Secuelas (XII)
El estridente sonido del timbre de la puerta despertó a Caro de su sueño. Se sentía pesada y tenía mucho calor; al rato descubrió la razón.
Dani, dormida en es sofá que compartían, apoyaba cabeza encima del vientre de Caro, que sudaba bajo el calor generado por la niña.
En el otro sofá, con las piernas colgando por un lado, Marcia abría los ojos, amodorrada.
- Creo que han llamado.
- Pues yo tengo a Dani durmiendo encima, ve tú.
- ¿Yo? ¡Ni hablar! Yo así no abro la puerta. ¡Ay! Me duele el cuello.
El timbre volvió a sonar, insistente.
- Está bien. – Caro refunfuñó. – Iré yo.
Empujó suavemente a la niña, que abrió los ojos para volverlos a cerrar después. Caro, con la camiseta descolorida que se había puesto para dormir empapada por el sudor de su hija, se puso en pie descubriendo que le dolían todos los músculos del cuerpo, incluidos algunos de los que no sabía su existencia. Se ajustó el pantalón del viejo pijama de color indefinido que un día había desteñido en la lavadora y se pasó los dedos por el pelo. Tenía que dejar de dormir en el sofá, o acabaría con la espalda destrozada. Echó un vistazo al reloj de la sala, ¡las ocho de la mañana! ¿Quién tendría tan poco tino de llamar a las ocho de la mañana?
Abrió la puerta de la casa y salió al jardín, pisando el húmedo césped con los pies descalzos; se estremeció de frío, aunque el sol, todavía tímido, parecía que iba a brillar con fuerza.
Detrás de la puerta de hierro forjado que daba a la calle, el pediatra de Daniela sonreía a Caro, que abrió los adormilados ojos, asombrada.
- ¡Buenos días, Carolina!
- Buenos días, ¿pasa algo?
- No; ayer le comenté a Marcia que le explicaría todo lo referente a las adopciones, y se me ocurrió invitarla a desayunar antes de abrir la consulta; hoy tengo el día bastante complicado pero hasta las diez estoy libre. ¿Puedo pasar?
- Er… Sí, claro. Entra. Pero lo mejor es que vayamos a la cocina. Ayer Daniela tuvo una sesión de comida nocturna y acabamos las tres viendo la televisión en el sofá. Allí hemos dormido. Bueno, si es que eso se puede llamar dormir. No era mi intención que la niña durmiese en el sofá, pero es que no sabía muy bien qué hacer; ayer por la noche estaba fatal, la pobre. No quería dejarla sola y como nos habíamos desvelado…
El pediatra levantó una mano, restando importancia al hecho con un gesto.
- Tú no habrás descansado nada, pero seguro que la niña ha dormido bien. Los niños duermen en cualquier parte. Has hecho lo correcto, no te disculpes, por favor.
La cocina, después del tentempié nocturno, estaba hecha un desastre. Caro recogió todo de la mesa y lo puso al lado del fregadero.
- Voy a avisar a Marcia; por favor, siéntate que yo vengo enseguida.
Caro salió disparada hacia la sala, donde Marcia se había vuelto a dormir.
Caro la sacudió por los hombros, susurrándole al oído.
- ¡Marcia, despierta! Está Alejandro aquí, que quiere invitarte a desayunar.
Marcia murmuró entre sueños.
- No conozco a ningún Alejandro; y a ese tipo sea quien sea le puedes decir que no son horas de visitar a nadie. Déjame dormir.
- ¡Marcia, que es el pediatra de Daniela!
Marcia abrió los ojos de golpe.
- ¡Oh, Dios! ¡Caro, por favor, entretenlo mientras me arreglo! Dile que necesito… – Marcia hizo cálculos rápidos con la mente. – quince minutos. En quince minutos bajo.
Salió disparada escaleras arriba mientras Caro volvía a la cocina.
- Dice que necesita quince minutos; yo no puedo hacer nada, salvo invitarte a café. ¿Quieres uno?
- Gracias, acepto encantado. ¿Sabes que tienes una casa muy bonita? Siempre me gustó esta parte de la ciudad, tan tranquila, con las casas en primera línea de playa. Yo vivo en un piso deprimente, de alquiler, en el centro. Es muy oscuro. Pero como nunca estoy en casa, no me importa mucho.
Caro trajinaba por la cocina, fregando los vasos del festín nocturno mientras el café se hacía en la cafetera.
- Yo no puedo vivir alejada del mar. Es mi trabajo y mi vida. Cuando hicieron la urbanización, tuve que empeñarme bastante para poder pagar la casa, pero no se me ocurría otro sitio mejor para vivir. Al morir mi madre fue más fácil; no nos dejó mucho, pero al vender su vieja casa pude terminar de pagar ésta. Es mi cueva. – Caro sirvió el café, puso leche y azúcar encima de la mesa. – ¿Quieres galletas, o tostadas, o algo?
- Bueno, la idea era invitar a tu hermana a desayunar fuera…
- Siempre podéis desayunar aquí, y salir después.
- De eso nada; si ha venido a invitarme a desayunar, eso hará. – Marcia entró en la cocina deslumbrante, con un vaquero de Tommi Hilfiger medio gastado, bailarinas rojas y un polo azul y rojo del mismo diseñador. No iba maquillada, pero se había dado iluminador para el rostro y polvos rosados y aparecía fresca, sonriente y feliz. – Buenos días, Alejandro.
Alejandro se puso de pie.
- Buenos días. Por las mañanas resplandeces.
- Bueno, no exactamente; después de arreglarme puedo resplandecer, pero antes no. ¿Verdad, Caro?
- Verdad. Recién levantada aparece como yo ahora.
Alejandro la miró, perplejo.
- Pues yo te veo estupenda, Carolina. Claro que no me gusta mucho tu ropa.
Caro se rió.
- No te preocupes; es un viejo y gastado pijama tan suave por el uso que no puedo deshacerme de él.
- Te entiendo. Bueno, gracias por el café, ahora nos vamos. – Le tendió la mano a Carolina. – Te veré en la consulta en unos días. ¿Qué tal come la niña?
- Va mejor.
- Entonces seguro que mejorará. Tráela por la consulta, de todas formas. Bueno, hasta luego.
Marcia se acercó a su hermana y le dio un beso en la mejilla.
- Adiós, Caro.
- Pásalo bien, y de paso que sales trae pan, ¿de acuerdo?
- Vale.
Caro se quedó en la cocina, bebiendo café recién hecho y apoyando el pie en la silla de enfrente. Se sacó el apósito y vio que la herida se cerraba perfectamente; no le quedaría más que una cicatriz. Apenas le dolía.
Levantó la cabeza al oír la puerta.
- ¿Ya estás de vuelta, Marcia?
Marcia asomó la cabeza.
- No; sólo acompaño a un invitado hasta la puerta, como mandan las buenas costumbres. Tienes visita.


javi…….jejejeje
qué trajín se traen estos dos!!! No saben que a primera hora de la mañana no es hora de visitas?? ainsssssss
Eso digo yo. ¡Vamos, si vienen a esa hora a mi casa, como si es el George Clooney ese! ¡En mi casa no entra!
Es que hay qué ver cómo se levantan algunos hombres por las mañanas, pobrecitos, como para ponerse a pensar lo que tienen que hacer…
Las ocho de la manñana !!!! que pasa no podia dormir………..!!!!!!!!!! que horas de molestar.. aumque creo que que Marcia esta encantada……………..