La Bajamar (V)
Javier, acostumbrado a los femeninos baños de la casa de sus cuñadas, se quedó sorprendido al encontrarse la austera decoración del baño de Caro.
Una ducha, un lavabo, un inodoro, un bidé, todo de color blanco, sobre un fondo color madera. Una repisa con una colonia, un par de cepillos del pelo y un bote de crema solar; dos toalleros, y una banqueta. Debajo del lavabo había unos de cajones pequeños y un par de estanterías con toallas limpias.
El espejo del lavabo le devolvió su imagen reflejada.
- Javier, tío; te has colado por la chica más rara del país.
No había tarros con cremas, ni plantas, ni adornos, ni cuadros, ni siquiera uno de esos espejos de aumento que todas mujeres tienen; había más cosas en los baños de los hoteles, que en el baño de Caro.
Abrió la ducha y se metió dentro, dándose prisa para poder bajar cuanto antes.
Le interesaba ver la reacción de la niña; había mostrado mucho interés por la llegada de la tía, pero, ¿habría sido su reacción la misma si Cris no hubiera estado presente? Javier suponía que no. Aunque le atrajesen los regalos que podía tener, Javier no creía que la curiosidad fuese tan grande como para vencer a la apatía.
En cualquier caso, si la presencia de Marcia no era una novedad lo bastante buena como para captar la atención de Dani, la presencia de Cris sí que lo era. Pocos niños hay en el mundo que no quieran presumir delante de los amigos, mostrándoles sus tesoros. Y Marcia era un tesoro exclusivo, algo que la familia de Cris no tenía ni podía tener.
Javier suponía que Daniela envidiaba a Cris con su gran familia unida, con su casa grande, con su finca y sus perros. Era la vida que ella llevaba antes, y que le habían arrebatado. Por mucho que la quisiera, tenía que sentirse en inferioridad de condiciones a su lado.
Javier se puso ropa seca y salió del dormitorio de Caro; eran tan austero como el de un monje.
Abajo, Cris y Dani, completamente vestidas, arregladas, peinadas y con el pelo mojado, esperaban impacientes a que Caro y Marcia terminasen de arreglarse para empezar a abrir las maletas.
Las niñas hervían de impaciencia.
- ¡Jooo, tío Javi, vete a decirles que se den prisa, andaaaaa!
- ¿Yo? Yo no puedo ir a una habitación donde dos chicas se están cambiando. Esperad un poco, anda.
No había ni terminado de hablar cuando las dos hermanas entraron en la sala hablando y riendo, con el pelo empapado recogido en sendas toallas y pantalones cortos por encima de un bikini seco.
Javier pensaba que no había nada visto nada más hermoso en su vida. Así, tal y como aparecían, mirándose de perfil, sólo se distinguían por las grandes ojeras de Carolina.
Vista de perfil, parecía cansada de verdad.
- ¡Bueeeenoooo, ya estamos aquí! Voy a abrir la primera maleta. – Marcia fue hacia el garage seguida de Caro, trayendo cada una dos maletas idénticas de distinto tamaño, con una enorme etiqueta de “Prada” en cada una. Las preciosas maletas ya eran todo un regalo en sí.
- Bueno, aquí va la primera. – Marcia abrió una maleta con el equipaje perfectamente doblado, fruto de la experiencia.
Empezó a sacar vestidos, pantalones, bolsos, zapatos, carteras, faldas, foulards… Al acabar una maleta empezaba con otra, llenando la mesa de la sala y los alrededores de ropa y complementos de diseño.
Dani y Cris gritaban, extasiadas; jamás en su vida podían imaginarse nada más bonito y variado que el equipaje guardado en aquellas maletas, cuyo contenido parecía no tener fin.
La última maleta por abrir era un coqueto neceser en forma de bombonera, de tamaño bastante grande. Marcia sacó perfumes, cremas, pintalabios, laca de uñas sérums… Javier miraba todo aquello con cara de asombro; ni en sueños habría podido imaginar la cantidad de complementos que una mujer podía tener en su guardarropa.
