Secuelas (XI)
Sentado en el sofá del ático que habían reformado para sí encima de la casa de Cristiana y Luis, Javier miraba al vacío.
Analizaba su vida, mirándola desde fuera, como si se tratase de una película proyectada sobre un fondo blanco.
Luis había tenido razón: no podía dormir.
Había intentado acostarse y cerrar los ojos, pero la imagen de Caro venía a su cabeza una y otra vez, y una y otra vez la veía sufriendo, siendo humillada por su madre y despreciada por él.
Bien, se lo tenía merecido porque, al fin y al cabo, ¿qué sabía de ella? Nada, se trataba de una desconocida que el azar había puesto en su camino.
Sonrió con una mueca triste, ¿acaso la vida de las personas no cambia por imprevistos que el azar pone en su vida? Un minuto, tan sólo un minuto, y la vida cambia por completo.
¡Y vaya si le había cambiado la vida! Tuvo el cielo en sus manos, ¡tan cerca! Pudo tocar la luna; en ella estaba con Caro. No había otro lugar en el mundo en el que quisiese estar: a su lado, siempre a su lado.
Y ahora, Javier se miraba las manos vacías porque todo lo que tenía era vacío, vacío y soledad. Le habría gustado estar con alguien, hablar con alguien. Le habría gustado no estar solo; le encantaría tener a alguien al lado con quien poder desahogarse. Miró el reloj: las tres de la mañana. Vivía en el piso de arriba de la casa de su familia, pero ni así tenía derecho a despertar a nadie.
Javier se puso en pie y bajó las escaleras despacio. Abajo, los perros dormían en el porche, estirados. Conocían su olor y ni siquiera se molestaron en abrir un ojo al oírlo pasar; era tarde y también ellos estaban cansados. Una tarde corriendo con un montón de niños llenos de energía agotaba al más entrenado de los animales.
En la parte de abajo de la casa no se oía ni un ruido, no se veía ni una luz.
Javier suspiró y volvió escaleras arriba; no tenía sentido vagar a oscuras por la finca.
Al fin y al cabo, siempre podía madrugar e ir a casa de Carolina a una hora decente para hablar con ella.
Y ya más animado, decidió intentar dormir otra vez; necesitaría fuerzas para enfrentarse al nuevo día.


a ver a ver………despues de tantos dias nos hemos wuedado igual….ainssss, tengo mono de capitulos!!!!!!
¿Y por qué no visita a una psicóloga? digo yo.
Por cierto, Vane, bonita, con eso del mono… ¿no habrás sido tú la que se ha merendado el capítulo X?
No lo encuentro por ninguna parte…
ni yo,,,,,,, yo creo que se lo ha papado la autora….. ;-P
jeje… pasapalabra.
A ver si se lo ha llevado el huracán, Irene……..XD
y eso de “tener a alguien al lado con quien poder desahogarse” suena muy porno, no?
En el capítulo X está todo! Está censurado
Jajaja… Virtu. A mal pensada no hay quien me gane.
Para eso mismo que tú dices mandaba yo al chico a la psicóloga… XXL
Javier esta coladito por Caro…… a si que, habra que hacer algo……….por favor Julieta, !!!!!! un final feliz !!!!!!!!!
jejejeje, yo quiero leer el capitulo X………….
Yastá, que no perdonáis una…