Al bajar la marea

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La Terapia (VII)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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Caro decidió no ir a consolar a Daniela, acordándose de la lámpara estrellada contra la pared. En lugar de eso, fue a la sala, vació el único marco de fotos que había suyo (y que representaba un pacífico fondo de mar) y colocó una de las fotos en la que Lara, acostada encima de su hermana, reía a carcajadas al ver su cara de agobio. La foto quedaba un poco holgada, pero era lo único que tenía a mano.

Cerró el gancho del marco y subió las escaleras, encaminándose hacia el dormitorio de su hija. Llamó con dos golpes suaves, antes de entrar.

- ¿Dani, puedo pasar? Te he traído una cosa.

Daniela se encontraba en su posición favorita, agarrada al peluche de su hermana, de cara a la pared.

Caro se acercó y puso en la mesilla la fotografía enmarcada.

- Pensé que te gustaría. ¿Quieres que me quede? Si quieres, me quedaré; pero si sigues en silencio, lo tomaré como un “no”, ¿de acuerdo? Daniela, ¿quieres que me quede contigo?

Daniela no contestó y Caro, dolida, salió del dormitorio arrimando la puerta. Bajó las escaleras y volvió a coger la carta de Rafa.

“Mi querida Carolina…”

Caro se deshizo en llanto. Rafa había sido el único que la llamaba así, con esas tres palabras. Aún después del divorcio, de su otra boda, del nacimiento de su otra hija, ella siempre había sido “mi querida Carolina”.

¡Cuánto tiempo perdido, desperdiciado, malgastado! ¡Cuántas horas tiradas, arrojadas contra la orilla, como las olas del mar al bajar la marea! Horas que quedaron en nada… Si pudiese volver atrás, si pudiese volver a decirle a Rafa que sí que lo había querido, que siempre lo había tenido presente en su vida!

Rafa ya no estaba y sin sus correos diarios y sus cartas ocasionales, Caro se sentía sola, muy sola. Porque cuando llegaba por las noches a casa y encendía  su ordenador personal, siempre aparecía el nombre de “Rafa”, con un largo correo esperándola. A veces ni lo leía, pero ella sabía que siempre estaba ahí.

- Tranquilízate, Caro. Llorar no sirve de nada. –  Caro hablaba consigo misma, pero no podía parar. Lloraba por la muerte de Rafa, de Mayte, de Lara; lloraba por su vida perdida, lloraba por su hija, que tan mal lo estaba pasando y a la que no podía ayudar.

Y lloraba por ella, por todo lo que había perdido porque no había sabido retenerlo.

Los sollozos de Caro inundaban la sala. ¡Hacía tanto tiempo que no lloraba! Desde la muerte de su madre, hacía ya muchos años.

Pero ahora se sentía sola, muy sola. Y además, se sentía, por primera vez en su vida, una auténtica incompetente. ¿Y si llamaba a Marcia? Con un poco de suerte, tal vez la pillase en casa.

Cogió el teléfono de la base y buscó el número de Marcia; hacía mucho tiempo que no hablaba con su hermana, y no le había dicho que Rafa había muerto.

- ¿Aló?

- ¿Marcia? Soy Carolina. Caro, ya sabes, tu hermana.

- ¡Carolina! ¡Hola! ¿Estás resfriada? ¡Tienes la voz fatal!

- No te preocupes, no es nada, ¿cómo te va, hermanita?

- ¡Je! Hermanita, hace siglos que nadie me llamaba hermanita… Bien, me va bien. Estoy un poco cansada, nada más. He tenido una sesión de fotos agotadora, y el fotógrafo era un auténtico tirano. Me parece que en las últimas cinco horas he adelgazado cinco kilogramos… ¿Sabes lo que es estar en un plató bajo los focos, vestida de ropa de nieve? ¡La última vez que sudé tanto fue cuando estrené la sauna del piso! – Marcia, como siempre, hablaba sin parar. – El catálogo de ropa deportiva de invierno me deja agotada, te lo juro. No sé por qué no pueden hacer los catálogos de ropa en su estación correspondiente, la verdad. Yo, simplemente con ver una bufanda, ya me muero de calor. París está siendo un horno, este verano, ¿qué tal por ahí?