- ¡Anda, tía Marcia, haz un desfile para nosotros, porfa!
La petición de Daniela sorprendió a Caro, que miró a su hermana, esperando que ella no dijese nada al respecto.
Pero Marcia actuó como si nada pasase, y sin dudarlo, sonrió a la niña.
- ¿Quieres un desfile? ¡Claro! ¿Queréis participar? Javier, ¿te apetece ver un desfile de moda con cuatro modelos?
- Encantado.
- ¡De eso nada, yo no desfilo delante de nadie!
- ¡Vamos, Caro, no seas así! Piensa que Tío Javier es una caracola, o algo así, y será más fácil, ¡anda!
Carolina se echó a reír, pero no se atrevía.
- ¡Pero si ni siquiera sé andar como vosotras, cruzando una pierna delante de otra, y menos con esos taconazos! ¡Me voy a matar!
- ¡Venga, Caro, que nosotras te ayudamos!
- ¡Venga, mamá!
Caro se quedó parada. Era la primera vez que Daniela la llamaba “mamá”, y si el precio que tenía que pagar por ello era desfilar y romperse una pierna, pues se la rompería.
- ¿Puedo ir a coger una cerveza? Si voy a ver un desfile, tendré que beber algo…
- Claro, vete a la cocina y sírvete lo que quieras.
- ¡Y no vuelvas hasta que te llamemos! – Cris, exigente, quería tener todo preparado para hacer un auténtico desfile con pasarela.
Mientras Javier estaba en la cocina, Marcia enseñaba nociones básicas para desfilar.
- Meted el estómago; la cabeza alta y mirando al frente, nunca al público. Andad poniendo un pie delante del otro, y espalda recta. No hay más. Lo de los giros a mitad de la pasarela lo dejamos para otra ocasión, ¿vale?
- ¡VALE!
Marcia vestía a las niñas y a su hermana, poniendo los complementos adecuados con cada conjunto.
- ¡Javier, ya puedes venir!
Javier se sentó, esperando ver el espectáculo de su vida, y la verdad es que se lo pasó en grande.
- ¿Cómo podéis andar con estos tacones? ¡Lamadrequem… Que me mato!
- ¡Chist, en pasarela no se habla!
- ¡Este vestido me queda grande, Marcia, se me cae!
- Ven, que lo sujetamos con un imperdible por detrás.
- ¡Tía Marcia, ¿este bolso va mejor cruzado o colgado?
- ¡Caro, te has puesto ese sombrero al revés!
- ¿Y cómo quieres que sepa cuál es el derecho, si ni siquiera sabía que era un sombrero?
- ¡Dani, espalda derecha! ¡La toalla de playa estirada detrás de ti, como si fuese una bandera ondeando al viento!
- ¡Estos puñeteros tacones!
Al terminar el desfile, se dejaron caer en los sofás, agotadas. Javier aplaudía y reía a carcajadas.
- ¡Lástima de cámara, os habría subido a youtube!
- ¡Bah, no le hagáis caso, chicas! Tengo un par de amigos modelos que estarán encantados de desfilar para nosotras… con Javi. ¿Queréis que los llame?
- ¡Sííííí..!
A Javier le cambió la cara.
- Eso es una broma, ¿verdad, Marcia?
- Nunca lo sabrás. Chicas, podéis elegir de todo esto cinco cosas cada una. Cosas normales, me refiero. Nada de lencería.
- ¿Había lencería? Pues ese pase no lo he visto…
- Ni lo verás. – La voz de Carolina no dejaba lugar a dudas.
- Pues es una lástima.
- Esos desfiles son de pago, Javier querido. Yo tengo que comer, ¿sabes? y hablando de comida, ¿comemos?
- ¡¡¡¡¡Síííí!!!!!!!
