La Terapia (X)
Caro despertó al oír el timbre de la puerta llamando insistentemente. ¡Qué raro! Adela tenía llaves.
Se levantó dando tumbos y fue a abrir la puerta. Allí, con el bañador puesto y los artilugios de playa, Javier y Cris esperaban.
- ¡Buenos días! ¡Caramba! ¿Os hemos despertado?
Caro no podía abrir los ojos al ver el deslumbrante sol. Le dolía el cuello y sentía la boca pastosa. Sin decir una palabra, hizo señas con la mano para que entrasen y cerró la puerta tras ella, aliviada al no sentir el sol en su cara.
- Un minuto, dadme un minuto.
Fue al aseo del piso de abajo, se lavó la cara, se enjuagó la boca y se peinó el pelo, recogiéndolo en un moño mientras iba a junto de sus invitados.
Javier y Cris se habían acomodado en el salón, abriendo las ventanas de par en par para ventilar el cargado ambiente de la habitación.
- ¿Dani no está? - Cris se volvía hacia ella.
- No sé, la última vez que la vi estaba durmiendo en ese sofá. Yo dormí en éste.- Caro señalaba el pequeño y revuelto lugar donde había pasado la noche. – Estuve trabajando hasta tarde y Daniela se quedó dormida viendo la tele, yo también dormí aquí. No sé dónde está. – Un sudor frío le recorrió la espalda. – No puede haberse ido. – La nota de pánico que había en su voz no pasó desapercibida a Javier, que la miró, levantando una ceja. – Vuelvo ahora.
Caro subió las escaleras de dos en dos, mirando en el piso de arriba sin encontrar a la niña. Bajó corriendo y se volvió de un salto al oír la cerradura de la puerta de atrás.
- ¡Buenos días! – Adela y Dani entraban por la puerta, cargadas con un montón de bolsas. – Dormiás como una bendita, Caro, así que me llevé a Daniela a hacer la compra para que no te despertase. Te dejé una nota encima de la mesa de la cocina, ¿la has leído? – Adela se paró en seco, al ver a desconocidos en la sala. – ¡Vaya! Buenos días. No sabía que había visita. Voy a preparar café.
- ¡Dani! – Cris no cabía en sí de alegría – ¡Enséñame tu cuarto, anda! Y arréglate, que tenemos que ir a la playa!
- Cris, espera un minuto – Javier la frenó. – Me parece muy bien que quieras ver las cosas de Dani, pero habrá que dar un margen de tiempo para que Caro desayune y se prepare, ¿vale? Pongamos media hora. Aún son las diez; a las diez y media iremos a la playa.
- ¡Vale! -Las dos niñas salieron disparadas escaleras arriba.
Caro se dejó caer en el sofá, le temblaban las piernas por el susto que se había llevado.
- Un día de éstos me va a fallar el corazón.
Javier se sentó a su lado.
- ¿Qué pasa, no dormís nunca en cama?
- Ayer se me fue el santo al cielo trabajando; cuando levanté la vista vi que Dani se había dormido en el sofá y no me pareció justo que se quedase sola aquí abajo. Así que me acomodé en el otro sofá. Tengo el cuello que me está matando. – Caro giraba la cabeza a los lados. – Necesito un café.
Como si la hubiese oído, Adela entró con una bandeja con dos tazas de café, leche, azúcar y la cafetera,sabía que Caro no se pondría en marcha sin haberse tomado dos tazas por lo menos, y todavía no había desayunado nada. En un plato había galletas saladas con pasta de anchoas y en otro, pastas.
- Buenos días, soy Adela, la asistenta.
Caro se removió en el asiento.
- ¡No digas eso! Es una chica que trabaja para mi, pero no es una asistenta; es la que maneja mi vida. Sin ella estaría perdida. Me cuida, me alimenta, me mima y me comprende. También me riñe. Es una Amiga. – Caro enfatizó la palabra “amiga”, como si la hubiese dicho con mayúsculas.
Javier sonrió y le tendió la mano.
- Hola, Adela, soy Javier, psicólogo infantil y tío de Cris, la amiga de Dani. ¿Tomas un café con nosotros?
- ¿Yo? No, tengo mucho que hacer, gracias. Caro, ¿hago comida o no?
- Para cuatro, comida para cuatro, por favor. Algo fresco, ¿vale?
- Sin problema.
Javier cogió una pasta y miró sorprendido a Caro, que comía galletas con anchoas como si fuesen las cinco de la tarde.
- ¿Cómo puedes comer eso con el estómago vacío?
- Con el estómago vacío no soporto el dulce, y Adela lo sabe. A veces desayuno un huevo cocido con atún, o tortilla si sobró de la cena, pero nada dulce. No puedo, me revuelve el estómago. – Caro le dio un sorbo al café. – Ayer hablé con Marcia; ya sabes, mi hermana. Si no llegas a nombrármela, ni se me hubiera ocurrido llamarla. Dice que va a venir a echarme una mano con Dani. – Caro miró a Javier. – Muchas gracias, de verdad. Aunque sólo sea por eso, ya habrá valido la pena haber hablado contigo.
