La Terapia (II)
Caro agradeció los fuertes rayos de sol de la tarde. En la puerta se detuvo, deslumbrada por la luz.
¿Qué hora sería? Seguro que tarde. Eran los días más largos del año, y a las ocho aún parecía que era mediodía. No quería estar más tiempo allí, quería volver a casa, colocar sus cosas, ordenar su caótica vida.
Y además, tenía que encontrarse a solas con Dani, aunque eso no le apeteciese mucho.
Buscó a Cristiana con la mirada. Sentada en una mecedora al lado de su suegra, daba de merendar una papilla de forma sospechosa a Carlitos, el bebé que Caro había conocido cuando llegó.
Se acercó a ella.
- Hola, ¿puedo sentarme?
- Hola, ¡dile hola a Carolina, cariño! Abre la boquita, anda… Brbbbrbrbrbbbrr… – Cristiana hacía ruiditos imitando a un avión, para que el niño abriese la boca, aunque no parecía hacer mucha falta. – ¿Quieres ayudarme?
Caro dio un paso atrás, horrorizada. Aquella masa le caía al crío por las comisuras de la boca, y escupía babas sucias a su alrededor imitando los ruidos de su tía. Cristiana reía viendo la cara de pánico de su amiga.
- No te va a morder.
- Pues lo preferiría, ¿no te da asco?
Crisitana levantó la vista, sorprendida.
- ¿Asco? No, ¿por qué iba a darme asco?
- Por toda esa… cosa saliendo de la boca, mezclada con babas. ¡Puajjjj!
Cristiana se reía.
- No entiendes nada de niños, ¿verdad? ¿No recuerdas a Dani cuando le dabas de comer?
- Yo no he dado de comer a Dani en mi vida. Oye, estoy pensando que es mejor que nos marchemos. Llevamos aquí muchas horas y todavía tenemos mucho que hacer en casa.
- Como quieras. Dani lo está pasando bien aquí con Cris.
- Ya lo sé, pero aún no está muy recuperada y necesita descansar. Y francamente, yo también. Quería trabajar un poco hoy; estando aquí no hago nada.
Bele, que hasta el momento había estado callada, se dirigió a Caro.
- Quédate un rato más,mujer. No hay nada malo en dejar las cosas para el día siguiente de vez en cuando. Dani lo está pasando bien, y tú también pareces necesitada de sol y descanso. Aquí nadie te molestará. ¿Tienes frío?
- La verdad es que no. Dentro de casa me quedé tiesa, por eso Javier me dejó su chaqueta, pero al sol se está de maravilla. Voy a ponerme la ropa, no me parece correcto andar por ahí sólo con el bikini.
- La próxima vez trae un vestido, es más fácil de poner y quitar que el pantalón corto y la camiseta.
- No se me había ocurrido, la verdad. – Caro se levantó y fue a coger su ropa, que había quedado tirada encima de una silla en el porche. La cogió y se marchó, no le apetecía estar con aquella gente que no conocía de nada. Al volver, Bele le hizo un sitio a su lado.
- ¿De veras piensas que dar de comer a un bebé es asqueroso? – Bele miraba a Carlitos, que metía los deditos en la papilla mientras comía.
- Bueno, la verdad es que no es para llevarlos a un restaurante cinco estrellas.
- Carlitos está conociendo nuevas texturas. ¡Hala! Se acabó. Ten, anda, cógelo tú que yo tengo que volver al baño. – Le puso el pringoso niño encima de las rodillas. Bele también se levantó.
- Yo tengo que ir a ver si las bebidas están frías.
Caro se quedó sola con el bebé en brazos, rígida. ¿Qué se hacía con un bebé? Estaba bastante incómoda, sentada tan tiesa en el banco de piedra. Se levantó con cuidado, y se sentó en la mecedora, buscando algo para limpiar al crío. Encima de una mesita había algo que parecía papel húmedo. Caro cogió uno y se lo pasó por las manos y la carita.
Carlitos parloteaba, feliz. Apoyó su carita contra el pecho de Carolina y ella le acarició la espalda, ¡tenía la piel tan suave! jugó con su escaso pelo y se lo echó hacia atrás. Estaba sudoroso y pegajoso. Cogió otra toallita y se la pasó por el cuello y la frente. Carlitos sonrió, feliz. Poco a poco fue relajándose y cerrando los ojos. El vaivén de la mecedora en la que Caro estaba sentada le servía de arrullo y Caro, que nunca había aprovechado la dulce quietud de un bebé dormido en brazos, se sintió completamente feliz, y bajando la cabeza, besó la fresca frente del niño.


¡Qué rico carlitos!
¡Oye, tú! Tanto dar la lata, ¿para poner esa birria de comentario? ¡YA TE VALE!
Ahora le viene a la Caro el instinto maternal, fíjate tú….Pero es verdad los niños son bastante asquerositos cuando empiezan a comer papilla….deberías hacer que le regurgitara un poco encima….a ver cómo reaccionaba nuestra Caro….;-)
Hija mía… pues no es tanta bírria ¿no? Carlitos es el mejor de toda la peña…
Además es que tuve un imprevisto: mis Matapollitos no tocan el violoncelo como Dani, eso sí… bien que saben tocar la bandurria.
De todos modos, si me pongo seria nadie que esté en esa casa iba a salir muy bien parado… si es que parecen una colonia de monos de esos que ponen en los documentales de la 2. ¿Sabes? Caro parece una de esas monas jóvenes que van robar los bebés de las otras monas para aprender a ser madre. Joé… qué gente!!
A ver si Dani nos sorprende con algo… no sé, …o una escena tórrida entre el psicólogo y alguien o algo…
He tenido que leerme todo el rollo de novela para saber de qué iba, ni me acordaba del nombre de la hija y la llameé Gabriela, Jesús…
Aún estoy un poco descentrada, dadme un respiro, y si es un kitkat mejor todavía.
No si al final le cojera cariño a Carlitos……… y es que aunque Caro intente hacerse la dura el instinto maternal, podra con ella ………… de todas formas es un niño, no creo que se la vaya a comer .. y desde luego para estar con esa gente tan rancia que hay en esa reunion ( que os recuerdo que no le guardaron ni una longaniza de la barbacoa…..hay que tener cara…) yo me iria a mi casa……………..
¡¡No me nombres la longaniza, que tengo mono!!!! ¡Arrggggg!
Anda, los matapollitos tocan la bandurria, ¡¡cómo yo!!
Matapollos, ¿no jugarás al fútbol? porque si es así no hay excusa para no quedar… en la pista, claro… o en Betanzos con la vespa
Buf! titajú, estoy un poco como tú con el libro… llevo como 2 semanas sin seguirlo y estoy un poco despistada. A ver si me pongo al día.