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La Bajamar (VI)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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La comida, consistente en gazpacho, boquerones en vinagre y ensaladilla de arroz, fue un completo éxito.

Comieron apretujados en la cocina, con las piernas pegadas y riendo por todo.

Y cuando terminaron de comer, la modorra del calor del sur trajo su aire cargado de cansancio y sopor.

Dani y Cris, al oír la palabra “documental” huyeron escaleras arriba, prometiendo a los mayores arreglar el armario colocando bien los trastos. Javier y Marcia les ayudaron a subir unas cuantas cajas con el nombre de “dormitorio de Daniela”, que Caro y la vecina de Rafa habían empaquetado al hacer la mudanza. Las niñas se encargarían de colocar la mayoría de las cosas en el armario, dejando en cajas lo que fuese imposible colocar por falta de espacio o de mobiliario. Por fortuna, el armario del dormitorio de Dani era amplio y espacioso, con un montón de cajones y estantes.

Marcia, Caro y Javier se sentaron en la sala con el aire acondicionado puesto, tomando café con hielo.

Marcia, que se había negado rotundamente a sentarse en el sofá para no quedarse dormida, empezó a dar vueltas por la habitación, buscando hueco para las cuatro cosas que habían venido en el camión de la mudanza.

- ¿Has traído estos cuadros de la casa de Rafa? ¡Son buenísimos! Estos dos te quedarán genial en la entrada, con la arqueta de ébano que tienes embalada en el garaje. Vestirán esta casa que buena falta le hace. ¿Cómo puedes vivir así, Caro? ¡Esta casa es una pensión barata!

Marcia se refería a unos cuadros de Viola con fondo negro y  colores oscuros, enmarcados en un atrevido tono rojo vivo. A Caro le relajaban mucho, pero no tenía ni idea de donde ponerlos.

Marcia levantó la vista hacia ellos.

- ¿Qué, tenéis pensado quedaos ahí toda la tarde? ¡Me dijisteis que había que colocar todo esto!

- Hermanita, por favor; relájate un poco y descansa.

- Ya descansé en el avión, ¡arriba, que yo no puedo mover estos trastos!

Javier y Carolina se levantaron de mala gana; Caro fue al garaje a buscar el taladro para los cuadros, mientras Javier desembalaba cosas y Marcia subía toneladas de ropa y las ponía en la cama de su hermana.

- Caro, llama al guardamuebles y que te manden todo cuanto antes, así no se puede vivir.

- No sé si a Dani le gustará.

- No puedes ir por la vida pidiendo opinión a niñas de 10 años; necesitas muebles y tienes unos cuantos pudriéndose en un almacén. O llamas tú o llamo yo.

Carolina se rindió, pidiendo interiormente que Daniela no se enfadase por ello. En todo caso, Marcia tenía razón, ya se le pasaría. Los muebles llegarían en dos días.

Colocaron cuadros en las escaleras; amueblaron la entrada, pusieron cosas en el estudio de Caro y dejaron un montón de cosas en cajas que no cabían en ninguna parte, llevándolas al garaje otra vez.

Subieron al piso de arriba, donde las niñas ya habían terminado de colocar todo.

- Bueno – Javier se frotaba las manos – Voy a desmontar la cama para subir el dormitorio de Dani, ¿me echáis una mano?

Marcia, Javier y las niñas empezaron a quitar cosas de la habitación, para despejarla; Carolina, que no podía más, se marchó a su dormitorio a descansar un poco, pero se encontró con la cama llena de ropa, bolsos, cinturones y complementos. Frustada, decidió irse al dormitorio de su hermana. Allí la cama estaría libre.

El catre del dormitorio de Marcia estaba simplemente tapado con una colcha barata que Adela había comprado una vez en un mercadillo para tapar el colchón. Con cara de alivio, Caro se dejó caer en la fresca y oscura habitación, deseando olvidarse del mundo por un rato. Se soltó el pelo húmedo que antes se había recogido para comer y en menos de un minuto, se había quedado dormida.

Javier había conseguido montar el dormitorio de Daniela, una bonita habitación en tonos malvas que casaban muy bien con las paredes blancas. Sólo pudieron poner una cama, pero lo demás entró perfectamente.

Subida a una silla, Marcia colgaba las cortinas que Caro había traído del dormitorio original.

- Quedan un poco grandes, pero si las sujetamos con algo… Espera, déjame buscar. Seguro que encuentro un cordón de pasamanería entre la ropa que traje. Vittorio y Luchino los usan muchas veces de cinturones, y había uno blanco que le puede ir genial. ¡Vuelvo ahora!

Marcia colocó el cordón, recogiendo un poco la enorme cortina que caía en pliegues en el suelo.

- Seguro que el piso de tu padre tenía techos altos, ¿verdad? Ya me parecía. Tenemos que llevar estas cortinas a arreglar, a no ser que prefieras estores u otra cosa. La tela es bonita, pero la hechura es un poco seria para esta casa. Yo la modificaría, pero usando la misma tela, ¿qué te parece?

