate un rato, porfa.</p>
<p>- Muy bien, ¿puedo sentarme aquí, en la cama?</p>
<p>- Sí. ¿Sabes? Me encanta esa foto, ¿me cuentas algo de ella?</p>
<p>- Pues es una foto que hizo un amigo mío, muy buen fotógrafo, como ves. Hicimos juntos un reportaje sobre los cangrejos violinistas; yo me ocupaba del texto y él de las fotos. Puede pasarse más de dos horas sin moverse en la misma postura para sacar la  foto ideal. Ha obtenido varios premios. ¿Sabes por qué les llaman cangrejos violinistas? &#8211; Daniela negó con la cabeza. &#8211; Cuando salen de sus madrigueras, elevan la pata principal al sol todos a la vez, paree que tocan el violín. Es un espectáculo único y digno de ver.</p>
<p>- ¿Y los hay aquí?</p>
<p>- ¿Aquí? ¡Nooooo! Están muy lejos de aquí. El &#8220;Uca Pugnax&#8221; vive en los Estados Unidos, hija. Aquí encontrarás algunas especies para acuarios, pero ya te expliqué lo que pienso de los acuarios, ¿recuerdas?</p>
<p>- Sí&#8230; mamá, ¿de verdad podré tener un perro o un gato?</p>
<p>- Sí, claro, claro que puedes, ¿por qué, no me creíste?</p>
<p>- Sí que te creí, pero Mayte nunca nos dejó tener animales, decía que manchaban mucho y que dan mucho trabajo.</p>
<p>- Pues Mayte tenía razón; manchan mucho y dan mucho trabajo porque son seres vivos; necesitan los mismos cuidados que tú: cariño, comida, aire libre, ejercicio, y que a veces los dejen en paz. No son juguetes, Dani. Así que si de verdad quieres uno, piénsatelo bien. Y recuerda que además, crecen. Y ahora me voy con tía Marcia. Estarás bien, ¿verdad?</p>
<p>- Ajá. Oye, si me pasa algo por la noche, ¿puedo llamarte?</p>
<p>- Claro que puedes, pero no va a pasar nada.</p>
<p>- Tengo muchas pesadillas, casi todas las noches tengo pesadillas.</p>
<p>- Pues llámame y vendré. Buenas noches, Daniela.</p>
<p>- Buenas noches, mamá. &#8211; Y abrazando a su madre, Daniela le dio un largo beso en la mejilla.</p>
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		<title>Secuelas (VII)</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Aug 2011 14:59:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[- Mamá&#8230; - ¿Sí, hijo? &#8211; Sentada en el sofá con el televisor encendido, Bele ganchillaba con hilo color beige claro. Javier fue a sentarse a su lado. &#8211; Estoy empezando a hacer un juboncillo para el bebé de Luis y Cristiana pero, ¡ya no tengo la vista como antes! - Daniela sigue viviendo en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- Mamá&#8230;</p>
<p>- ¿Sí, hijo? &#8211; Sentada en el sofá con el televisor encendido, Bele ganchillaba con hilo color beige claro. Javier fue a sentarse a su lado. &#8211; Estoy empezando a hacer un juboncillo para el bebé de Luis y Cristiana pero, ¡ya no tengo la vista como antes!</p>
<p>- Daniela sigue viviendo en casa de Carolina.</p>
<p>Bele, levantando una ceja, hizo como si no hubiese oído nada.</p>
<p>- No sabes el trabajo que me dan estos juboncillos, ¡tienen el punto tan pequeño!</p>
<p>- ¡Pues no los hagas, se compran y punto! ¿Has oído lo que te he dicho?</p>
<p>Al oír a Javier levantarle la voz por primera vez en su vida, Bele dejó la labor encima de la mesa. Se quitó las gafas, despacio.</p>
<p>- ¿Ves lo que hace esa mujer, Javier? Consigue meter cizaña entre los dos. Tú y yo jamás nos habíamos peleado y ahora, ¡ahora me gritas!</p>
