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Las Cicatrices (VII)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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- Clínica del doctor Suquía, buenos días.

- Buenos días. Soy Carolina García, la madre de Daniela…

- ¡Ah, sí! Dígame…

Carolina se quedó sorprendida.

- ¡Caramba! No esperaba que me reconociese.

- El nombre de su hija no es muy común, ni tampoco su historia, por eso la recuerdo. ¿Puedo ayudarla en algo?

- Quisiera hablar con Suquía, si es posible; se trata de Daniela.

- Veré lo que puedo hacer; no cuelgue, por favor.

Caro tamborileaba con los dedos encima de la mesa, impaciente. La musiquita de la llamada en espera la sacaba de quicio; odiaba la música ambiental.

- Buenos días, Carolina; soy Alejandro Suquía. Dígame qué puedo hacer por usted.

Carolina respiró hondo, lo que iba a hacer no era nada fácil.

Empezó a hablar, contándole al pediatra todo lo que había pasado; la frustración de los silencios y las malas contestaciones, el dolor por no poder ayudar, lo contenta que estaba la niña cuando ella no estaba presente. Le contó lo que pasó con el taxista, le contó la reacción al ver los muebles. Se lo contó todo.

El pediatra la escuchaba en silencio. Sólo cuando Carolina terminó de hablar preguntó:

- Creo que la niña necesita ayuda urgentemente, Carolina; veré lo que puedo hacer.

- ¡No, por favor, déjeme explicarle mi idea! Quiero ofrecerle a la niña la posibilidad de irse de esta casa. Quiero que vayamos a su clínica y que usted le ofrezca una casa de acogida, donde pueda vivir lejos de mi.

- Ese es un paso muy duro, Carolina.

- Déjeme terminar. Yo no quiero que Dani se vaya de mi lado; es mi hija y la quiero, la quise incluso cuando creía que no me importaba. Lo que quiero es que la niña vea la clase de vida que llevaría en otro lado, en una casa de acogida.

- Las casas de acogida no son una tortura; aquí no tenemos nada que se parezca a Jane Eyre.

Carolina negó con la cabeza, con impaciencia.

- Nadie ha dicho que las casas de acogida sean malas. Pero Dani viene de un ambiente lujoso y cómodo; está acostumbrada a grandes coches, camas cómodas y toda clase de juguetes. Yo quiero que pruebe el otro lado, o por lo menos que lo vea. Quiero hacerle una pequeña maleta con lo necesario y llevarla allí.

- Pero eso no puede hacerse, Carolina. Estas cosas son muy serias. No puedo empezar un papeleo para nada. Lo siento pero no puedo hacerlo. ¿Quiere que le pida cita para un psiquiatra?

- ¡Mi hija no necesita ningún psiquiatra! Sólo está perdida y asustada. Tiene un hogar, lo que pasa es que no lo sabe. Sólo quiero que sepa lo que pasaría si pierde su hogar otra vez, quiero que vea que no hay más oportunidades. Por favor. – Caro suplicó. – Ya no sé qué más hacer.

Del otro lado del teléfono se hizo un silencio. Cuando el pediatra habló, su tono de voz había cambiado.

- Le diré lo que vamos a hacer. Usted haga su maleta y venga a la clínica esta tarde, a última hora, con la niña. Cuando salga del trabajo iremos a la casa de acogida de visita; yo suelo ir por allí, a nadie le extrañará que aparezca de pronto llevando una niña. Usted esperará en el coche y yo entraré con ella, pero no llevaremos la maleta, la dejaremos en el maletero, ¿de acuerdo? Dejemos  que ella decida. Pero antes de venir, procure hacerle un ambiente acogedor en casa, que note calor de hogar. Nada de discusiones, nada de peleas, que ella se lleve el recuerdo de paz y sosiego. Puede que funcione.

A Carolina se le llenaron los ojos de lágrimas.

- Gracias, muchas gracias.

- Le espero entonces. Hasta luego. ¡Ah..! Otra cosa. No conviene que nadie más sepa que esto es un truco. Para empezar no es muy ortodoxo, que se diga; y además, si ella sospecha que es falso o escucha algo al respecto, no servirá de nada. Los niños son muy listos y tienen el oído muy fino; mejor no le comente nada a nadie; que todos crean que es verdad.

- Descuide. Hasta luego.

Y Caro, con decisión, colgó el teléfono.

 

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Comentarios 10 comentarios sobre Las Cicatrices (VII)

  1. vane dice:
    4 agosto, 2011 a las 9:16

    bueno, a ver si vale de algo, pporque yo ya lo dudoooooo

    Responder
  2. Virtu dice:
    4 agosto, 2011 a las 11:07

    Los niños… ¿Tienen garantía? como las lavadoras por ejemplo….

    Responder
  3. vane dice:
    4 agosto, 2011 a las 12:32

    jajajaja, que obsesión con la lavadora….ainss virtu, venga que esta vez va la vencida

    Responder
  4. Matapollos dice:
    4 agosto, 2011 a las 13:31

    Joeeeeeeer… qué mal, mi pobrecita Dani… ni que fuese uno de esos perros que abandonan en la autopista… pordios, pordios….

    A ver, por partes: Caro no sabe lo que quiere y más que el cariño hacia la niña le importa cumplir con su papel de madre.
    Creo que Dani y Caro tendrían que pasar mucho tiempo a solas, estar con más gente de manera esporádica y como premio para Dani por portarse más o menos bien, dentro de lo que pueda. Caro tendría que llevársela a pescar bichos, a los laboratorios… hablar mucho con ella… pero siempre marcando territorio, dejando bien claro quién manda.

    Y, además, ese violonchello está muy abandonado y quizás fuese la mejor terapia para una niña como ésta.

    En fin… si es que esta Caro es capaz hasta de cambiar a su hija por una lavadora… Ufffffff ¡¡¡qué gente!!!!

    Responder
  5. Matapollos dice:
    4 agosto, 2011 a las 13:31

    Vale, me he pasado tres pueblos.

    Responder
  6. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    4 agosto, 2011 a las 13:40

    Tienes a la Caro atragantada, ¿te recuerda a alguien, quizás?

    Responder
  7. Matapollos dice:
    4 agosto, 2011 a las 13:53

    Noooo… Caro hasta me da penita y todo, está muy perdida. Me cae peor la otra. La que me encanta es Dani, pobrecita mía, vaya susto que le van a meter …o a lo mejor se lo mete ella a todos, a saber… A mi hermano le amenazaban con llevarle al Peleteiro.

    Responder
  8. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    4 agosto, 2011 a las 14:00

    Mis hijas viven con el miedo de acabar en un internado inglés.
    Ahora que se han enterado de que hay campamentos aquí en los que los niños se quedan a dormir (y no son más caros que el suyo), se portan mucho mejor. ¡Hasta hacen su cama y todo!

    Responder
  9. Carmina dice:
    6 agosto, 2011 a las 14:46

    A ver Virtu si los niños tuvieran garantía… muchos los habrian devuelto por que realmente a los niños no hay quien los entienda……….Yo hubiera hecho lo mismo, para que vea y compare lo bien que esta ella

    Responder
  10. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    8 agosto, 2011 a las 1:55

    ¿¿¿Yoooo??? Las mías estarían empaquetadas con un lacito y con una nota que pusiese:
    “devuelto por defectuoso y poco afectuoso”.

    Responder

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