Palabras (XVI)
- ¿No te gusta el alcohol?
- Sí, claro que me gusta el alcohol; pero tengo el estómago vacío. Si se me sube la cabeza y empiezo a hacer tonterías, a Dani le daría un ataque, aunque lo más seguro es que a Marta y a la mujer de Vicente les encantaría verme hacer el ridículo. Mejor sin alcohol.- Caro cambió de tema bruscamente, como solía hacer. – Tenía que haber ido a ayudar a Daniela, ¿verdad? ¡Si es que lo hago todo mal! – Caro se dio una palmada en la pierna, furiosa. Se dejó caer al césped otra vez. – Es igual lo que haga, seguro que meto la pata.
Javier se sentó a su lado.
- Si te sirve de consuelo, yo habría hecho lo mismo. Daniela no tiene ningún trauma con las piscinas, y tenías razón con lo que dijiste sobre meterla en una burbuja, o en lo riesgos que conlleva el relacionarse con la gente. No. Desde mi punto de vista, has hecho lo correcto.
- Lo que está claro es que me odia.
- Daniela odia a todo el mundo, a todos los adultos. Cris, Ricardo y los demás niños no le han hecho nada, por lo que relacionarse con ellos no es ningún problema; pero los adultos ya es otro cantar. Y el adulto más cercano eres tú; por lo tanto, tú eres la culpable.
- ¿Tú crees que algún día va a llegar a quererme?
- Tu hija te quiere más de lo que supones; por eso mismo te odia.
Carolina rió.
- ¡Buf! Eso suena demasiado complicado para mi.
- Lo que quiero decir es que te odia porque no quiere volver a querer a nadie, ¿no lo ves? El querer a alguien y perderlo le ha causado un dolor terrible, no quiere volver a querer. Y por eso te odia: para no quererte.
- ¡Madre mía, no sé cómo voy a hacer para vivir con eso!
- Pues ya lo estás haciendo, lo que pasa es que no lo sabías. Mañana todo será más fácil; cuando estemos en la playa, o colocando los muebles, llegará un momento en que se relajará y actuará de forma normal. Cris puede ayudar mucho ahí; si la mete en la conversación de forma casual, puede dar resultado. – Javier suspiró.- O puede que no; con estas cosas no hay nada seguro.
Cristiana se acercó a ellos con una bandeja en la que llevaba dos vasos y una botella de agua fría. Se sentó al lado de Carolina.
- Lo siento pero han liquidado todos los refrescos; no hay más que agua y cervezas. Acabo de mandar a Luis a comprar. ¡Hace tanto calor! Por eso la gente bebe tanto.- Miró a Carolina, con severidad. – Tú, – le acercó el plato – haz el favor de comer algo, ¡y después dices que Daniela tiene que comer! ¡Pues dale ejemplo!
Caro sonrió y cogió un bocadillo relleno de ensalada de cangrejo, dándole un mordisco.
- ¡Mmmmmm! Está buenísimo. Haces unos bocadillos riquísimos, Cristiana.
- Pues muchas gracias, pero no son míos; los hace María, la mujer de Vicente.
Caro los miró con desconfianza.
- Espero que no estén envenenados. – Y acercando el bocadillo a la boca, le metió otro mordisco.


Un bocadillo de esos me lo zampaba ahora mismo a la de ya…ñam ñam voy a cenar
Calla, que he salido huyendo de la cocina, donde se están poniendo todos morados de croquetas. Un asco de vida.
¡¡¡Cocretassss!!!!!
¿Y de quién fue la idea de darle a Caro un bocata de cangrejo, precisamente? Ainsssssssss!!!!!!!!
Seguro que de Marta y Yolanda………… que malas.
¿Malas? Pobriñas, sólo están acongojadas.
La culpa es vuestra, por leer algo que he escrito yo a la hora de cenar.
que les den a las petardas, por petardas.
Otra vez hablando de comida…. aggghhh…. voy a la cocina a por algo
Si es que no escucháis, Rozí, y como no escucháis, no aprendéis.