Las Cicatrices (IX)
A eso de la una de la tarde, Marcia y Caro se miraron, agotadas. Adela se les había unido y habían terminado la casa.
Los cuadros, los jarrones, los muebles… Cada cosa tenía su espacio y encanto personal; Marcia había convertido en un hogar acogedor cada rincón de aquella impersonal vivienda.
- Bueno, listo. Adela, muchas gracias por tu ayuda. Puedes irte casa, lo que queda de semana no hace falta que vengas.
- Pero…
- Que no haga falta que vengas no quiere decir que no te quiera ver aquí la semana que viene; lo que queda de semana se te pagará, no preocupes. Anda, disfruta de tus días libres.
- Caro, ¿estás bien?
- Estoy perfectamente, gracias.
Adela se le quedó mirando y después se di la vuelta, con pocas ganas. Hacía muchos años que conocía a Caro y no le gustaba la expresión de su rostro. Se volvió hacia ella.
- Caro, a lo mejor me estoy metiendo donde no me llaman, pero ya hace muchos años que te conozco. Sé que estás tramando algo y quiero que sepas que hagas lo que hagas, yo te apoyaré, ¿de acuerdo? Sólo llámame y vendré a cualquier hora.
Caro se emocionó con la lealtad de Adela; se acercó a ella cojeando y la abrazó. Adela, poco acostumbrada a las demostraciones afectuosas de Carolina, se abrazó a ella, conmovida.
- Venga Carolina; todo va a salir bien. – La besó en la mejilla y se marchó, enjugándose los ojos; ella también se había emocionado.
- Marcia, nos damos una ducha y nos ponemos decentes. Tienes que acompañarme a casa de Cris a recoger a Dani; yo no puedo conducir. ¡Ah! Y ayúdame. Tengo que estar impresionantemente guapa, pero no como para ir de fiesta, ¿entiendes?
- Te entiendo. Venga, a la ducha.
Las dos hermanas se ducharon, se peinaron, se maquillaron y se vistieron. Marcia eligió para Caro un vestido rojo clásico de Calvin Klein, mientras ella llevaba uno blanco de corte trapecio de Carolina Herrera. Ambas se dejaron la melena suelta y se miraron mutuamente, analizándose.
- Espera un momento, tienes un brillo en esta zona de la cara. – Marcia corrigió el maquillaje de su hermana, con ojo crítico. – Ya está. – ¿Y yo, cómo estoy?
- ¿Tú? Perfecta, hermanita. Tú siempre estás perfecta. Anda, vámonos. Habrás limpiado el baño, ¿no?
- El baño está como los chorros del oro.
- Pues coge las llaves del coche; conduces tú.
- Menos mal, no me subo yo en ese jeep prehistórico tuyo ni por todo el oro del mundo…
- Anda, tira. Sólo me faltaba que se creyesen que quiero que nos inviten a comer.
Marcia conducía despacio, fijándose por primera vez en su vida en algo más que no fuese el acelerador.
- Caro, todavía no es tarde y puedes cambiar de opinión. ¿Tú estás segura de lo que vas a hacer?
- Marcia, confía en mi.
- ¿Y qué pasa con Javier?
- Javier ya ha juzgado y condenado; es adulto y sabe tomar sus propias decisiones. No te preocupes, anda; no es más que otro nombre en una larga lista. – El tono de voz de Caro desmentía sus palabras, pero Marcia prefirió no hacer comentarios. Al fin y al cabo, ella también sabía lo que era ser rechazada por alguien.
- Es aquí.
Marcia aparcó y ayudó a su hermana a bajar del coche. Caro llamó al timbre y las dos esperaron detrás del portón, aparentemente tranquilas.
Bele atendió la llamada y Caro le sonrió. Le sorprendió la frialdad de la anciana.
- Buenos días, Bele. Esta es mi hermana, Marcia. Venimos a recoger a Dani.
- Hola. Pasad. – Bele les cedió el paso y no hizo el más mínimo intento de mantener una conversación. – Las niñas están en la sala, viendo la televisión. Ya sabes donde es; estuviste durmiendo allí. Yo tengo cosas que hacer, si me disculpáis…
Marcia miraba a su hermana, con asombro.
- ¡Vaya con la vieja, qué encanto..! ¿Esa es la madre de Javier?
- Sí, parece que nos odia, hermanita. Ven, la sala está por aquí.
En la sala, las niñas jugaban una partida a la Wii con Luis, el hermano mayor de Cris.
- ¡Hola! – Carolina y Marcia entraron, sonriendo.
- ¡Hola! ¡Caramba, hoy estaís guapísimas- Cris saludó entusiasmada, mientras Dani se sentaba en un sofá sin decir palabra. Luis, por su parte, miraba a las dos hermanas embobado. Jamás habían parecido las gemelas tan iguales como en aquel momento; la única forma de reconocerlas era por las mechas rubias de Marcia, y por la cojera de Carolina.
- Hola, Cris; hemos venido a buscar a Dani. Daniela, recoge tus cosas; nos tenemos que ir ya.
- ¡Jooooo! ¿No puede quedarse un rato más?
- No, Cris, lo siento mucho. Ya está bien de abusar de vuestra hospitalidad.
- Es que Dani y yo hemos hecho galletas, ¿queréis probarlas?
- No son para ella. – Dani habló alto, con la voz cargada de odio.
Caro sonrió.
- No te preocupes, no quiero galletas. Pero te lo agradezco, Cris.
