Al bajar la marea

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La Bajamar (VIII)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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- Carolina…

- Déjalo, déjalo estar. Sé que me va a costar ganarme a mi hija, pero cada uno recoge lo que cultiva, ¿no se dice así? Yo no he sembrado nada, y nada recogeré. – Carolina se encogió de hombros. – No creas que no aprecio tu ayuda, Javier, la aprecio de veras; pero sé que todo depende de mi.

Javier hizo el ademán de acercarse a ella, pero lo rechazó con un gesto.

- No, no es el momento. Ahora no. Si empezamos algo, es posible que la niña lo interprete como un posible alejamiento de ella, ¡yo qué sé! No entiendo nada de niños, ni de traumas infantiles, ni de odios hacia una madre; yo fui querida por la mía, y yo la quise a ella. Daniela ahora necesita a una madre al lado, no a alguien que la aparte cuando aparezca un hombre en su vida.

- No hay por qué apartarla, Carolina. Estás sacando las cosas de quicio.

- Tal y como yo lo veo, no. Cada cosa que hago, cada palabra que digo es un error. Me echa cara en cosas que parecen increíbles; no quiero que ahora piense que la estoy utilizando para acercarme a ti.

Javier asentía.

- Quizás no ha sido buena idea el ofrecerme a hacer de psicólogo de la niña.

- La idea ha sido magnífica; de otra forma no estarías ahí sentado.

- Sí que lo estaría; soy el tío de Cris, ¿recuerdas?

- Claro que lo recuerdo. Eres el tío de Cris, y te ofreciste a ser el psicólogo de la niña. Ella lo sabe, ¿quieres dejarlo ahora? ¿Quieres que le digamos a Daniela que vas a dejar de atenderla porque vas a empezar una relación con su madre?

- No, no voy a dejar nada. Voy a seguir estudiándola y a empezar a hablar con ella; mañana, si la acercas a mi casa con la excusa de pasar la tarde con Cris, empezaré las sesiones. Ya tengo bastante información. Ella también se acostumbrará a mi, porque si tú quieres, sí que podemos empezar algo.

- No se trata de lo que yo quiera; ahora no. Primero, Daniela.

- ¿Pero quieres?

- Javier. Ahora no puedo, eso es todo.

El timbre de la puerta sonó insistentemente.

- Esa es Cris, no sabe llamar de otra forma.

Carolina, seguida de Javier fue a abrir la puerta de la calle. Allí, apelotonados y llenos de arena, se encontraban Cris, Dani, Marcia, Laura, Carlitos, y el marido de Laura.

- ¡Hola! En la playa no se puede estar; con la marea alta es demasiado pequeña para tanta gente.

- ¡Hola! Pasad. Por las mañanas se puede ir aunque la marea esté alta; los niños están en el colegio y hay poca gente; pero por las tardes es inútil. Por eso a mi me gusta la playa cuando baja la marea. ¡Hola, Carlitos! – Carolina extendió los brazos hacia el crío, que se fue con ella riendo de alegría.

Entraron todos a tropel.

- Casi mejor nos quedamos en el jardín, ¿no? No creo que quepamos todos en la sala.

- Mejor aquí, ¡buf! – Enrique se dejó caer en una silla de teka, abanicándose con una revista – hoy hace un calor de mil demonios. ¿Me invitas a una cerveza, Caro?

- No soy Caro. Esa es Caro, yo soy Marcia.

- Lo siento pero no os distingo. Vale, quien quiera que sea Caro, ¿me invitas a una cerveza?

- ¡Claro! tú te llamabas…

- Enrique, pero todos me llaman Rike. Que esté fría, por favor.

- Oye, Caro, ¿Hay manguera por aquí? Le podemos llenar la piscinita a Carlitos, para que se bañe; está rebozado en arena.

- Ya veo… – Caro tenía el cuello lleno de arena de las manos del niño, que jugaba con su pelo. – Dani, ¿colocas la manguera mientras voy a por la cerveza? ¿Quién infla la piscinita?

- El sufrido tío, que el padre está para el arrastre. Javier, anda, usa esos potentes pulmones de no fumador, anda… – Rike le tendía el desinflado juguete a su hermano.

- Espera, que voy contigo. – Laura siguió a Carolina dentro de la casa, mientras Marcia subía las escaleras a darse la segunda ducha del día.

- ¿Por qué estáis tan llenos de arena?

- ¡Oh, unos críos que estaban haciendo una guerra! ¡Si vieras la bronca que les echó la madre! Daniela y Cris tienen el pelo llenito, nos va a costar Dios y ayuda quitárselo. – Laura bajó la voz. – ¿Sabes qué? que creí que era un farol eso de que la modelo de la revista era tu hermana gemela, pero la verdad es que sois iguales. ¡Ayer parecías tan cansada! ¿Has dormido algo?

- Algo sí, gracias. ¿Tú quieres una cerveza, o prefieres té helado? Es todo lo que tengo, aparte de agua y leche, claro. Te puedo hacer un café, si quieres.