- Espero que no sea sólo por eso.
- No. Claro que no. – Caro terminó de desayunar y se levantó de un salto. Después del café, sentía las pilas cargadas.
- Oye, como ves, necesito una ducha. Eres libre para ir por toda la casa y curiosear lo que quieras. Habla con Adela si quieres, y sírvete de lo que necesites como si fuese tu casa. Si me vas a ayudar con la niña, es lo menos que puedo hacer. En diez minutos estaré lista, lo prometo. – Y dejando a Javier solo, voló escaleras arriba.
Javier se levantó y miró a su alrededor, asombrado por el contraste de cosas que encontraba.
La casa estaba amueblada muy austeramente, y se veía que Caro sólo tenía lo indispensable. Sin embargo, encontraba raros muebles de indiscutible valor y cosas que no pegaban con lo que Javier veía. Cosas que Caro había traído de la casa de Rafa, suponía. Cogió la bandeja y se fue a la cocina, a hablar con Adela.
- Hola, Adela, ¿te molesto?
Adela troceaba verduras para hacer un gazpacho.
- En absoluto. ¿Qué puedo hacer por ti?
- Quisiera que me comentases cosas sobre Carolina y Daniela.
- Eso me va a llevar mi tiempo. – Adela se sentó. – ¿Qué quieres saber?
- Que me hables de ellas. Lo que sepas, lo que creas que me pueda valer.
-¡Buf! Lo que te puedo decir de Caro es bastante, de Dani mucho menos. Llevo trabajando para Carolina un montón de años; unos nueve, más o menos. Vine para aquí cuando ella compró esta casa. Acababa de divorciarse. La primera vez que entré por la puerta (vine porque puso un anuncio en el periódico buscando asistenta), vi a la misma Carolina que ves ahora, con la casa completamente deshabitada. No se había traído nada de su otra casa, salvo dos o tres cachivaches. Nunca he conocido a nadie menos interesado en la decoración, los vestidos, el cotilleo… Sólo le interesa su trabajo y nada más que su trabajo. Se puede pasar horas hablando de berberechos y tú no sabes que habla sobre bichos que se comen; para ella son tan humanos como nosotros. Le encanta el mar y todo lo que tiene que ver con él. Es muy desordenada, ¿sabes? Su armario es un caos.
- Sin embargo, parece que le gusta la ropa. Lo poco que le he visto parece bueno y caro.
- ¡Ah! Es que tiene una hermana gemela que es modelo y le manda la ropa y los complementos. Creo que a ella se los regalan. – Adela se reía. – Marcia debe conocer muy bien a Caro porque manda la ropa y todos los complementos con fotos de cómo se lleva todo para que vaya conjuntada y mona. Pero Carolina no es tonta; sabe perfectamente cómo tiene que llevar la ropa y qué llevar en cada ocasión. Además, todo lo que lleva le queda bien. Yo la he visto levantarse y llevar por encima una camisa de Hugo y parecer que va de boda. – Enrojeció y añadió – Bueno, no debería haber dicho eso. A nadie le importa lo que haga Caro con su vida.
- No te preocupes, ella ya me ha contado cosas.
- Bueno, ella no tiene amigas. De hecho, creo que soy su única amiga. Dicen en el pueblo que es muy estirada, pero no es cierto. Carolina es una chica muy sencilla que vive por y para su trabajo; el mundo le importa poco. Cuando tengo que hacerle la compra me deja su tarjeta del cajero para que yo la haga; siempre ha confiado en mi. Dice que si tengo las llaves de su casa, ¿por qué no iba a tener acceso a su cuenta? Es muy fácil trabajar para ella; no es exigente ni da demasiado la lata. Lo único que tiene es que conduce fatal, es una loca. Yo no me vuelvo a subir con ella en un coche en la vida.
-Háblame de Dani, anda.
- ¡Oh, Dani! Para Caro fue un palo la muerte de Rafa. De todos los hombres que han pasado por aquí, era del único que hablaba y contaba cosas. Creo que estaba más enamorada de él de lo que ella creía, sólo que ella no lo sabía. Que haya muerto fue como darse cuenta de que él ya no estaba en su vida. De alguna manera, siempre estaba ahí, a su lado. Sin embargo, de quien nunca hablaba era de la niña, de Daniela. Yo prácticamente casi no sabía que existía. Pero cuando la niña la necesitó, no dudó en ir a su lado, ni en dejar de lado el proyecto por el que llevaba tanto tiempo luchando, ni en dejar a Hugo. Cuando necesitas a Carolina, siempre está ahí. – Hizo una pausa. – Evidentemente, no sabe cómo tratar a la niña, y si he de ser sincera, yo tampoco. Hoy, cuando llegué, me encontré a Daniela sentada sola en la cocina, desayunando. Su madre dormía toda retorcida en el sofá pequeño, ¡con lo larga que es! Dani la había tapado con una manta; lo sé porque la manta estaba perfectamente colocada sobre ella, y Caro es un desastre durmiendo. Siempre acaba con la ropa tirada por todas partes. Dani no habla, no consigo sacarle ni una sola palabra de la boca, pero estoy segura de que quiere a su madre. ¿Para qué iba a taparla, si no la quisiera?
