Palabras (XIV)
Se estaba bien allí, al sol.
Carolina buscó las toallas que había cogido Daniela en casa; las encontró empapadas y tiradas en una esquina. Con un suspiro, Caro las sacudió y las estiró encima del césped, con la esperanza de que secasen algo.
Al no tener toalla disponible, Caro se acostó en la hierba, que si bien no estaba muy fresca, por lo menos no achicharraba.
Uno de los invitados de Cristiana se fue a sentar a su lado.
- Hola.
Caro levantó la vista y se hizo sombra en los ojos con la mano.
- Hola. – Contestó.
- ¿Te molesto?
- En absoluto. – Caro cerró los ojos y dejó que los rayos del sol le acariciasen la piel.
- Eres Carolina, la madre de Daniela Suárez, ¿verdad?
- Sí, soy yo. – Caro abrió los ojos, alerta. – ¿Ha sucedido algo?
- Nooooo, no te preocupes. Soy Vicente, el director del colegio donde has matriculado a la niña. Hablaste conmigo por teléfono.
Caro se incorporó, estrechando la mano que se le tendía.
- ¡Ah, sí! Hola, ¿cómo estás?
- Bien. He conocido a tu hija, Ricardo me la ha presentado. Bueno, más bien lo intentó.
- No te ha dirigido la palabra, ¿verdad? Lo siento mucho. No es una niña mala, simplemente está pasando un mal momento.
- Lo sé; no es situación fácil para nadie, imagínate para una niña. Cristiana me ha dicho que Javier la está tratando; es un buen psicólogo infantil, seguro que puede ayudarla.
Caro se mostró cautelosa.
- Bueno, en realidad es una primera aproximación. Javier sólo estará unos días aquí, y dudo mucho que en quince días se pueda solucionar el problema.
- Estoy absolutamente convencido de que algo podrá hacer.
- Bueno, por lo menos me puede marcar unas pautas de conducta. Cuando se vaya, tendré algo a lo que agarrarme, y siempre puedo encontrar a otro psicólogo.
- Seguro que sí. ¿No habla nada, la niña?
- Sólo lo estrictamente necesario; me ha dicho que no soy su madre, que ojalá me hubiese muerto y algo agradable por fin: que quería venir hoy. No es mucho.
Vicente rió:
- No, no es mucho. ¿Ya sabe que va a ir al colegio aquí?
- Sí, se lo he dicho, pero no ha dicho nada. Hago todo lo que puedo. Mejor dicho, hago todo lo que sé. Parece que le gusta mucho la playa, así que intento pasar todo el tiempo que puedo allí. Ha hecho muy buenas migas con Cris; espero que sea bueno para ella.
- Cris es una niña muy maja; Daniela estará bien con ella.
- ¡Vicente, sal del sol!
La mujer de Vicente, sentada en el porche de la casa al lado de Marta, llamaba a su marido. Carolina sonrió.
- Parece que te reclaman.
- Sí. – Vicente se levantó. – Ha sido un placer; no hace falta que vengas por el colegio ya, ¿de acuerdo? Supongo que coincidiremos por aquí.
- Sí, si es que me siguen invitando.
- Lo harán, no lo dudes. Bueno, adiós.
- Adiós. Y gracias, Vicente.
- Ha sido un placer.
Y Vicente, dejando sola a Carolina, se fue al lado de su mujer, que la esperaba con los brazos cruzados.


Jajajaja… “¡Vicente, sal del sol!”…menudo ambientazo hay en esta casa… Si es que se está mejor en la playa, con los cangrejos, venga, Caro, hazte la fuerte.
¿no tienen perro?
A mí también me extraña que Daniela no haya hecho alguna cafrada, ya que no habla podría por lo menos morder a alguien
Caro eclipsa a más mujeres que la luna ayer…..
Jo, ranita mía… qué potito te ha quedado eso
Ejen ejen…. que sutil ha sido ha sido…………
Me encantan los comentarios… No sabe Reverte lo que se pierde por no publicar en internet.