Y corriendo y riendo, las dos niñas siguieron a Marcia a la cocina, mientras Caro se quedaba atrás recogiendo prendas del suelo, ayudada por Javier.
- Parece que Daniela es feliz ahora, ¿no?
- Ahora está viviendo un sueño, Carolina. En un par de horas, cuando pase la novedad, volverá a caer en su mutismo. Y hablando de caer, después de comer subes acostarte y duermes la siesta, ¿entendido? Marcia, Cris y yo podemos arreglar todo esto. Posiblemente no te hayas dado cuenta, pero no coordinas bien. No, no me mires con es cara: no es causa de los tacones; has tropezado tres veces contra la mesa, y en dos ocasiones has perdido el hilo de la conversación. Tienes que dormir, necesitas fuerzas, y dormir en el sofá no sirve de nada, ¿de acuerdo?
Caro se miró las manos, le temblaban ligeramente. Frunció el ceño, pensativa.
- Sí que es verdad que estoy cansada, pero no pienso acostarme, no mientras estéis aquí, ¡menuda anfitriona sería!
- Pues entonces nos vamos después de comer.
- Eso es chantaje puro y duro.
- No, Carolina. Nosotros sólo queremos ayudar, pero no nos dejas. Prométeme que dormirás.
- Sólo si dormimos todos.
- Pues a ver cómo duermes a las niñas.
Carolina sonrió, perversa.
- Tengo un documental precioso del último viaje a las Galápagos, con las explicaciones de los cangrejos violín pertinentes, ¡es soporífero!
- ¡No nos irás a poner eso!
- Creo que bastará con la amenaza. ¿Vienes a comer?


Vaya psicólogo de pacotilla…..Ahora Marcia le va hacer su trabajo ayudada por su sobrina Cris…y él, de ligoteo con la Caro…..ainsssss
Joé… ya me gustaría a mí tener una hermanita modelo, la mía es mona, la pobre… pero no da la talla, que se le va a hacer…
Lo del psicólogo es de juzgado de guardia… de todos modos, para eso estam los psicólogos ¿no?… dejar hacer a los demás y los pacientes ya se van curando solitos, de repente o poco a poco, depende. Pobre Javi.
Teniendo en cuenta que está trabajando gratis, bastante hace.
Además, la mejor terapia para Dani es Cris, y Javier ya se encarga de llevarla y traerla.
¿Eso no cuenta como trabajo?
Sí,trabajo de chófer.
(No me mates, porfa. Ya paro.
)
Trabajo es, al fin y al cabo.
Me da que no te cae muy bien Javier… A mi tampoco. A mi quien me gustaba era Mario, el hermano de Jaime en el otro libro. Pero ya lo he utilizado, ¡qué pena!
Y no pares, mujer, que no pasa nada…
Por cierto, la Muriel Barbery no se corta un pelo repitiendo personajes en Rapsodia Gourmet y en La Elegancia del Erizo, y mira que éxito tiene la tipa ésta…
(Ahora si que paro de verdad, que me voy de picos pardos).
joooo, me había saltado este capitulo……
A mi mario….ummmmmm me encantaba, pero javi tambien me gusta….dios,,,,,me gustan todos…jejejej
¡Ay, Vane, Vane, todos no puede ser!
Matapollos, ojito con los picos pardos…
Aquí la inculta no sabe quien es “Muriel Barbery”
voy a “googlear” algo para aprender un poquitín…
Pobre Javier…… solo entre cuatro mujeres, ante un desfile… le gusta Caro, que tampoco me parece la mujer mas rara del pais….solo distinta,a ver como se las va ingeniando, el trabajo que se le acumula…
A mi no me da pena, conozco más de uno que estaría encantado…
Si pero tu ya sabes lo peligrosas que somos las mujeres cuando nos juntamos mas de dos, y ellas ya son cuatro, y falta el desfile de lenceria…..menos las que hay menores
Que no pida, el tío. Dos pedazo mujeres desfilando… Bueno, mi marido firmaría lo que fuese.