Javier, que la escuchaba en silencio, no pudo menos que darle la razón. Sonreía, pensativo. Tantos años para conseguir la especialidad de psicólogo infantil, para que una señora sin pretensiones llegase a la misma conclusión que él sin necesidad de tener ningún título colgado en la pared.
- Carolina ha decidido traer los muebles de la otra casa, de la casa de Dani, para formar un hogar. Ella sabe de sobra que esta casa no es un hogar, pero para lo que ella lo necesitaba le bastaba. Por su hija, es capaz de cambiar su propia vida. Por su hija y por cualquiera que se lo pida.
Unos pasos en la escalera la hicieron callar, y Caro, con el pelo mojado y un precioso vestido corto de colores alegres, apareció por la puerta.
- Estoy lista, sólo tengo que coger las toallas del tendedero y una botella de agua. En algún lado dejé la bolsa de la playa… – Miró a Adela, esperanzada.
- En el cuarto de la lavadora está, encima del cesto de la ropa sucia. ¿Te lo voy a buscar?
- Deja, ya voy yo. ¿Crees que podrías planchar hoy?
- Claro, ya sabes que las horas extras las pagas tú.
- Vale, pues no te esmeres demasiado con la plancha, así acabarás antes.
- Hecho.
Javier las observaba, divertido. Aquella camaradería le gustaba; Caro no era prepotente y se veía que confiaba plenamente en aquella señora que podía haber sido su madre. Por su parte, Adela adoraba a Caro, y por ella habría hecho cualquier cosa que le pidiese.
- ¡Ah, Adela, otra cosa! Marcia va a venir a pasar unos días.
- ¿Se va a quedar aquí, en la casa?
- Claro, hija. Es mi hermana. No sé cuándo llegará, Marcia siempre ha sido muy vaga en sus afirmaciones. Si llama o algo, coge el recado, ¿vale? Nosotros nos vamos a la playa. Les voy a enseñar los preciosos gobius cobitis que hay debajo de las rocas que quedan al descubierto al bajar la marea. ¿Sabes que los gobius..?
- ¡Carolina, vete a la playa inmediatamente o me despido! – Adela la empujaba suavemente hacia la puerta. Se volvió a Javier, guiñándole un ojo – A mi no me paga por escuchar esos rollos, y no sé si habría en el mundo dinero suficiente para que lo hiciese, pero a ti no te va a quedar otro remedio. Un consejo, métete en el agua y no salgas hasta la hora de subir a comer; es la única manera de poder escapar de sus conferencias. – ¡Daniela, Cris, a la playa! – Y abriendo la puerta, les indicó con una mano que se fueran.


aaarg no puede ser!!!! ains k pena uff no m cansare de decirtelo me encantas como escritora llegas a lo mas hondo.. lo he empezado hoy y ya esta!! no puede ser!!! espero que vaya bien y tener la continuacion.
Un saludo!!
np vendrá Marcia a jorobar el romance verdad??? no, no …dime que no!!!!
Yo creo (y es una impresión, nada más), que a Javier le gusta Carolina. Y si te gusta una persona, por mucho que aparezca otra persona por el medio, no lo va a jorobar.
En todo caso, eres tú la que dice que la familia está cuando la necesitas, no creo que Marcia tenga tan mala leche como para meterse en el medio.
Peeeeero, aún no hay nada entre Caro y Javier (y no sabremos si lo habrá, te recuerdo que la novela va sobre la recuperación de Dani, no sobre los posibles amoríos de Javier y Caro) y además, aún me quedan muchos capítulos para terminar el libro.
Pero si te sirve de consuelo, no… lo sé. Aún no lo he pensado.
Y si lo hago, que sepas que eres tú la que me ha dado la idea. :-b (chincha rabiña)
Yo siempre he dicho que tres son multitud…………… pero una hermana es una hermana nooooooo……..es que yo no tengo hermanas, mecahisssss.
Tranqui, Vane… a mí me da que la Marcia se va a trincar a todos los maridos de la peña de la piscina… Ya verás cómo hay algún romace…
Esto se pone muy interesante…
el de la que hablaba tanto……ese, ese…por lurpia!!!!
Ese mismo, ese mismo
a ver si se inspira la autora y nos deleita con buen sprint detallado de aquí te pillo aquí te mato… tanto berberecho, tanto berberrecho…
¡Maravilloso! Ahora escribís los guiones por mi… ¿Queréis caña? Y si queréis caña, ¿por qué leéis a la doña que ya sabéis que es muy light a la hora de poner caña?
Vale, oído barra, una caña ligth para mí ¿Tú qué tomas, Vane?
)
(…Y una tapita de boquerones en vinagre ¿se puede?
yo igual que tu matapollos, coca-cola zero…jejeje, que remedio….. ;-P
venga, caña de españa!
¡Eso, eso, y ahora, tapa de berberechos poco hechos! ¡Anda que..!
Maukita, acaba de llegarme un comentario tuyo desde que pusiste hace dos siglos. Me alegro que te guste.