- Bien. Oye una cosa, Marcia. – Caro aprovechó la pausa de su hermana para meter baza. – Tengo a Daniela viviendo conmigo. Ya sabes, mi hija. – Decidió dar explicaciones porque no estaba muy segura de que Marcia recordase su nombre.

- ¿Contigo, tu hija? ¿Pero tú estás loca o qué? ¡Si no tienes la más remota idea de cuidar niños! ¿cuántos años tiene ya: cinco, seis? ¡La verdad, no sé en qué esta pensando Rafa! Eso no puede ser cosa suya, seguro. ¡A lo mejor ha sido cosa de su mujer! Noooo, me habías dicho que ella es muy maja. Mmmmmm, ¿ha sido cosa tuya, Caro? Porque es un gran error. Dame su teléfono que le llamo.

Caro se impacientó.

- ¡Marcia, cállate y escúchame! Daniela está viviendo conmigo porque Rafa se ha matado en un accidente de coche. Murieron todos: Rafa, su mujer y su otra hija. Por cierto, Dani tiene ya diez años, hija. Nos hacemos viejas. Daniela lo está pasando fatal: no me habla, se pasa el día tirada encima de la cama, no come… Bueno, por la noche se levanta y se mete atracones de comida, pero está muy delgada, pálida y ojerosa. ¡No sé qué hacer con ella!

Del otro lado del teléfono se hizo un silencio.

- ¿Marcia? ¿Estás ahí?

- Sí… Perdona, me has dejado sin palabras. No me puedo creer que Rafa esté muerto. Es verdad que leí hace un tiempo en un titular de prensa que había muerto un gran concertista de chelo, pero no lo asocié con él. Claro que el periódico estaba en alemán, y el alemán lo controlo poco. ¡Dios mío! Pobre niña. ¿Y ahora tiene que vivir contigo? ¡Menudo castigo!

- ¡Oye, guapa!

- ¡Pero si es verdad! Ni tu ni yo servimos para hacer de madres, Carolina. Somos un desastre. Creo que esa niña necesita ayuda, y tú también. No me puedo creer que Rafa esté muerto, ¡pero si se ha pasado la vida con nosotras: tú, Rafa y yo! ¿Sabes lo que voy a hacer? Cogerme unas vacaciones y ayudarte; solas no servimos para nada, pero juntas siempre hemos formado un buen equipo.

- ¿Me estás diciendo que vas a venir aquí, a casa?

- ¡Mujer, si quieres me voy a un hotel, pero para ayudarte creo que es mejor estar en casa juntas! ¿no? ¿Qué te parece la idea? Así podría volver a comer un poco de comida decente; estoy harta de estar aquí y necesito cambiar un poco de aires. ¿Qué? ¿Qué te parece la idea?

- ¿De verdad harías eso por mi? – Caro sonrió, feliz.  Tener a su familia con ella era algo que ya no recordaba.- Me encantaría. A lo mejor me puedes ayudar a decorar la casa. Voy a hacer traer los muebles del dúplex de Rafa para aquí; dudo que quepa todo pero estoy segura de que a Dani le encantará.

- ¡Seguro! Tú sigues viviendo en un cascarón vacío, ¿verdad? O mal te conozco, o en esa casa no hay ni un mal cuadro. No te preocupes, juntas lo conseguiremos. Voy a hacer la reserva del avión, a ver si puedo coger uno en un par de días. No tengo ninguna sesión programada hasta dentro de una semana y puedo largarme sin problemas. Si se presenta algo, que me llamen al móvil y con coger otro avión de vuelta, arreglado. No son más de dos horas y media de viaje. Oye, estaba pensando… ¿qué le puedo llevar a Daniela?

