Palabras (V)
Javier, que no había recibido más que desaires por parte de Caro, la franca sonrisa lo desarmó, por lo que decidió seguir hablando.
- ¿Sabes si Daniela recuerda el accidente?
Caro se encogió de hombros.
- No lo sé, no creo. Los psiquiatras que la atendieron en el hospital no hablaron en ningún momento de amnesia, pero sí comentaron la forma que tiene el cerebro de protegernos de cosas que nos pueden hacer daño. Puede que no recuerde el momento del choque en sí, pero yo creo que no ha olvidado el día. Todo esto son especulaciones, ¿eh? No lo sé a ciencia cierta.
Javier decidió arriesgarse.
- Pues entonces, deberías conducir más despacio, sobre todo cuando vayas con la niña. Ese coche que tienes del siglo diecisiete no tiene seguridad ninguna; me extrañaría que tuviese cinturones de seguridad.
Los ojos de Caro brillaron, echando chispas.
- ¡Oye! Yo jamás permitiría que mi hija fuese en un coche sin cinturón, ¿pero tú qué te crees? A mi coche no le pasa nada; es una magnífica herramienta de trabajo, que me permite acercarme a zonas donde otro modelo no podría acceder. – Lo señaló con el dedo índice, amenazadora. – No te atrevas a volver a decirme cómo tengo que conducir, porque si vamos a hablar de coches, tengo yo un montón de cosas que reprocharte, incluida tu forma de hacer la compra, ¿entiendes?
- Reconozco que no me porté bien en el supermercado, pero es que me sacaste de quicio. Y es raro, no suelo perder la paciencia.
- A ti lo que te pasa es lo que os pasa a todos: no soportáis a las mujeres al volante, sobre todo si son más decididas que los hombres.
Javier la miró, dolido.
- Nadie me había acusado jamás de ser un machista.
- Pues será que nadie se ha atrevido a decirte verdades a la cara. Eso de “¿Ni siquiera sabes conducir un carrito de la compra?” te ha delatado, amigo: nosotras, en la cocina y en la compra; vosotros, ganando el pan. Y eso de agarrar a la gente que no conoces por el brazo, demostrando fuerza bruta y posesión… Vamos, y dices que no eres machista, ¡ja!
Javier intentó defenderse.
- Pues bien que has agradecido que me ofreciese a ayudarte con los muebles.
- No te confundas, Javier. Te has ofrecido tú y además, que tú seas un machista no quiere decir que yo sea feminista. Tengo muchas virtudes, y una de ellas es conocer mis limitaciones. Yo no tengo mucha fuerza; los hombres tenéis más fuerza que la mayoría de las mujeres: es un hecho y los hechos hablan por sí solos. Pero no te preocupes, siempre puedo llamar a alguien que me eche un cable. Ya te he dicho que conozco a muchos hombres, estarán encantados de echarme una mano.
Javier estaba dolido y quiso hacerle daño.
- Claro que te echarán una mano; todos saben cual puede ser la recompensa.
Y Caro, ciega de ira, por segunda vez en dos días levantó la mano y abofeteó a alguien.
- Aléjate de mi hija, aléjate de mi.
Y dándose la vuelta, salió de la habitación para recoger a su hija, dispuesta a marcharse de aquella casa.


Qué fiera!!!!! ole!
Pues a mi no me gusta esta carol, lo siento………..no me gusta la gente que se defiende atacando……….le quita la razón
Tiene la mano muy levantada, pero es que le ha llamado zorra… Si me llaman zorra a mi, arde Troya.
Mujer… zorra, zorra… tampoco se lo dijo así… Después de todo es ella quién empieza llamandole machista al pobre chico que está siendo tan modosito él…
Si es que la Caro parece una leona recién parida. Si yo fuese psicóloga la metía rápidamente en un piso tutelado, a ver si se domestica un poco…
Zorra no, le ha llamado putón verbenero; tenía que haberle estampado un jarrón en el medio de los ojos.
Este chico es imbecil !!!!!!!!!!!!!!!!
No me parece bien lo de la bofetada, sobre todo por que anteriormente Caro le hizo este comentario, ( No hay nada. Sólo relaciones esporádicas cuando tengo ganas de compañía. Ahí no me falla ninguno; solo tengo que levantar un dedo )
buf! carmina, por un momento pensé que lo de entre paréntesis salía de tu boca
y… que apuro…. la próxima vez que te viese con la familia
Estos 2 se matan y Dani vuelve a quedar huérfana!! se ve venir
¡Ehhhhh! ¡Qué buena idea!!!!
Vamos, si alguien se le ocurre llamarme eso, la bofetada es poco; de la torta que le doy no le vuelve a crecer la barba.