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Las Cicatrices (V)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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- Oye, ¿no es hora de que Dani vaya a casa de Javier?

- ¿Qué? – Caro levantó la cabeza de la almohada.

- Que si Dani no tiene cita con Javier a las diez.

- Sí, ¿qué hora es?

- Las diez y media.

- ¿QUÉ? – Caro saltó de la cama de un salto, olvidándose de que tenía un pie herido y dando un grito de dolor. – ¡Ay! ¡Maldita sea! Marcia, ¿por qué no me despertaste antes?

- Porque estabas durmiendo, hija. Necesitas descansar, d-e-s-c-a-n-s-a-r. A Javier no le va a pasar nada por esperar. Además, está abajo. Acaba de llegar.

- ¡Marcia, en serio, te odio! Ahora bajo. – Se volvió a levantar de la cama con cuidado, poniendo el pie en el suelo con toda la delicadeza del mundo.

Caro se fue al baño a lavarse la cara y peinarse un poco. Poco a poco, las huellas del cansancio acumulado durante meses se iban borrando, y la piel iba recuperando su color. Se cepilló el pelo con fuerza y se lo sujetó con una coleta, lavándose los dientes a continuación. Sólo le faltaba aparecer abajo con aliento mañanero. Se puso unos vaqueros viejos y una camiseta descolorida y decidió que ya estaba presentable.

Empezó a bajar las escaleras deteniéndose a mitad de camino. No reconocía su casa; la entrada estaba totalmente cambiada y la parte de la sala que desde allí se veía era totalmente desconocida para ella.

- Perdona, nena. ¿Me dejas pasar?

- ¿Por qué me llamas nena? – Caro se quedó mirando al chico de la mudanza, que se quedó de piedra al ver a la misma chica con otra voz distinta.

- ¡Caro! Ven a ver tu casa, anda… – Marcia entró desde la cocina arrastrando a su hermana hacia la sala. El chico de la mudanza se quedó mirando a las dos hermanas que parecías dos gotas de agua con el mismo peinado y la misma ropa.

- ¡Pero si sois iguales!

- Como dos gotas de agua. Anda, sigue subiendo cosas al dormitorio verde. Ahora subo yo. Ven, Caro, ¿te gusta?

Los sobrios muebles que Rafa y Mayte habían usado una vez para adornar su casa, ahora decoraban el adosado de Carolina. Pero de la mano de Marcia parecían menos severos; había mezclado estilos consiguiendo una atmósfera única.

Unos brazos la cogieron por detrás, besándola en el cuello.

- Tu casa está quedando preciosa, Carolina, ¿cómo estás?

- Anonadada.

- Tío, ¿cómo las distingues? – El chico de la mudanza había bajado en busca de más muebles. Javier se volvió hacia él, sonriendo.

- Es fácil; la que cojea es la mía.

- Ya decía yo que había truco. – Y cogiendo una mesilla, volvió a subir las escaleras.

- Será mejor que suba yo también. Caro, voy a tener que vaciar tu dormitorio. Lo siento pero nos vamos a deshacer de esas cosas que tú llamas muebles, dormitorio incluido.

- ¡Marcia, que mi colchón es nuevo!

- Tranquila, la cama de Rafa también es del mismo tamaño que la tuya; respetaré el colchón. – Marcia salió corriendo escaleras arriba cogiendo un cuadro por el camino. Sabía perfectamente qué iba a colocar en cada estancia.

- Buenos días, Carolina. – Javier le dio la vuelta, para besarla en la boca.

- Buenos días, Javier, ¿qué haces aquí? – Carolina agradecía eternamente la idea de haberse lavado los dientes antes de bajar.

- Como Dani no apareció a su cita y no me cogíais el teléfono, vine a ver qué pasaba. Dani se ha puesto histérica al ver los muebles. Ahora está con Bele y con Cris, haciendo galletas en casa. Tranquila que todo va bien.

- No, no va bien. ¿Por qué no me despertasteis?

Javier se quedó callado; no quería decirle a Caro que su hija la había llamado ladrona y había dicho que deseaba verla muerta, así que optó por decir nada.

- Ya está hecho, Carolina. Tu estudio ha quedado precioso, ¿verdad? Esos cuadros son buenísimos. Por cierto, hace un rato vino un paquete a tu nombre. Parece otro cuadro.

- ¿Dónde está?

- En el único sitio de esta casa donde se puede respirar tranquilo: La cocina. Ven, anda. Adela ha preparado café.

Caro salió cojeando, agradeciendo la familiaridad rutinaria de la cocina. Allí no había cambiado nada, salvo…

- Buenos días. ¿Quién eres tú?

-Adela, hija ¿Quién sino iba a venir a trabajar a esta casa todos los días por ese mísero sueldo que me pagas? ¿Te gusta mi nuevo aspecto?

Adela llevaba el pelo corto, despejado en la nuca, aunque ligeramente más largo por delante; y el flequillo desfilado. Las cejas depiladas le hacían las facciones más suaves, y las mechas rubias iluminaban su rostro. No, no quedaba nada de aquella señora de melena castaña recogida en una coleta. Ahora había una Adela rejuvenecida con un peinado muy innovador y, lo más importante, que ella sabía que la favorecía.

