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Secuelas (V)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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- ¿Vas tú? – Marcia, con los ojos enrojecidos, imploraba a su hermana que abriese ella la puerta.

Caro no tenía mejor cara, pero conocía a su hermana; al fin y al cabo, ella vivía de su imagen. Caro no tenía nada que perder.

- Claro. Esperad aquí.

Podía apoyar el pie con cuidado en el suelo, pero aún así, tardó bastante en llegar. Un segundo timbrazo retumbó en la casa.

- ¡Que ya voy!

Caro salió al jardín delantero y después abrió el portón.

- ¡Cristiana, hola!

- Hola, Caro, ¿puedo pasar?

- Claro que puedes, entra.

- ¿Estás bien?

- Mejor que nunca, Cristiana; mejor que nunca. ¿Qué puedo hacer por ti?

Cristiana se sentó en una de las sillas del jardín delantero. Se veía muy bien que no sabía por donde empezar.

- Caro, estuve hablando con Javier hoy…

Carolina siguió en silencio, esperando a que Cristiana terminase de hablar.

- Bueno, me dijo que Dani se iba de esta casa. Carolina, ¿puedo hacer algo por ti? Antes de que me digas nada, déjame que te diga algo. Eres mi amiga. Pase lo que pase, seguirás siendo mi amiga, yo no soy quién para juzgarte.

Caro sonrió.

- No sabes lo mucho que agradezco que me digas eso; todo el mundo hoy es juez y parte, ¿verdad? No te preocupes, estoy bien. Daniela está aquí, conmigo.

- ¿De verdad? ¡Eso es magnífico! – El cuerpo de Cristiana se relajó y sonrió. Parecía que le habían quitado un peso de encima.

- ¡Claro! ¿Quieres entrar en casa? Estamos en la sala; Dani estaba tocando para nosotras; a lo mejor toca para ti también.

- Será un placer.

- ¡Dani! Cristiana está aquí. – Caro entró en la sala detrás de su amiga. Daniela, sentada al lado de su tía, veía fotos antiguas  de las hermanas en el ordenador de Marcia. Al oír a su madre, levantó la vista.

- ¡Hola, Cristiana! ¿No ha venido Cris contigo?

- No, cariño; Cris estaba ocupada; sólo quería hablar un poco con tu madre. Por cierto que me ha dicho que tocaste fenomenal el chelo… ¿Tocarías para mi?

- Bueno, me da un poco de corte…

- Cris ha tocado para ti, ¿verdad? por favor, déjame decirle lo bien que tocas.

- Bueno.

La niña empezó a tocar y Cristiana la miraba, observando el tremendo cambio que se había producido en ella. Caro, sentada a su lado, miraba orgullosa a su hija, tan orgullosa como sólo una madre puede estar. Cristiana sonrió; ella sabía que tanto Javier como Bele tenían que estar equivocados. ¡Allí no pasaba nada! ¡Aquello era un Hogar, con mayúsculas, un hogar bien ordenado, con extraordinario bueno gusto. Cristiana observaba el cambio producido en la casa, y con la casa, el cambio producido en las personas que allí vivían. Crisitiana se sintió feliz por ellas.

Al terminar de tocar, empezaron a aplaudir. Dani, roja como una amapola, se puso de pie y fue a sentarse al lado de su madre.

- ¡Genial, Dani, ah sido genial! No conocía esa obra, ¿de quién es?

- La compuso mi padre.

- Pues me encanta. Y me encanta cómo ha quedado la casa, de verdad.

- ¿Quieres subir a ver mi habitación? Mamá me ha regalado un cuadro chulísimo. Ven, anda… – Dani tiraba del brazo de Cristiana, que se levantó trabajosamente y la siguió, escaleras arriba. Marcia y Caro se quedaron solas.

- Parece otra niña, ¿verdad, Caro?

- Sí que lo parece. Yo también me siento distinta. La única que parece triste eres tú.

- Es que no puedo quitarme de la cabeza a esos niños de la casa de acogida.

- ¿Tan mal están?

- ¡Oh, no! No es que estén mal, es que no tienen un hogar. Me pone triste. No sé qué hacer.

- Venga, Marcia. Tú siempre sabes qué hacer. Seguro que se te ocurre alguna idea.

Por las escaleras bajaban Dani y Cristiana, riendo.

- Me encanta ese cuadro, ¡es fantástico! ¿Dónde lo conseguiste, Carolina?

- Es una foto que hizo un amigo una vez que fuimos a hacer un reportaje. Es un fotógrafo magnífico.

- Ya lo veo, ¡qué suerte tienes, Dani! No todo el mundo puede tener una fotografía así. Es estupenda.

- Sí que lo es. Me encanta. ¿Mañana podré ver a Cris?

Crisitiana le acarició el pelo.

- Claro que sí, puedes venir a casa cuando quieras, y además, ella pude venir a la tuya también. Tu casa está muy cerca de la playa; si queréis ir, que venga ella. Si os apetece piscina, venid vosotros. Todos vosotros. – Cristiana recalcó el “todos”, para que quedase bien claro que su casa estaba abierta para ellas.

- Por supuesto que Cris y los demás pueden venir a esta casa, eso no hace falta que lo digamos. Ya te acercaremos allí, Daniela, no te preocupes. – Caro, con aquella simple frase, dejaba bien claro a Cristiana que ellas no iban a volver por la casa.

Cristiana miró a Caro; había entendido perfectamente el mensaje.

- Bueno, tengo que irme. ¿Me acompañas, Caro?

- Claro, Cristiana.

- Hasta luego, chicas.

- Hasta luego.

Caro cerró tras de sí la puerta de la casa, no quería que entrasen mosquitos.

-Carolina, quiero que sepas que la casa no es sólo de Bele, también es nuestra, de Luis y mía, y nuestra casa siempre será tu casa.

- Gracias, pero la verdad es que no tengo muchas ganas de ver a Bele otra vez. Fue muy desagradable con nosotras. Parece que nos odie, a Marcia y a mí. Yo no le hice nada, pero Marcia… Por Dios, Cristiana, ni siquiera conocía a Marcia. Te lo digo de verdad, no creo que vuelva por tu casa.

- ¿Y qué pasa con Javier? Parecía que estábais bien juntos.

- Javier y y no nos conocemos. Él se forjó un ideal de mujer, pero yo no soy ese ideal. Le he defraudado tanto como él me defraudó a mi. No hay más.

- A lo mejor las cosas cambian.

- A lo mejor, Cristiana. Nunca se sabe.

- Bueno. Ya hablaremos, ¿vale? Hasta luego.

- Hasta luego y ¡Ah! Cristiana…

- ¿Sí?

- Gracias por venir, gracias por estar.

Cristiana sonrió a su amiga.

- Ha sido un placer. Hasta luego. – Y abriendo el portón, se perdió dentro del coche, que esperaba aparcado en la acera.

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Comentarios 2 comentarios sobre Secuelas (V)

  1. Carmina dice:
    18 agosto, 2011 a las 10:40

    !!!! Eso es una amiga!!!…… la que no te juzga, hagas lo que hagas……….me encanta como esta quedando, haber si podemos solucionar el desencuentro entre Caro y Javier……..

    Responder
  2. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    19 agosto, 2011 a las 2:36

    A ver qué se me ocurre…

    Responder

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