La Terapia (VI)
El coche ardía al sol, y Dani había extendido las toallas todavía húmedas en el asiento de atrás, sentándose ella encima.
Javier, en un último intento por ser amable con la niña, hablaba con la niña en un monólogo infinito de preguntas, a los que Dani hacía oídos sordos.
Caro fue hacia el coche, con el corazón encogido; la tarde había sido fácil y feliz y volver a la ardua rutina le daba un poco de miedo. Dani volvía a tener la mirada perdida, y parecía encerrada en su concha de mutismo.
Caro extendió la mano hacia Javier, sonriéndole.
- Gracias por todo, Javier. Os esperamos mañana en la playa; la dirección de mi casa es: Paseo de la Playa de las Peñas, 15. Es la casa que tiene la veleta en forma de albatros. Cristiana tiene mi teléfono, pero yo calculo que bajaremos a la playa a eso de las diez y media. No podemos estar al sol demasiado rato y a esas horas todavía no quema.
Javier le estrechó la mano.
- Ha sido un placer. Dani, mañana iremos Cris y yo a la playa con vosotras, y después os ayudaremos a colocar el dormitorio, ¿te parece? Le puedo preguntar a Laura si quiere venir con Carlitos; al niño le encanta el agua.
Pero Dani ni se dignó a mirar a Javier. Con la mirada clavada en la ventanilla, seguía impávida los movimientos de los coches de la carretera.
- Bueno, mañana nos vemos. Adiós, Javier.- Caro entró en el coche, que ardía. – ¡Caray! este coche es un horno.
- Pon el aire, Carolina.
- Este coche tiene más de quince años, Javier; cuando lo compré, yo creo que el aire acondicionado no existía. Además, es un coche de trabajo. ¿Cuándo has visto un jeep destartalado con aire acondicionado? – Caro puso en marcha el motor. – Hasta mañana.
Y con un fuerte ruido de neumáticos, se incorporó a la carretera.
Caro iba conduciendo, pensativa. Se preguntaba si sería bueno meter a la niña en uno de esos campamentos de verano en los que los niños están con otros niños; parecía que la presencia de Cris le gustaba, y la animaba a hablar. Por otro lado, no parecía que Daniela quisiese relacionarse con muchos niños a la vez.
Caro miró por retrovisor, fijando su mirada en su hija. Abrió la boca para hablar, pero cambió de opinión; no tenía nada que decir, y no le apetecía un silencio por respuesta.
Llegaron a la casa en el más absoluto silencio, y cuando Caro aparcó el coche en el garaje, no le sorprendió ver a Daniela dormida.
- Dani, Daniela. Despierta, hija, hemos llegado. Sube y pégate una ducha, estás toda sudada y además, tienes la piel llena de cloro. Después coge la ropa sucia y métela en cesto del lavadero, ¿vale? Cuando acabes puedes hacer lo que quieras: ver la tele, jugar… lo que tú quieras. Pero no te encierres en tu dormitorio a dormir. Aún es temprano y aunque a ti no te lo parezca, esto es una familia y deberíamos pasar un rato juntas, aunque sea sin dirigirnos la palabra.
Dani levantó la vista medio dormida, y Caro se preguntó si la niña la había escuchado; no sabría decirlo. Cogió las toallas mojadas y ya que estaba, abrió la puerta de atrás para limpiar el maletero un poco.
Aquello era un auténtico caos.
Entre papeles arrugados, botellas de agua vacías, un par de bikinis usados, toallas con arena y cajas con herramientas, Caro encontró correspondencia sin abrir desde hacía varios días y una pashmina que había dado por perdida un par de meses atrás.
Sacó todo y lo puso en el suelo del garaje. Buscó un cepillo y empezó a sacar arenas, tierra y piedrecitas acumuladas en los rincones desde hacía… bueno. En realidad, no recordaba haber limpiado el coche en la vida.