<p>Javier cerró los ojos, intentando no perder la paciencia.</p>
<p>- No te grito, te digo que si no puedes ganchillar, no lo hagas. Si mi hermano puede tener otro hijo, digo yo que podrá vestirlo. Te he dicho que Carolina y Daniela siguen juntas; parece ser que nunca quiso llevar a la niña a un centro de acogida, sólo fue un truco para ver si Daniela reaccionaba.</p>
<p>- Hijo, esa mujer no es buena. ¿Qué madre hace creer a su hijo que lo va a echar de casa?</p>
<p>Luis, que había entrado en la sala, habló por primera vez, encarándose con su madre.</p>
<p>- Oye mamá, ¿tú recuerdas la de veces que nos hiciste las maletas y nos pusiste fuera de la verja de esta casa? Lo hiciste con todos y cada uno de nosotros.</p>
<p>Bele enrojeció.</p>
<p>- Eso era distinto, os estaba educando.</p>
<p>- Y eso es lo que intenta Carolina; educar a la niña, hacer reaccionar a la niña. Por mi parte, creo que ha sido una jugada muy inteligente.</p>
<p>- Sí, claro. &#8211; La voz de la anciana sonaba sarcástica. &#8211; ¿Y si llega a salir mal?</p>
<p>- ¿Y si nosotros nos hubiésemos marchado de casa cuando nos echabas?</p>
<p>Bele guardó silencio. Recogió su bolsa de labor, se puso en pie y cuando habló, su voz sonaba temblorosa.</p>
<p>- Lo que pasa es que soy una vieja que estorbo, eso es lo que pasa. Ahora que voy mayor y los niños crecen y ya no hago falta, me echan cosas en cara en mi propia casa, ¡yo, que todo lo hice por vosotros!</p>
<p>- Hay que ver lo que te gusta el drama, mamá; nadie te está diciendo nada, salvo que te equivocaste con Carolina, y que fuiste bastante grosera con ella.</p>
<p>- ¡Basta! No quiero volver a oír hablar más de esa mujer. Ha vivido mucho, y conozco a la gente. Sé que es una vulgar mujerzuela, y no la quiero en mi casa. Eso es todo. &#8211; Bele salió por la puerta de la sala, con la cabeza alta y las mejillas enrojecidas.</p>
<p>Javier se quedó mirando a Luis, que le devolvió la mirada.</p>
<p>- No sé cómo voy a convencerla de que no conoce a Carolina y de que la está juzgando mal.</p>
<p>Luis dirigió a su hermano una mirada cargada de desprecio.</p>
<p>- Si no te hubieses pasado la vida jugando a ser el hijo perfecto, si no le hubieses dicho que siempre sería la reina de tu corazón y que para ti es la única mujer, esto no habría ocurrido. Y en cuanto a juzgar, creo que no eres el más adecuado para hablar, Javier. No creo que tengas más problemas con mamá; después de lo que le has hecho a Carolina, dudo que quiera volver a verte. Yo desde luego, no podría ni mirar una foto tuya. Y ahora me voy para cama. He visto más estupideces hoy en casa que en toda la historia de los malos programas de televisión. Y ya estoy mayor para eso. Que descanses, cosa que dudo. Yo en tu lugar no podría pegar ojo.</p>
<p>Y salió de la sala, dejando a Javier sólo con sus pensamientos, completamente desvelado.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Secuelas (VI)</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Aug 2011 22:10:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Cuando Cristiana llegó a casa, Luis la estaba esperando sentado en una silla, en el porche. Bebía una cerveza fría  directamente del botellín. No se oía el más mínimo ruido en el interior de la vivienda; pese a lo temprano de la hora, parecía que todos dormían. - Hola, ¿cómo te ha ido? - Pues [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando Cristiana llegó a casa, Luis la estaba esperando sentado en una silla, en el porche. Bebía una cerveza fría  directamente del botellín. No se oía el más mínimo ruido en el interior de la vivienda; pese a lo temprano de la hora, parecía que todos dormían.</p>
