La Bajamar (VII)
Cuando Caro despertó, la casa estaba en silencio.
Se estiró en la cama, tocando la pared con las manos y pensando en volver a dormir un poco más, pero el recuerdo de la casa llena de gente la hizo ponerse en pie de un salto.
Abrió la puerta del dormitorio y vio el de Dani con la puerta abierta, perfectamente arreglado. Entró y se quedó mirando las cortinas, los cuadros, el chelo a los pies de la cama, los estantes con libros y juguetes, el peluche de Lara encima de la cama… Era un dormitorio perteneciente a un hogar, ¿sentiría lo mismo Daniela?
Fue hacia el suyo y abrió la puerta.
Marcia había sacado todo de su armario para colocar ropa nueva, pero no había tenido en cuenta los gustos de Caro; tendría que volver a organizarlo todo. Tal vez esta noche, cuando todos durmieran. Desde luego, el traje azul marino no pensaba darlo, y ese horror de vestido de Roberto Cavalli estampado con escote hasta el ombligo no pensaba ponérselo. Jamás.
Caro bajó las escaleras y se encontró a su hermana y a Javier en la sala, terminando de guardar unas cosas. Charlaban amigablemente. De las niñas no había ni rastro.
- Hola.
- ¡Hola, hermanita, menuda siesta te has echado! ¿Te gusta como está quedando la casa?
No podía negar que Marcia tenía gusto, pero detrás de todo aquello tenía que estar la mano de Dani, porque muchas cosas eran una copia exacta de tal y como habían estado en el dúplex.
- ¿Dónde están las niñas?
- Las niñas han bajado a la playa con Laura, mi cuñada; la madre de Carlitos. Había quedado en venir por la tarde y se ha ido con ellas. Nosotros hemos preferido quedarnos aquí.
- Pero ahora que estás despierta, yo quiero bajar a la playa, Caro, ¿vienes o te quedas? – Marcia se había puesto en pie de un salto, siempre activa.
- Ahora estará la marea alta y no habrá apenas sitio en la playa… Aún estoy medio dormida. Id vosotros, si queréis.
- Yo me voy. ¿Vienes, Javier?
- No, me quedo un rato con Caro. Si quiere bajar después, iré con ella. Sino, venid para aquí.
- Oye, Marcia – Carolina le alargó la visera de Dani, olvidada en el perchero. – Dale esto a Dani y dile que se la ponga. Y dile a Laura que venga luego con vosotras por casa; me encantará verlos.
- Ok. Me voy. ¡¡¡¡¡Ciao!!!!!! – Marcia salió, dando un portazo.
- ¡Buf! Tu hermana me agota, Caro.
- Creo que agota a todo el mundo; yo estoy para el arrastre. ¿Qué tal ha ido todo? Lo siento pero me quedé dormida; sólo pretendía echarme un rato, pero he estado… ¡madre mía, más de dos horas durmiendo!
- Lo justo para terminar de colocar todo esto. Tendrás que esperar al resto de los muebles para colocar el resto de las cosas, pero esta vez, no me llames; ya he tenido suficiente. Carolina…
- ¿Sí?
- Dani parece estar bien; ha estado hablando y activa, participando en las conversaciones. Si bien sus comentarios no son demasiado largos y sólo habla cuando le preguntan, sonríe y está atenta a su entorno. Pero mucho me temo que sea sólo porque Cris está aquí, y Marcia también: La presencia de Marcia hace que se crezca delante de su amiga. Lo duro vendrá después, cuando nosotros nos marchemos. Lo más probable es que Daniela vuelque su afecto hacia Marcia, a la que no le importa querer porque sabe que se va a marchar. Contigo va a ser dura, muy dura e indiferente. No quiere quererte, por eso te ignora.
- Me va a volver loca, me voy a volver loca.
- No te creas; te va a resultar difícil, sobre todo porque vas a compararte con Marcia. Tienes que aguantar.
Carolina se encogió de hombros.
- ¡Qué remedio! Si Daniela me culpa de todos los males de su vida, lo normal es que quiera pagarlo conmigo. En fin, sobreviviré, supongo.