Volvió a coger la caja, la puso en el maletero y llevó la basura a su recipiente y la ropa sucia al cesto. Aprovechó y puso una lavadora con las toallas; tenía por lo menos para tres lavadoras más.
Por las escaleras, Dani bajaba despacio. Caro la llamó.
- ¡Dani! Tira la ropa sucia al suelo y sube al armario del pasillo y cógeme un par de toallas de playa, anda. Voy a meterlas en el maletero del jeep, que siempre vienen bien. Y en el cajón de abajo de mi armario, en la puerta del centro, hay bikinis. Cógeme uno y bájalo.
Dani se quedó parada escuchando a Caro, pero al momento siguió bajando las escaleras como si no hubiese oído nada. Cuando entró por la puerta de la cocina, Caro vio que venía duchada pero sin la ropa sucia. Aquello le enfadó.
- ¡Daniela! sube ahora mismo y trae todo lo que te he dicho. Que no me hables es una cosa, que me desobedezcas es otra. ¡Arriba!
Daniela se quedó petrificada, escuchando a su enfadada madre dar voces. Subió las escaleras y Caro la oyó trastear por arriba. Al cabo de dos minutos volvió a bajar con un montón de cosas en la mano. Dejó las toallas limpias encima de la mesa de la cocina con el bikini, y puso la ropa sucia en el suelo, al lado de la rebosante cesta de la colada.
Caro, sentada en un taburete, abría la antigua correspondencia encontrada en el maletero del coche. Entre facturas, propaganda y cartas de bancos, encontró una carta con remite de Rafa. Con un nudo en la garganta, Caro miró de reojo a Daniela, y abrió el sobre. Daniela miraba por la ventana, mirando sin ver el pequeño jardín delantero de la casa.
Dentro había un pliego cerrado y cuatro fotografías de Daniela y Lara, riendo y jugando en un parque acuático.
Caro desdobló la carta.
Mi querida Carolina:
¿Cómo estás? Leí el último reportaje de la revista que me mandaste; la verdad, no sé qué les ves a esos bichos.
¿De verdad hay alguien en este mundo al que le puedan interesar las costumbres alimenticias de los berberechos? Me asombra. Que yo coma berberechos es una cosa; pero lo que coman ellos es otra completamente distinta. Sólo faltaban las recetas.
En fin.
Aquí tienes a tu hija. Como ves, Daniela crece sana y feliz y se lleva de maravilla con Lara; hemos hecho bien en darle una hermanita. Al principio nos parecía meternos en más líos, porque con la vida que llevamos Mayte y yo de conciertos y viajes, no nos parecía adecuado, pero ahora estamos encantados. Daniela ya no se queda sola cuando salimos de viaje y Lara le hace compañía. Bueno, ya sabes que sola no se quedaba, pero me refiero a sin compañía de la familia.
Nos encantaría ir a verte este verano. Tenemos pensado coger un hotel en el pueblo y pasar un par de semanas por ahí cerca, ¿te parece? Así Daniela te conocerá más, y no nos echará de menos a nosotros. Este verano no tenemos conciertos: Mayte tiene que descansar la voz y yo voy a tomarme dos semanas seguidas de vacaciones. La verdad es que ambos lo necesitamos.
Daniela es una toda una experta tocando el chelo, dicen los profesores que ha heredado mi talento. Cuando me pregunta por ti, le cuento todo lo referente a tu vida; le hablo del mar, le enseñamos los artículos que escribes para revistas… Los lee todos, y en el colegio le cuenta a sus amigas que su madre se dedica a cuidar y proteger la vida marina. Siempre le cuento las tardes que íbamos a la playa en verano con Marcia, ¿te acuerdas? Mientras ella y yo ganduleábamos al sol, tú te dedicabas a coger caracolas y cangrejos y quisquillas y nos dabas unas lecciones aburridísimas sobre su desarrollo.