Dani no dijo nada, pero asintió con la cabeza. Marcia tenía razón; aquel enorme cortinón no pegaba nada con el aire del dormitorio, que con las paredes blancas parecía juvenil y veraniego; nada que ver con la sobria decoración del dúplex de Rafa y Mayte.

Dani fue a buscar su chelo y lo depositó en una esquina, a los pies de la cama. Javier y Cris, vaciando cajas, miraron a la niña.

- A mi me encantaba como tocaba tu padre, ¿sabes? Hacía magia con las manos. ¿Ese es su chelo? – Marcia señalaba el instrumento.

Dani negó con la cabeza.

- No; creo  lo donaron al conservatorio; se iba a estropear aquí por la falta de uso; era demasiado grande para mi. Papá siempre tuvo muy buenas relaciones con el director del conservatorio donde yo estudio… estudiaba, y ahora está allí.

Era la frase más larga que Dani había pronunciado desde que saliera del hospital; parecía que la niña no tenía inconveniente en hablar con su tía, mientras que con Caro no soltaba más que monosílabos.

Cris las miraba, en silencio, apoyada en el hombro de su tío.

- Tu madre ha actuado correctamente; es un instrumento muy bueno y caro, y creo que en el conservatorio estará mejor que pudriéndose aquí, ¿no crees?

La niña volvió a asentir con la cabeza.

- Y hablando de madres, ¿dónde está Carolina?

- Seguro que está abajo, colocando cosas. ¿Termináis el dormitorio, vosotras dos? Yo voy a buscarla. – Javier se enderezó y estiró la espalda; aquel trabajo estaba siendo más duro de lo que había pensado.

- Y yo voy a colocar la ropa de Caro en el armario. – Marcia suspiró – tendré que desalojar todo lo que tiene dentro primero… Me va a llevar horas.

Javier bajó las escaleras, buscando a Carolina, pero no la encontró por ningún lado. Abrió puertas cerradas buscándola, encontrando diversos armarios y escoberos, pero ni rastro de Carolina.

Volvió a subir las escaleras, perplejo. Si estuviese en su dormitorio, Marcia ya la habría encontrado y le habría dicho que la estaba buscando.

Abrió la puerta de enfrente del dormitorio de Daniela, y allí, en penumbra, Caro dormía boca abajo, con el pelo delante de la cara.

Javier se acercó despacio y le apartó el pelo de la cara, pero Carolina estaba tan profundamente dormida que no se enteró.

Javier se quedó de pie allí, mirándola. No envidiaba nada su situación: una niña en casa que casi reverenciaba a su tía, mientras que para su madre sólo tenía malos gestos y pocas palabras.

Si antes ya había sido difícil para ella, ahora sería insoportable.

No, no era una situación envidiable.

Y saliendo del dormitorio, cerró la puerta y se alejó de allí.

 

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Comentarios 9 comentarios sobre La Bajamar (VI)

  1. Virtu dice:
    13 julio, 2011 a las 18:15

    No, si al final quien va necesitar ayuda psicológica va ser Caro, ya veremos, ya….

    Responder
  2. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    13 julio, 2011 a las 18:18

    ¡Pobre Carolina! Todo es culpa de ella, todo recae sobre ella, y ella, pasando de todo, se pone dormir.

    Responder
  3. vane dice:
    13 julio, 2011 a las 19:15

    jajaja, yo tambien quiero que me hagan las mudanzas mientras yo duermo una siestecilla,,,,,,,,me ayudais????? que morrooooooo

    Responder
  4. Matapollos dice:
    13 julio, 2011 a las 21:39

    ¡Anda, la Bella Durmiente!
    Así que a Marcia le gustaba lo bien que tocaba el instrumento eol cuñao y a la otra no se le ocurre nada mejor que dejarlo en conserva en el Conservatorio, como una lata de berberechos…
    Joé… si es que Dani es un cielo.

    Responder
  5. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    13 julio, 2011 a las 23:05

    Los berberechos mejor al natural, ¿no?
    en esta casa no coló lo de irme a dormir mientras hacía la mudanza, ¡cachis!

    Responder
  6. Avatar de Rocío Alfonso Pita Rocío Alfonso Pita dice:
    19 julio, 2011 a las 13:40

    El psicólogo ya está trabajando con Caro ;-)

    Responder
  7. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    19 julio, 2011 a las 14:15

    El psicólogo tiene más cara que espalda.

    Responder
  8. Carmina dice:
    21 julio, 2011 a las 21:19

    ¿Toda la culpa es de Caro ??? pero si lo unico que ha hecho es dormir la siesta………
    Y ayuda psicológica no lo se pro Caro necesita un psicólogo..Javier…………….

    Responder
  9. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    22 julio, 2011 a las 2:11

    CAro es una santa…

    Responder

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