- No tengo ni idea, pero tú eres modelo; seguro que tienes por ahí algún bolso de diseño, o algún foulard que no uses. ¡Ah! Dani ha hecho una amiga aquí; por favor, tráele algo también a ella, ¿vale?

- ¡Hecho! Haré limpieza en el armario, y en vez de mandarte ropa como siempre, aprovecho y te la llevo. Yo no llevaré más que ropa interior; usamos la misma talla y puedo usar esta ropa antes de dejártela.

- Avisa para ir a buscarte al aeropuerto.

- ¡Ni hablar! Alquilaré un coche, no te preocupes. Yo no me subo en esos trastos que tú usas ni para hacerme una sesión, guapa. Mándame la dirección en un correo y ya apareceré por ahí, ¿te parece?

- Perfecto. ¡Marcia!

- ¿Qué?

- Gracias.

- De nada, hermanita. Tú y yo siempre fuimos invencibles; conseguiremos hacer feliz a tu hija. Ya lo verás. Hasta pronto.

Y Marcia colgó el teléfono, dejando a Caro relajada y feliz.

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Comentarios 10 comentarios sobre La Terapia (VII)

  1. Matapollos dice:
    6 julio, 2011 a las 13:11

    Ainsssssssssssssssss!!!!! A punto de llorar estoy… Ainssssssssssss!!!!!

    Responder
  2. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    6 julio, 2011 a las 13:20

    ¡Qué bonita es la familia!, ¿verdad?
    Si fuese la mía, te soltaría un:
    -”¿y a mi que me cuentas?”
    Que te llegaría al alma.
    Claro que las cuñadas son otra cosa, las cuñadas son iguales en todas partes.

    Responder
  3. vane dice:
    6 julio, 2011 a las 21:36

    me encata este giro ju…….pues yo estoy segura de que las mias vendrían en mi ayuda……..SEGURAAAAAA, y me encanta saberlo.
    La familia en los malos momentos es importantisima y muyyyyyy necesaria.
    Ainsssssssss, que me pongo ñoña.
    (y las amigas ni te cuento) ;-)

    Responder
  4. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    7 julio, 2011 a las 0:06

    Mejor no te presento a la mía…

    Responder
  5. Avatar de Rocío Alfonso Pita Rocío Alfonso Pita dice:
    8 julio, 2011 a las 16:05

    A ti Henry te inspira ;-) (engancha más que antes)

    Responder
  6. Avatar de Rocío Alfonso Pita Rocío Alfonso Pita dice:
    8 julio, 2011 a las 16:06

    A ti Henry te inspira ;-)

    Responder
  7. Avatar de maukita maukita dice:
    8 julio, 2011 a las 20:22

    ains que estoy a punto de llorar ahi estan a punto de salir… mas te vale que termine bieen que sino termino bañandome en lagrimas!!

    Responder
  8. Carmina dice:
    8 julio, 2011 a las 23:29

    Lo que me sorprende es que una mujer tan independiente como Caro llame a su hermana con la que tampoco tiene tanta relación…………..en el fondo cuando todos estamos de ¨bajón¨ todos acudimos a nuestra familia y a todos vienen en nuestra ayuda.
    Lo de la foto todo un detalle no os parece…………..

    Responder
  9. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    10 julio, 2011 a las 3:22

    La verdad es que sí, que yo echo pestes de mis hermanos, pero son los que me escuchan cuando tengo un problema gordo.
    Yo creo que Caro ha hecho bien en llamar a Marcia. ¡Qué remedio, si la idea ha sido mía..! :-)
    El detalle de la foto me ha quedao bordao.

    Responder
  10. Avatar de Rocío Alfonso Pita Rocío Alfonso Pita dice:
    10 julio, 2011 a las 20:27

    Sí, señora, te está quedando muy bien.

    Responder

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