- Además, me tienes a mi.
- Tú también te vas a ir; te recuerdo que vienes por dos semanas y luego te vas. Tu vida no está aquí.
- Eso depende de muchas cosas, Carolina. Mi vida estará donde yo quiera que esté. En cualquier caso, estoy aquí y sigo aquí; contarás con todo mi apoyo.
- No me estás sirviendo de mucho como psicólogo infantil, ¿sabes? Se supone que tienes que tratar a la niña en una salita, preguntándole cosas, tomando notas. Lo que haces parece más una labor de campo que de laboratorio.
- Eso también es útil, ¿sabes? me ayuda a conocer el entorno de la niña.
- El entorno de la niña no existe, ya no está. Esto es otra cosa, una segunda realidad a la que se tiene que enfrentar aunque no quiera, pero no ha tenido tiempo suficiente como para declararlo como entorno.
- Muy bien; si lo prefieres, su realidad actual, entonces. Veo por todos los objetos que tiene en la habitación que ha sido una niña muy querida y amada; también veo que no les faltaba de nada, económicamente hablando. Todos estos objetos son de calidad, algunos bastante caros.
Caro sonrió.
- ¡Oh! tenían bastante dinero. El exclusivo mundo de la música clásica no es un campo que te haga millonario, pero es que ambos eran muy buenos en lo suyo, los mejores. Y cuando eres el mejor en tu campo, vives bien. Además, la familia de Mayte es de rancio abolengo; caserío propio, servicio interno… Estaba acostumbrada a vivir bien y a lo grande, supongo que Rafa al final se acostumbró.
- ¿Rafa no era de rancio abolengo, como tú dices?
- ¡Qué va! Rafa era como yo, hijo de gente normal y trabajadora, pero muy inteligente y espabilado. Consiguió hacerse un nombre en un mundo muy exclusivo y cerrado, pero en realidad era de gustos sencillos; cuando vivíamos juntos, la casa no era tan austera como ésta, pero no teníamos lujos porque no los necesitábamos. Teníamos un coche cada uno, pero eran coche normales; bueno, yo ya tenía mi jeep. El tenía un Opel, un utilitario normalito. Cuando se mataron, iban en un enorme Lexus de alta gama; el coche de ella era un BMW de dos puertas. ¡Oh, sí! A Mayte le encantaba el lujo; no sabía vivir sin él porque nunca había vivido de otra forma. Ayer encontré una carta que me mandó Rafa antes de morir. – Javier levantó una ceja. – No, correos no la perdió; la había metido yo en el maletero de mi coche y allí quedó hasta que hice limpieza. Estaba por aquí – Caro empezó a rebuscar por los papeles que había encima de la mesa de su despacho, con la doble puerta abierta hacia la sala. – Aquí está. Toma, léela.
Javier leía la carta, conociendo así un poco más al padre de Daniela. Cuando la terminó, la devolvió a su dueña.
- Así era Rafa. Mayte jamás habría aceptado a quedarse conmigo en un adosado. ¡Oh, conmigo se llevaba muy bien! Las pocas veces que fui a verles, me invitaba a quedarme en su casa, y allí dormí más de una vez; pero ella jamás se habría quedado aquí.- Caro señaló hacia el suelo con el dedo índice. – Esta casa no es de su categoría.
- Daniela no se parece a ella.
- No; Daniela es como Rafa y como yo; por lo menos, es lo que parece. Pero yo no sé si es porque está resignada, porque le da igual, o porque le gusta. El caso es que no protesta.
- Yo creo que le gusta la vida que llevas, y que le encanta estar aquí.
La voz de Caro se llenó de amargura.
- Ojalá eso fuese cierto.


poquito a poco carol….
¡Qué remedio le queda!
Ya lleva mas tiempo de terapia con Caro que con Dani.
Es que está de vacaciones, Carmina.
Si, si…… de vacaciones!!!!!!!!!!!!!
yo también quiero unas vacaciones!!!!!