<p>- Hola, ¿cómo te ha ido?</p>
<p>- Pues muy bien. &#8211; Cristiana se sentó a su lado, cogiéndole la mano y besándosela. &#8211; He estado con ellas en la casa; la verdad es que el cambio operado en la niña es enorme. ¿Sabes? Resulta que Caro nunca tuvo intención de dejarla en la casa de acogida, que sólo fue un truco para hacer reaccionar a Daniela. El pediatra estuvo de acuerdo en todo momento.</p>
<p>Luis lanzó un silbido prolongado.</p>
<p>- ¡Vayaaaaaa! Parece que todo el mundo ha juzgado mal a Carolina&#8230; Todos menos tú, Cristiana.</p>
<p>- Y tú, Luis. Tú nunca lo creíste.</p>
<p>- Bueno, lo que yo dije es entendía perfectamente a Carolina. Si Daniela fuese mi hija, estaría en el fondo del río con una piedra de molino atada al cuello. Esa niña es insoportable.</p>
<p>- ¡Luis! &#8211; Cristiana miraba a su marido, escandalizada. &#8211; ¿Cómo puedes decir eso? ¡Precisamente tú, que eres padre!</p>
<p>- Pues por eso; yo soy padre porque quise serlo. Ella no quiso ser madre y dejó la custodia de la niña al padre. Ahora la niña vuelve a ella, ¡y vaya niña! Sería normal que se desentendiese de ella. Siempre he creído que Carolina es una persona extraordinaria; yo no soy quien para juzgar a nadie, sobre todo teniendo en cuenta que mi vida ha sido de lo más fácil.</p>
<p>Una voz se oyó detrás de ellos, entre las sombras.</p>
<p>- Parece que he metido la pata hasta el fondo, ¿no es así?</p>
<p>Cristiana y Luis se quedaron callados, sin responder a Javier. Ninguno de ellos sabía muy bien qué decir, así que optaron por no decir nada.</p>
<p>- Ella nunca me contó que era una estratagema ideada por el pediatra y por ella.</p>
<p>- Es normal, Javier. No es una forma de actuar muy ortodoxa; seguro que Alejandro le dijo que no fuese contando que era un truco. Daniela no es tonta y podía haberse dado cuenta enseguida de que se trataba de un farol. Tú, desde luego, te lo creíste. Apuesto lo que quieras a que fue porque tú también piensas que la niña es insoportable.</p>
<p>Javier no contestó a su hermano, y al verlo tan alicaído, Cristiana sintió lástima por él.</p>
<p>- Mañana puede ir a verla, Javier. Habla con ella. Tú mismo comprobaste que Caro no es rencorosa. No esperes que venga ella porque me ha dejado bien claro que en esta casa no iba a volver a poner los pies; ¿se puede saber qué le habéis dicho Bele y tú?</p>
<p>- La verdad es que nos portamos fatal; mamá estuvo de lo más grosera con ella. Le dijo que no hacía falta que volviese por aquí y yo&#8230; yo la respaldé. Soy un imbécil.</p>
