La Terapia (IX)
Los Cerastoderma edule y Glaucum que ahora ocupaban la mente de Caro, la evadieron completamente del mundo real.
Las horas pasaban y Caro no levantaba la vista del ordenador, buscando documentación para sus trabajos.
Al notar la falta de luz a su alrededor levantó la vista, ¿se habría nublado?
Pero no se había nublado, era ya la una y media de la madrugada y ella llevaba trabajando un montón de tiempo sin levantar la vista de la pantalla.
Se echó hacia atrás; le dolían la espalda y los hombros. Habría dado lo que fuera por uno de los masajes de Hugo.
¡Daniela! Caro se había olvidado completamente de la niña. Se levantó de la silla y fue a la sala, donde la niña dormía acostada en el sofá, con la televisión encendida. Delante de ella había un vaso con restos de leche y sobre un plato había migas esparcidas; evidentemente, en algún momento de la tarde Daniela había cenado sola.
Caro sintió remordimientos de conciencia; de alguna manera, en algún momento, el trabajo la había absorbido tanto que se había olvidado del mundo.
Otra vez.
Y eso no podía volver a ocurrir. Tenía una hija de la que ocuparse y no podía dejarla a su aire todo el día. A partir de ahora, en cuanto se sentase a trabajar, pondría una alarma para poder desconectar cada hora, más o menos.
Eso, si trabajaba en casa.
Cuando volviese al laboratorio sería más fácil; simplemente seguiría los horarios de trabajo establecidos. Tendría que hablar con Adela para que se quedase en casa con la niña cuando ésta saliese del colegio.
Carolina miró a su hija y decidió dejarla dormir, pero ella también dormiría en el sofá de al lado.
Era más pequeño pero ya buscaría acomodo, no iba a dejar a la niña allí sola.
Sacó la ropa de la lavadora, la tendió fuera y subió a lavarse los dientes.
Se miró en el espejo del baño; la imagen de una Carolina pálida y ojerosa le sonrió, cansada. Ella, que tanto tiempo pasaba al aire libre y que normalmente lucía un bonito bronceado (en cara, piernas y brazos); ahora tenía el mismo color blanco hospital que su hija, aunque su tono de piel fuese más moreno.
Se lavó la cara y se cepilló el pelo, que estaba todavía medio húmedo de la piscina, por habérselo recogido en un moño de cualquier manera.
Cogió dos mantas del armario y bajó las escaleras; Dani seguía durmiendo. La tapó con una de las mantas y dejó la otra encima de la mesa; tenía calor pero estaba demasiado cansada para darse una ducha.
Mañana por la mañana lo haría, antes de bajar a la playa.
Y cerrando los ojos, se quedó dormida.


agggggggg, has puesto catcha!!!
Esperaremos que despierten las dos angelitas….
¡¡¡La madre que la parió!!!
Venga venga…que esto tiene muy buena pinta!!!!!
¿Que he puesto qué?
¿La madre que parió a quién? ¡Que no me entero, y que tendría que enterarme porque estoy escribiendo YO!
Nada, mujer, nada… que semos pirsoooonas humanas, que no semos máquinas… Lamadrequeparió a la puñetera captcha.
¿Sabes qué? Esta vez, y sin que sirva de precedente, me ha dado penita la Caro… es que a mí a veces también se me va la pinza con el trabajo…
¡Soy inocente, juro que soy inocente!
A mi tampoco me gustan, pero no puedo hacer nada. Sorry
Entenderé perfectamente que no queráis comentar.
Ya sabía yo que tenías un corazoncito del tamaño de un pollito por ahí guardado
Vale… pues a ver si se despiertan de buenas las pájaras éstas.
Si te digo la verdad, yo a estas dos, les hubiese puesto de nombre a una Concepción y a la otra Angustias. Pordios, pordiossss…
¿Conchi y Mariangus?
Mmmmmm, poco glamour…
A mi me ha dado pena Dani ha tenido que cenar sola…..aunque creo que todavia no han hecho una comida juntas…..mal, vamos mal….. hay que empezar a crear nuevos hábitos, ahora hay una niña en casa.
A Dani no le ha pasado nada; Caro simplemente va a tener que adaptarse a una nueva vida. Yo, que soy madre dos veces, aún recuerdo el shock que fue irme sin niña al hospital y volver con una criatura de la que no sabia nada. Y eso que era un bebé.
No quiero ni imaginarme si me plantifican a una niña de diez años (como mi hija mayor) sin tener ni idea de niños, de golpe y porrazo en mi vida.
Me da algo.
Ya echaba de menos los palabrejos