¿Qué tal le va a Marcia? Veo sus fotos en las revistas, pero no sé nada de ella. Daniela tiene una carpeta con fotos suyas recortadas. Si por ella fuese, decoraría todo su dormitorio con fotos de Marcia, pero Mayte no le deja; dice que no pega nada con el estilo de la habitación. A ti no te habría importado, siempre te ha dado igual la decoración. Así que ella los guarda en una carpeta, con los artículos que tú escribes.
Creo que ya va siendo hora de que conozcas a tu hija, Caro. Cada día pregunta más por ti, y aunque se lleva de maravilla con Mayte, creo que al ver a Lara con su madre hace que ella eche de menos a la suya.
Bueno, tengo que dejarte ya, porque tengo ensayo. Piénsate bien lo de pasar el verano juntos, y ya me darás contestación, ¿de acuerdo?
Un beso, mi querida Carolina; estaremos en contacto,
Rafa
La carta estaba fechada tres días antes del accidente. Caro recordaba haber cogido el correo de la mesa de la entrada y nada más. Salió con prisas porque tenía que arreglar unas cosas en el trabajo, y debió de guardarlas en el maletero para leerlas más tarde.
Se había olvidado de ellas, y con el accidente, había borrado todo lo demás de la memoria.
Cogió las fotografías y llamó a Daniela. No sabía si era una buena idea que las viese, pero no quería ocultárselas.
- Daniela, Dani… Ven, hija, acércate aquí. Mira que había en este sobre. – Caro cogió las fotos y se las mostró a la niña, que las miraba, con los ojos muy abiertos.
- Parece que lo estéis pasando bien, ¿dónde es?
Daniela tragó saliva. Parecía que le costaba respirar.
Y al final habló.
- En… en el parque acuático del pueblo. Estuvimos enseñando a Lara a jugar al ajedrez esa noche. Jugaba fatal.
Y tapándose la cara con las manos, echó a correr escaleras arriba, rompiendo en un llanto desgarrador.


Una “h” te falta por ahí arriba, en esa carta de Rafa….
Hoy a Dani, “me la papo”, que niña más linda!si en el fondo quería un montón a su madre, ainssss
No lo encuentro, Virtu, ¿dónde?
Pobre Dani si es que lo que le ha pasado es una puñeta……menos mal que esta con su madre que le ayudara a superarlo.
No le hagas caso a Virtu… la falta es de Rafa, él es quien ha escrito la carta ¿no?
Esta Caro está loca perdida, tiene que aprender a controlar sus pulsiones y dar más rienda a los instintos.
…pero creo que Dani ayudará a Caro a superar eso.
No es por contradecir a Carmina
¿Dónde esta la faltaaaaAAAAAA, que no la encuentro?
Daniela es una toda una experta tocando el chelo, dicen los profesores que a sacado mi talento
A ver, Rafa, de tu talento que saque la niña lo justo y necesario, ni más ni menos, ni más ni menos…
La encontré, ¡tremenda falta, Dios mío!
No es falta, es error de tecleo…..que a ti no se te cuela una, te conozco perfectamente!
¿Lo dices por el microHondas, no?
Yo creo que lo de error tipográfico dice por la “capeta”, busca, busca…
)
(¿a qué soy mala?
Oído cocina… Ya lo encontré.
No, no eres mal, eres un solete!!!!!!
bueno, con lo que me gustó este capitulo y solo hablais de faltas…..ainsssssssssssss
Es que tienen que buscarle defectos a todo, y como el capítulo es perfecto, pues alguien tiene que jorobarlo. Jijijijijij!!!!
A mi este capítulo es el que más me gustó hasta ahora… y no tenía ninguna falta
Revisa bien, que a mi se me cuelan y luego jugáis a las adivinanzas y estoy muy mayor para juegos.
Esta niña lo que necesita es que le den otro hermanit@…en la carta lo dice claramente.
Lo que necesita la nena es una buena torta.
Bien dada.