<p>- ¿Sabes qué, Javier? Sí, sí que lo eres. &#8211;  Dijo Luis. Y apurando el trago, acabó la bebida y la dejó sobre la mesa, con un golpe seco.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Secuelas (V)</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Aug 2011 21:07:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[- ¿Vas tú? &#8211; Marcia, con los ojos enrojecidos, imploraba a su hermana que abriese ella la puerta. Caro no tenía mejor cara, pero conocía a su hermana; al fin y al cabo, ella vivía de su imagen. Caro no tenía nada que perder. - Claro. Esperad aquí. Podía apoyar el pie con cuidado en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- ¿Vas tú? &#8211; Marcia, con los ojos enrojecidos, imploraba a su hermana que abriese ella la puerta.</p>
<p>Caro no tenía mejor cara, pero conocía a su hermana; al fin y al cabo, ella vivía de su imagen. Caro no tenía nada que perder.</p>
<p>- Claro. Esperad aquí.</p>
<p>Podía apoyar el pie con cuidado en el suelo, pero aún así, tardó bastante en llegar. Un segundo timbrazo retumbó en la casa.</p>
<p>- ¡Que ya voy!</p>
<p>Caro salió al jardín delantero y después abrió el portón.</p>
<p>- ¡Cristiana, hola!</p>
<p>- Hola, Caro, ¿puedo pasar?</p>
<p>- Claro que puedes, entra.</p>
<p>- ¿Estás bien?</p>
<p>- Mejor que nunca, Cristiana; mejor que nunca. ¿Qué puedo hacer por ti?</p>
<p>Cristiana se sentó en una de las sillas del jardín delantero. Se veía muy bien que no sabía por donde empezar.</p>
<p>- Caro, estuve hablando con Javier hoy&#8230;</p>
<p>Carolina siguió en silencio, esperando a que Cristiana terminase de hablar.</p>
<p>- Bueno, me dijo que Dani se iba de esta casa. Carolina, ¿puedo hacer algo por ti? Antes de que me digas nada, déjame que te diga algo. Eres mi amiga. Pase lo que pase, seguirás siendo mi amiga, yo no soy quién para juzgarte.</p>
<p>Caro sonrió.</p>
<p>- No sabes lo mucho que agradezco que me digas eso; todo el mundo hoy es juez y parte, ¿verdad? No te preocupes, estoy bien. Daniela está aquí, conmigo.</p>
<p>- ¿De verdad? ¡Eso es magnífico! &#8211; El cuerpo de Cristiana se relajó y sonrió. Parecía que le habían quitado un peso de encima.</p>
<p>- ¡Claro! ¿Quieres entrar en casa? Estamos en la sala; Dani estaba tocando para nosotras; a lo mejor toca para ti también.</p>
<p>- Será un placer.</p>
<p>- ¡Dani! Cristiana está aquí. &#8211; Caro entró en la sala detrás de su amiga. Daniela, sentada al lado de su tía, veía fotos antiguas  de las hermanas en el ordenador de Marcia. Al oír a su madre, levantó la vista.</p>
<p>- ¡Hola, Cristiana! ¿No ha venido Cris contigo?</p>
<p>- No, cariño; Cris estaba ocupada; sólo quería hablar un poco con tu madre. Por cierto que me ha dicho que tocaste fenomenal el chelo&#8230; ¿Tocarías para mi?</p>
<p>- Bueno, me da un poco de corte&#8230;</p>
<p>- Cris ha tocado para ti, ¿verdad? por favor, déjame decirle lo bien que tocas.</p>
<p>- Bueno.</p>
<p>La niña empezó a tocar y Cristiana la miraba, observando el tremendo cambio que se había producido en ella. Caro, sentada a su lado, miraba orgullosa a su hija, tan orgullosa como sólo una madre puede estar. Cristiana sonrió; ella sabía que tanto Javier como Bele tenían que estar equivocados. ¡Allí no pasaba nada! ¡Aquello era un Hogar, con mayúsculas, un hogar bien ordenado, con extraordinario bueno gusto. Cristiana observaba el cambio producido en la casa, y con la casa, el cambio producido en las personas que allí vivían. Crisitiana se sintió feliz por ellas.</p>
<p>Al terminar de tocar, empezaron a aplaudir. Dani, roja como una amapola, se puso de pie y fue a sentarse al lado de su madre.</p>
<p>- ¡Genial, Dani, ah sido genial! No conocía esa obra, ¿de quién es?</p>
