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La Terapia (IX)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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Los Cerastoderma edule y Glaucum que ahora ocupaban la mente de Caro, la evadieron completamente del mundo real.

Las horas pasaban y Caro no levantaba la vista del ordenador, buscando documentación para sus trabajos.

Al notar la falta de luz a su alrededor levantó la vista, ¿se habría nublado?

Pero no se había nublado, era ya la una y media de la madrugada y ella llevaba trabajando un montón de tiempo sin levantar la vista de la pantalla.

Se echó hacia atrás; le dolían la espalda y los hombros. Habría dado lo que fuera por uno de los masajes de Hugo.

¡Daniela! Caro se había olvidado completamente de la niña. Se levantó de la silla y fue a la sala, donde la niña dormía acostada en el sofá, con la televisión encendida. Delante de ella había un vaso con restos de leche y sobre un plato había migas esparcidas; evidentemente, en algún momento de la tarde Daniela había cenado sola.

Caro sintió remordimientos de conciencia; de alguna manera, en algún momento, el trabajo la había absorbido tanto que se había olvidado del mundo.

Otra vez.

Y eso no podía volver a ocurrir. Tenía una hija de la que ocuparse y no podía dejarla a su aire todo el día. A partir de ahora, en cuanto se sentase a trabajar, pondría una alarma para poder desconectar cada hora, más o menos.

Eso, si trabajaba en casa.

Cuando volviese al laboratorio sería más fácil; simplemente seguiría los horarios de trabajo establecidos. Tendría que hablar con Adela para que se quedase en casa con la niña cuando ésta saliese del colegio.

Carolina miró a su hija y decidió dejarla dormir, pero ella también dormiría en el sofá de al lado.

Era más pequeño pero ya buscaría acomodo, no iba a dejar a la niña allí sola.

Sacó la ropa de la lavadora, la tendió fuera y subió a lavarse los dientes.

Se miró en el espejo del baño; la imagen de una Carolina pálida y ojerosa le sonrió, cansada. Ella, que tanto tiempo pasaba al aire libre y que normalmente lucía un bonito  bronceado (en cara, piernas y brazos); ahora tenía el mismo color blanco hospital que su hija, aunque su tono de piel fuese más moreno.

Se lavó la cara y se cepilló el pelo, que estaba todavía medio húmedo de la piscina, por habérselo recogido en un moño de cualquier manera.

Cogió dos mantas del armario y bajó las escaleras; Dani seguía durmiendo. La tapó con una de las mantas y dejó la otra encima de la mesa; tenía calor pero estaba demasiado cansada para darse una ducha.

Mañana por la mañana lo haría, antes de bajar a la playa.

Y cerrando los ojos, se quedó dormida.

¿Te gusta este libro? ¡Haz que todo el mundo se entere!

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Comentarios 11 comentarios sobre La Terapia (IX)

  1. Virtu dice:
    7 julio, 2011 a las 19:40

    agggggggg, has puesto catcha!!!

    Esperaremos que despierten las dos angelitas….

    Responder
  2. Matapollos dice:
    7 julio, 2011 a las 20:59

    ¡¡¡La madre que la parió!!!

    Responder
  3. vane dice:
    7 julio, 2011 a las 21:54

    Venga venga…que esto tiene muy buena pinta!!!!!

    Responder
  4. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    8 julio, 2011 a las 3:16

    ¿Que he puesto qué?
    ¿La madre que parió a quién? ¡Que no me entero, y que tendría que enterarme porque estoy escribiendo YO!

    Responder
  5. Matapollos dice:
    8 julio, 2011 a las 8:26

    Nada, mujer, nada… que semos pirsoooonas humanas, que no semos máquinas… Lamadrequeparió a la puñetera captcha. :P

    ¿Sabes qué? Esta vez, y sin que sirva de precedente, me ha dado penita la Caro… es que a mí a veces también se me va la pinza con el trabajo…

    Responder
  6. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    8 julio, 2011 a las 12:57

    ¡Soy inocente, juro que soy inocente!
    A mi tampoco me gustan, pero no puedo hacer nada. Sorry :-(
    Entenderé perfectamente que no queráis comentar.
    Ya sabía yo que tenías un corazoncito del tamaño de un pollito por ahí guardado ;-)

    Responder
  7. Matapollos dice:
    8 julio, 2011 a las 14:48

    Vale… pues a ver si se despiertan de buenas las pájaras éstas.
    Si te digo la verdad, yo a estas dos, les hubiese puesto de nombre a una Concepción y a la otra Angustias. Pordios, pordiossss…

    Responder
  8. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    8 julio, 2011 a las 15:07

    ¿Conchi y Mariangus?
    Mmmmmm, poco glamour…

    Responder
  9. Carmina dice:
    8 julio, 2011 a las 23:48

    A mi me ha dado pena Dani ha tenido que cenar sola…..aunque creo que todavia no han hecho una comida juntas…..mal, vamos mal….. hay que empezar a crear nuevos hábitos, ahora hay una niña en casa.

    Responder
  10. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    10 julio, 2011 a las 3:28

    A Dani no le ha pasado nada; Caro simplemente va a tener que adaptarse a una nueva vida. Yo, que soy madre dos veces, aún recuerdo el shock que fue irme sin niña al hospital y volver con una criatura de la que no sabia nada. Y eso que era un bebé.
    No quiero ni imaginarme si me plantifican a una niña de diez años (como mi hija mayor) sin tener ni idea de niños, de golpe y porrazo en mi vida.
    Me da algo.

    Responder
  11. Avatar de Rocío Alfonso Pita Rocío Alfonso Pita dice:
    10 julio, 2011 a las 20:32

    Ya echaba de menos los palabrejos :-D

    Responder

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