- Prefiero el té.

- Así que tu marido confundió a Marcia conmigo, ¿no?

- Mi marido es igual que su hermano Luis, el marido de Cristiana: no se entera de nada. Ayer no se enteró de que erais dos; estaba convencido de que Marcia eras tú porque nadie le dijo que existía Marcia. Hoy  en la playa sólo le dijo, “¿qué tal, todo bien?” Y siguió para adelante. No sé cómo no se entera, ¡si tenéis la voz completamente distinta! Y ella es más rubia, pero con el pelo mojado no se ve. ¡Este té está buenísimo! ¿Lo haces tú?

- ¿Yo? No, tengo una chica que viene por las mañanas y me deja todo preparado, es una joya. Se llama Adela.

- Pues no la sueltes. ¡Boquerones! ¿Puedo comer uno?

- Adelante. Espera que los llevo a la mesa y coméis todos. – Caro cortó pan y Laura llevó los boquerones, su té y la cerveza de Rike al jardín en una bandeja. Caro se quedó pensativa y sacó fiambre, una botella de agua y otra cerveza. Suponía que a Javier le gustaría.

- Toma, Javier; supongo que querrás una cerveza, ¿no?

- ¡Claro! pero sólo una; tengo que conducir después.

- Siempre te puedes quedar hasta más tarde, estás en tu casa. – Caro no se percató de la mirada que el echó Laura; se había agachado a contemplar al niño que jugaba en la piscinita echando agua fuera con una pala de plástico.

Daniela y Cris jugaban con el aspersor de la manguera, mojándose y gritando. Las niñas reían, felices.

- Tienes una casa muy bonita, Carolina. Estoy segura de que Dani será feliz aquí. Ahora parece muy contenta, ¿cómo ha pasado el día?

- Bien. – Caro ayudaba a Carlitos a llenar un cubo, empapándose cada vez que el niño le echaba agua por encima. – Daniela sólo tiene problemas conmigo, con el resto de la gente parece estar feliz.

- ¡Bah! Eso es porque está con niños,  los niños con los que mejor se entienden es con otros niños, y para eso no necesitas un psicólogo, te lo puedo decir yo, y gratis.

- ¡Oye, Rike, que no le cobro nada!

- Sólo faltaría que le fueses a cobrar para decirle eso.

Carolina se reía, viendo a los hermanos.

- ¿A qué te dedicas, Rike?

- Es un pirado de los ordenadores.

- Yo no soy un pirado de los ordenadores, sólo trabajo con ellos.

- Vale, trabajas con ordenadores, ¿haciendo qué?

- Pulsando una estúpida tecla para que un programa siga en funcionamiento; trabajo en un banco, llevando la parte informática.

- Un trabajo fascinante, seguro. – Javier miraba irónico a su hermano.

- Por lo menos no le saco los cuartos a unos padres desesperados para que alguien les diga lo obvio. – Rike cambió la voz, adoptando una más profunda, modulada y profesional – Su hijo presenta un cuadro psicosomático producido sin lugar a dudas por un trauma, por eso se comporta de esa manera. Se siente rechazado y por ello, inseguro. Necesita apoyo, cariño y paciencia, mucha paciencia. Son cien euros; vuelva mañana a la misma hora.

- ¿Cobras cien euros por sesión? – Caro miraba a Javier escandalizada.

- ¡Qué va! Tú no le hagas caso a Rike, Carolina. Javier y él siempre están así. Bele dice que el que hayan compartido dormitorio cuando eran niños es la causa de que uno sea un psicólogo traumatizado y el otro un solitario semiautista.

- Es que dormir en la misma habitación que éste es para tener traumas, créeme.

- Y compartirla contigo es para meterse ermitaño y no tener que volver a tener contacto con la humanidad, Javier.

- ¡Arrrrjjjjjjj! – Laura gritó, exasperada. – ¡Es que no los soporto, no los aguanto, no pueden estar juntos en la misma habitación sin lanzarse pullas uno al otro!

- ¿Qué son esos gritos? – Marcia bajaba, vestida con un vestido playero de rayas azules y blancas. – ¿Hay pelea o qué? – Voy a por una zanahoria.

Laura miraba el vestido de Marcia, con los ojos como platos.

- ¡Diosssss! Me encanta ese vestido. Es de Tommy Hilfiger, ¿verdad? A mi me quedaría fatal, parecería un hermano Dalton. Pero a ella le queda de maravilla. ¡Qué pena!

- Es que ella es modelo y tú madre, Laura. – Rike hablaba con su mujer sin levantar los ojos de la revista.

- Ya, Carolina también es madre y se puede poner ese vestido sin problema alguno, ¡vaya asco de vida!

Marcia aparecía por la puerta, con un plato lleno de crudités que dejó en la mesa.

- ¿Por qué es un asco de vida?

Laura se quedó en silencio, pero Rike contestó por ella.