- Luis, ¿has visto mis..? – Javier entró en la estancia, parándose en seco al ver a las dos hermanas. – ¡Ah! Hola.
- Hola Javier. Ya nos íbamos.
- Dani tiene unas cosas en mi habitación. Ven, Marcia, que te voy a enseñar una cosa arriba. – Cris tiraba de la mano de Marcia, para llevarla contigo
Luis se levantó y salió disparado hacia su dormitorio; sabía que lo que Cris quería enseñar a Marcia era su dormitorio, decorado con recortes de la modelo. Subió y se encerró en el dormitorio, apoyándose en la puerta.
- Claro, Cris. Me encantará.
Javier y Caro se quedaron solos, sin tener nada que decir.
- Hoy estás especialmente guapa, Carolina, ¿cómo te va el pie?
- El pie va bien, gracias. En cuanto a lo otro, no es más que maquillaje.- Parecía que habían pasado siglos desde la conversación de la mañana; la fría cortesía de Javier hacía daño a Caro, pero no podía hacer nada.
Bele apareció por la puerta y se les quedó mirando.
- ¡Ah! ¿Todavía estáis aquí?
- Sí… Ya nos vamos.
- Bueno. Ahora que ya no vas a tener a la niña no hay razón para que sigas viniendo a esta casa, ¿no? Quiero decir que no te hará falta ningún psicólogo infantil.
- No, Bele; tranquila que no volveré. Diles a Cristiana y a Luis que muchas gracias por todo, por favor. – Caro se dirigió a Javier. – Decidle a Daniela y a mi hermana que las espero en el coche. Hasta luego.
- Adiós. – Bele se despidió de Caro fríamente, pero Javier no dijo nada.
Caro salió cojeando, agradeciendo el poder estar de espaldas para que no la viesen llorar. En su vida se había sentido tan mal.
Al abrir el portón, se encontró a Cristiana que volvía del trabajo, que llegaba en ese momento.
- ¡Caro, hola! – La cálida sonrisa de su amiga le llenó el ánimo de esperanzas. – ¿No te quedas a comer?
- No… Mi hermana está recogiendo a Dani. Yo las voy a esperar en el coche; estar de pie a la pata coja es cansado.
- ¡Pues hija, haberte sentado! – Cristiana se paró en seco, preocupada. – ¿Pasa algo?
- No, no pasa nada. No te preocupes.
- Caro, si pasase algo me lo dirías, ¿verdad?
- No pasa nada, Cristiana. – Caro prefirió cambiar de tema. – ¿Qué tal ese bebé?
Cristiana sonrió.
- Dando la lata, pero estupendamente. Gracias.
Marcia y Dani venían por el camino. Dani traía el bañador y una toalla en las manos y Marcia una bolsa con galletas. Cris venía con ellas, riendo y charlando.
-¡ Hola, mami!
- ¡Hola tesoro!
- Hemos hecho galletas, Dani y yo…
- Genial, ¿os ayudó Bele?
- Sí.
Caro interrumpió.
- Bueno, tenemos que irnos. Hoy tenemos pediatra y aún tenemos que hacer la comida y comprar unas cosas. Adiós, Cris. Gracias por cuidar de mi hija. Adiós, Cristiana. Gracias por ser tú.
Cristiana se sentía incómoda. Algo pasaba y no sabía el qué.
- Hasta luego. Marcia, me alegro de verte.
- Mami, Luis se he encerrado en su habitación, ¡y yo quería enseñarle a Marcia todas sus fotos!
Su madre sonrió.
- Seguro que Marcia está harta de ver fotos suyas, ¿verdad, Marcia?
Marcia abrió su bolso y buscó algo.
- Te diré lo que vamos a hacer. ¿Ves esta tarjeta? Es de la agencia de modelos para la que trabajo. Hemos hecho ya el calendario de fotos para el año que viene. Vas a escribir a este número de aquí (pero a éste, ¿eh? no te vayas a equivocar) y les vas a pedir un calendario dedicado por las doce modelos; te lo mandarán y se lo puedes regalar a tu hermano.
- ¡Halaaaaa! ¿Eso se puede hacer?
- Sí, si yo se lo pido. Lo hacemos a veces, pero sólo si las chicas queremos. Lo solemos hacer para conseguir fondos para algún evento… Pero esta vez te lo mandarán gratis.
- A mi hijo le va a encantar. Gracias, Marcia.
- Un placer. Venga, nos vamos.
El cuatro por cuatro arrancó despacio, y Cris, abrazada a su madre, les decía adiós desde la acera.
Pero dentro del coche no había nadie mirando hacia atrás.


Juuuuuuuuuuuu,, no nos dejes así!! sigue!
No puedo, tengo que ir a ducharme.
Eso, sigue, sigue. ¡Qué intriga! ¡Qué interesante se está poniendo esto! Ains…
Julieta Vacárcel por favor, esto no pude ser así ehhhhhhh!!!!!!!!!
Ahora opino sobre jvier y su mamá….que les den, desde luego esa vieja loca en mi vida no entraría ni de coña, no la quiero ni como suegra….MALA BRUJAAAAAAA
Vane, la vieja sabe lo que hace, no le llames bruja, mujer…
Ya verás cuando nos toque ser suegronas… a ver qué hacemos. Desde luego, yo pienso putear mucho a las futuras nueras. Alguna prueba tendrán que pasar …digo yo.
Creo que al final acabaran juntos Caro y Javier…….
¡Ahhhh! misterio.