<p>- La compuso mi padre.</p>
<p>- Pues me encanta. Y me encanta cómo ha quedado la casa, de verdad.</p>
<p>- ¿Quieres subir a ver mi habitación? Mamá me ha regalado un cuadro chulísimo. Ven, anda&#8230; &#8211; Dani tiraba del brazo de Cristiana, que se levantó trabajosamente y la siguió, escaleras arriba. Marcia y Caro se quedaron solas.</p>
<p>- Parece otra niña, ¿verdad, Caro?</p>
<p>- Sí que lo parece. Yo también me siento distinta. La única que parece triste eres tú.</p>
<p>- Es que no puedo quitarme de la cabeza a esos niños de la casa de acogida.</p>
<p>- ¿Tan mal están?</p>
<p>- ¡Oh, no! No es que estén mal, es que no tienen un hogar. Me pone triste. No sé qué hacer.</p>
<p>- Venga, Marcia. Tú siempre sabes qué hacer. Seguro que se te ocurre alguna idea.</p>
<p>Por las escaleras bajaban Dani y Cristiana, riendo.</p>
<p>- Me encanta ese cuadro, ¡es fantástico! ¿Dónde lo conseguiste, Carolina?</p>
<p>- Es una foto que hizo un amigo una vez que fuimos a hacer un reportaje. Es un fotógrafo magnífico.</p>
<p>- Ya lo veo, ¡qué suerte tienes, Dani! No todo el mundo puede tener una fotografía así. Es estupenda.</p>
<p>- Sí que lo es. Me encanta. ¿Mañana podré ver a Cris?</p>
<p>Crisitiana le acarició el pelo.</p>
<p>- Claro que sí, puedes venir a casa cuando quieras, y además, ella pude venir a la tuya también. Tu casa está muy cerca de la playa; si queréis ir, que venga ella. Si os apetece piscina, venid vosotros.<em> Todos </em>vosotros. &#8211; Cristiana recalcó el &#8220;todos&#8221;, para que quedase bien claro que su casa estaba abierta para ellas.</p>
<p>- Por supuesto que Cris y los demás pueden venir a esta casa, eso no hace falta que lo digamos. Ya te acercaremos allí, Daniela, no te preocupes. &#8211; Caro, con aquella simple frase, dejaba bien claro a Cristiana que ellas no iban a volver por la casa.</p>
<p>Cristiana miró a Caro; había entendido perfectamente el mensaje.</p>
<p>- Bueno, tengo que irme. ¿Me acompañas, Caro?</p>
<p>- Claro, Cristiana.</p>
<p>- Hasta luego, chicas.</p>
<p>- Hasta luego.</p>
<p>Caro cerró tras de sí la puerta de la casa, no quería que entrasen mosquitos.</p>
<p>-Carolina, quiero que sepas que la casa no es sólo de Bele, también es nuestra, de Luis y mía, y nuestra casa siempre será tu casa.</p>
<p>- Gracias, pero la verdad es que no tengo muchas ganas de ver a Bele otra vez. Fue muy desagradable con nosotras. Parece que nos odie, a Marcia y a mí. Yo no le hice nada, pero Marcia&#8230; Por Dios, Cristiana, ni siquiera conocía a Marcia. Te lo digo de verdad, no creo que vuelva por tu casa.</p>
<p>- ¿Y qué pasa con Javier? Parecía que estábais bien juntos.</p>
<p>- Javier y y no nos conocemos. Él se forjó un ideal de mujer, pero yo no soy ese ideal. Le he defraudado tanto como él me defraudó a mi. No hay más.</p>
<p>- A lo mejor las cosas cambian.</p>
<p>- A lo mejor, Cristiana. Nunca se sabe.</p>
<p>- Bueno. Ya hablaremos, ¿vale? Hasta luego.</p>
<p>- Hasta luego y ¡Ah! Cristiana&#8230;</p>
<p>- ¿Sí?</p>
<p>- Gracias por venir, gracias por estar.</p>
<p>Cristiana sonrió a su amiga.</p>
<p>- Ha sido un placer. Hasta luego. &#8211; Y abriendo el portón, se perdió dentro del coche, que esperaba aparcado en la acera.</p>
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