La Playa (IX)
Caro bajó las escaleras pensativa; lo mejor sería pedir ayuda profesional. Ella sólo hablaba, hablaba y hablaba, ¿y qué sabía ella de terapias? Nada de nada. Sabía más de la vida de los gasterópodos y cefalópodos, que de su propia hija. ¡Qué triste!
El agua hervía y Caro echó la pasta removiendo sin parar; en una sartén, derritió mantequilla para freír el jamón serrano en ella; confiaba que el olor hiciese salir a la niña, sino de su caparazón, por lo menos de su madriguera.
Dies minutos escasos después, con la pasta cocida, Caro la escurrió y la rehogó en la salsa, entonces subió a por Dani.
La niña dormía.
Caro se acercó y la sacudió suavemente.
- Daniela, Dani, despierta hija. Vamos a comer.
Con ojos somnolientos e hinchados, Daniela se enderezó.
- ¿Me has oído? Baja a comer. Te estaré esperando.
Caro bajó y esperó a la niña sentada en una de las sillas de teca del jardín delantero, pero Dani no bajaba.
Caro se impacientaba; la pasta se enfriaba y la salsa de mantequilla comenzaba a espesarse; dando una palmada en la mesa, decidió esperar otro poco antes de subir.
Cuando ya había devorado media barra de pan y la pasta estaba completamente apelmazada, Caro se puso en pie rápidamente y subió las escaleras.
- ¡Daniela, llevo quince minutos esperando por ti! – Caro abrió la puerta del dormitorio se su hija y se encontró a la niña llorando, abrazada al chelo. A Caro se le encogió el corazón.
- Daniela, hija, ¿qué te pasa?
Y Daniela, cuando vio a su madre, le lanzó con furia la lámpara de la mesilla de noche.
Caro no recibió el impacto de la lámpara porque ésta se estrelló contra la pared, a dos palmos de distancia de su cara.
Sin poderlo remediar, Caro se acercó a su hija y le cruzó la cara con una sonora bofetada.
- ¡Ni se te ocurra volver a tirar nada a nadie, ¿me oyes?
Daniela lloraba desconsolada, y Caro, lívida de rabia, salió del dormitorio dando un portazo y bajo las escaleras corriendo.
Temblaba de rabia.


Se acabó la paciencia! no me extraña!
¡¡¡¡Tooooomaaaa!!!
uy, si la ve la super-nany
Es que preguntar, Daniela hija, ¿que te pasa?…………
Aunque tirarle una lampara…… tampoco esta bien.
Pues yo ya le habría estampado la cara en el aeropuerto, que lo sepáis. Y super-nany, cuando tenga hijos de verdad (y no de esos que van en cochecito), ya verá lo bien que viene una bofetada a tiempo.