- Porque tú tienes un cuerpazo y luces diseños como nadie y siente envidia, por eso.- Laura lo fulminó con la mirada.

Marcia miró a Laura.

- Es bonito el vestido, ¿verdad? No sientas envidia por este par de hermanas: estamos solas y no sabemos hacer nada a derechas. A mi no me duran los novios y Caro no es capaz de tener una relación seria con nadie. Entre las dos sumamos un  ex marido muerto, una niña traumatizada y tres abortos. Tú tienes un hijo y un marido. Yo daría todo lo que tengo por tener un hijo como el que tú tienes. Eso sin contar lo guapa que eres.

La cruda y sincera disertación de Marcia hizo que todos se revolvieran incómodos en sus sillas. Carolina levantó la vista hacia su hermana.

- ¿Has tenido tres abortos? No me habías dicho nada.

- Tú tampoco me dijiste nada de la muerte de Rafa hasta ahora, Carolina. No tiene importancia; intenté ser madre tres veces y tres veces fallé. No quiero volver a intentarlo, duele demasiado. ¡En fin! – Marcia se levantó de la silla donde un minuto antes se había dejado caer. – ¿Quieres probártelo, Laura?

- ¿Yo? A mi no me sirve eso, Marcia. Te lo agradezco mucho, pero Tommy Hilfiger no ha diseñado ropa para mamás de cadera ancha.

- Ven conmigo, te sorprendería ver la cantidad de ropa que Tommy diseña y que te puedes poner. – Se volvió hacia su hermana. – ¿Te importa, Caro?

- En absoluto. Id y disfrutad.

Rike asomó la cabeza por encima de la revista.

- ¿A dónde van?

- A transformar a Laura en modelo por un día, supongo. A Marcia le encanta vestir a la gente. Ha traído tal cantidad de cosas que podría vestir a todas las mujeres de vuestra familia tres meses seguidos sin repetir el modelo.- Caro se quedó pensativa. – Bueno, exagerando un poco.

- ¿Dónde ha ido tía Laura?

- Marcia la va a transformar en modelo.

- ¿Podemos ir a ver? ¡¡Porfaporfaporfa!! – Las dos niñas gritaban, excitadas.

- Por mi no hay inconveniente, ¡pero secaos antes!

Las niñas entraron en la casa y Javier miró a Carolina.

- No sabía que Marcia había intentado ser madre.

- Yo tampoco, me acabo de enterar. Hacía mucho tiempo que no hablaba con ella, y sólo habla de moda y trabajo. Yo creía que no quería tener hijos. Ya ves. No somos tan iguales como parecemos.

Rike volvió a asomar la cabeza por encima de la revista.

- ¡Pero qué tonterías dices, Caro, sois dos gotas de agua! – Y levantando la revista, volvió a enfrascarse en la lectura.

¿Te gusta este libro? ¡Haz que todo el mundo se entere!

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Comentarios 11 comentarios sobre La Bajamar (VIII)

  1. Virtu dice:
    14 julio, 2011 a las 10:54

    Bueno, aquí todos parecen necesitar una ración de psicología….a ver que sale..

    Responder
  2. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    14 julio, 2011 a las 12:58

    Están todos pál manicomio, yo creo que la cerveza no les sienta bien.

    Responder
  3. Matapollos dice:
    14 julio, 2011 a las 13:20

    ¿quieres?, no puedo ¿puedes?, no puedo, si quiero, no puedo, ahora no, no es el moemnto… ¡Ains…. qué dos!
    Pues nada… cuando no se puede ffff… pues no se puede ff…
    ¿A ver si va a ser que no saben, estos dos? :P

    Responder
  4. vane dice:
    15 julio, 2011 a las 14:35

    yo aquí reconozco a alguien……..se dedica a la informatica en un banco….cajeros, routers, te mando esto, me avisas de que falla…jajaja, a quien me recuerda!!!!

    Responder
  5. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    15 julio, 2011 a las 20:40

    Matapollos, se puede f… si se quiere. Lo que pasas es que a lo mejor no quieren.
    ¿A quién reconoces aquí, si se puede saber?

    Responder
  6. vane dice:
    16 julio, 2011 a las 12:43

    lee el último post de virtu….jejejje

    Responder
  7. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    16 julio, 2011 a las 13:29

    Pues no había pensado en ella; debió ser mi subconsciente, que con tanta psicología sale a flote.

    Responder
  8. Carmina dice:
    25 julio, 2011 a las 16:20

    Luego dicen que Dani tiene problemas!!!!!!!! esta familia esta de atar….

    Responder
  9. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    25 julio, 2011 a las 16:46

    Cuando quieras, te presento a la mía y comparas.

    Responder
  10. Carmina dice:
    27 julio, 2011 a las 18:07

    Deja, deja……….. si yo tambien tengo un trozo de ese pastel………………

    Responder
  11. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    27 julio, 2011 a las 18:15

    Si ya sabía yo que nadie se libraba…

    Responder

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