- ¡Adela, no te había reconocido! ¡Me encanta!

- A mi marido también, dice que me he quitado veinte años de encima.

- Seguro… Deberías haberlo hecho antes.

- Nunca es tarde si la dicha es buena. Tienes buena cara, Caro. ¿Quieres café? Ahí tienes un paquete; llegó esta mañana.

Caro cogió unas tijeras para abrir el paquete, que a todas luces era un cuadro. Estaba intrigada, no sabía que podía ser.

- ¿Qué es? – Adela asomaba la cabeza por detrás de Caro, mientras Javier observaba la escena, en silencio. – ¡Andaaaaa, qué bonito!

El cuadro era una fotografía enmarcada y ampliada de medio centenar de cangrejos violinistas, encima de la arena mojada y con un mar azul turquesa de fondo.

Caro recordaba perfectamente aquella fotografía, el preciso momento en la que fue tomada. John, sentado en la arena, esperó durante más de veinte minutos en completo silencio a que los cangrejos perdiesen su miedo y levantasen su pata violín, todos la vez. Era un espectáculo único y John, como gran profesional que era, lo había captado a la perfección.

- ¡Qué maravilla de fotografía! – Javier la observaba, admirado.

- Es para Dani; se me ocurrió que, ya que le gustan los cangrejos y la música, podía gustarle la foto, ¿creéis que le gustará?

Adela asintió con la cabeza.

- Caro, si a tu hija no le gusta esa fotografía, entonces es que no tiene remedio. ¿Por qué no se la lleváis y le dais una alegría? Hoy la pobre está de capa caída. Y además salís del medio, que con los de la mudanza, Marcia y tu cojera, aquí no hay quien se mueva. Anda, Javier, invítala a comer a un sitio bonito.

- Mejor a desayunar.

- A lo que sea. Venga, fuera de mi cocina. – Y señalando con el dedo índice la puerta, los echó de allí.

 

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Comentarios 13 comentarios sobre Las Cicatrices (V)

  1. Matapollos dice:
    2 agosto, 2011 a las 22:10

    …Cuántas confianzas se da el chiquillo de la mudanza éste. Con la mala leche que yo tengo seguro que ya le habría dado con algo.
    Bueno, pues ahora a esperar a ver cómo reacciona Daniela… a lo mejor prefería una foto del memo ese de Justin Bieber em pelotas…

    Responder
  2. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    3 agosto, 2011 a las 3:48

    O de los Jonas Brothers. Ya lo sé, pero es lo que hay, Matapollos.

    Responder
  3. vane dice:
    3 agosto, 2011 a las 20:32

    Matapollos pòr dios, no nos marees más con el avtar ehhhh!!!!!
    a ver que le dice Dani, pero no habían quedado en que llevarian los muebles de ella?????

    Responder
    • Matapollos dice:
      3 agosto, 2011 a las 21:23

      Vane, cariño… cierra los eyes.

      Responder
      • vane dice:
        4 agosto, 2011 a las 9:12

        jajajajajaj, jajajajaja, no miro!!!!!

        Responder
  4. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    3 agosto, 2011 a las 22:29

    Di que sí, que le ha cogido gusto a los avatares y nos tiene a todos locos…

    Responder
  5. Carmina dice:
    6 agosto, 2011 a las 14:05

    Este de chico d la mudanza es un poco fresco nooooo……… y se coge muchas confianzas…parece de casa.

    Responder
  6. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    8 agosto, 2011 a las 1:52

    Si te cuento la movida que tuve yo una vez con el chico que trajo un colchón a casa de mi hermana no te lo crees.

    Responder
  7. Carmina dice:
    8 agosto, 2011 a las 13:43

    !!!!!!!!!!! Cuenta,,,cuenta,,,,,,!!!!!!!!!! por favor,,,,,,,,,,,,,

    Responder
  8. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    8 agosto, 2011 a las 19:49

    Pues una tarde vinieron dos chicos a traer las camitas de mis sobrinas, que dejaban la cuna al hacerse mayores. Mi hermana y mi cuñado estaban trabajando y yo cuidaba a mis gemelitas (que para eso me pagaban), cuando vinieron esos dos chicos. Uno de ellos se empeñó en que tenía que salir conmigo, pero empeñado de verdad; se sentó en la sala, me cogió la mano y venga que teníamos que salir juntos. A mi me llegó a dar miedo, porque yo le decía que me dejase en paz y no me hacía caso; hasta que el compañero le dijo que o me dejaba en paz o llamaba al jefe. Fue un mal rato.

    Responder
  9. Carmina dice:
    10 agosto, 2011 a las 14:06

    ¿¿ Que me dices ??? a la gente se le va la pinza…. que no veas…..lo pasarias mal pero yo le monto un pollo….que no veas.

    Responder
  10. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    10 agosto, 2011 a las 14:15

    Debía de tener unos 25 años de aquella, por lo que era una cría.
    Además, mis sobrinas estaban delante, con sus dos añitos. No, no fue nada agradable.

    Responder
  11. Carmina dice:
    12 agosto, 2011 a las 14:34

    Ya me imagino………….

    Responder

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