Al bajar la marea

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La Bajamar (IX)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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- Daría medio sueldo por saber tus pensamientos.

- Mis pensamientos no valen medio sueldo, Javier.

- Tú no sabes lo que gana el tío ese. Di que sí, Caro, que te sacas una pasta sólo por decir que te encanta jugar con Carlitos.

- ¿Y tú para qué te metes donde no te llaman? ¿No ves que es una conversación privada?

- Sólo le digo a Caro que es una buena inversión, y las buenas inversiones hay que aprovecharlas.

Javier  puso los ojos en blanco, desesperado.

- Vale, vamos a dejarlo.

- Pienso en lo rico que es este crío.

Rike levantó la cabeza de la revista, triunfante.

- ¿Lo ves? ¿Y tú has estudiado una carrera de psicología? ¡Pues lo que pensaba esta chica estaba clarísimo! ¿No ves que está ensimismada con el niño? – Y añadió, volviendo a leer. – Desde luego, llaman carrera a cualquier cosa.

- ¡Atención todos, que va a hacer su entrada triunfal… LAURA!

- ¡Calla, que me da vergüenza!

- ¡Pero si son tu marido,  tu cuñado y Carolina!

- Pero me da vergüenza igual.

- ¡Venga, tía Laura, que estás guapísima. ¡Si dicen algo malo, les tiramos agua fría por encima!

- ¡Vale, vale, ya voy!

- Recuerda: barriga apretada, cabeza alta, espalda recta y un pie delante del otro. No tienes que hacer nada más.

- ¿Con estos tacones? ¡Ay, madre!

- ¡Deja en paz a tu madre y pisa fuerte! Laura, ¡Cómete el mundo!

- Bueno, ¡pero no empujes, que se andar solita!

Laura hizo su entrada triunfal andando despacio, poniendo un pie delante del otro con todo cuidado, para no torcerse un pie con los altísimos tacones azul marino.

Javier soltó un silbido prolongado, mientras que Rike dejaba caer la revista que leía, mirando embobado a su mujer.

Laura tenía puesto un precioso pantalón de  raso y lana fría en azul marino de Paula Cahen con un top blanco liso, y Marcia la había maquillado de tal manera que los altos pómulos de Laura le daban un aspecto exótico y salvaje.

Sí, la verdad es que Laura era muchísimo más guapa de Marcia y Caro, que tenían la cara mucho más alargada.

- ¿Verdad que tía Laura es guapísima?

Laura se descalzó.

- Si quiero seguir siendo guapísima, más me vale apearme de los andamios estos, porque me voy a partir los morros. Gracias por esta lección de autoestima, Marcia; me hacía mucha falta.

- Sinceramente, creo que a todos nos vendría bien que nos diesen un par de clases de cómo resaltar nuestros puntos fuertes; la gente que se siente bien consigo misma cuando se mira al espejo está de mejor humor durante el día. ¿Nos vamos a dar una vuelta?

- ¡Por el amor de Dios, Marcia, siéntate y relájate, anda, que no paras ni un minuto!  Carolina, esta hermana tuya no para nunca…

- Ya lo sé, Javier. Ya lo sé.

- Pues yo no quiero estar sentada, me aburro. ¿Puedo llevarme a las niñas a comprar un helado?

- Vete y tarda un rato, anda…

- Eres encantadora, hermanita.

- Y tú agotadora, ¡vete ya! ¡Niñas, poneos una camiseta y un pantalón que Marcia os va a llevar a comprar un helado!

Gritando de alegría, Cris y Dani subieron corriendo a cambiarse, y Caro se preguntó si la reacción de Daniela sería la misma si la idea hubiese sido suya, o si Cris no hubiera estado presente.

Laura,que la miraba, le puso una mano en el brazo.

- No te comas demasiado el coco, Caro; tu hija está deslumbrada por Marcia, pero a la que quiere es a ti. Lo que pasa es que no lo sabe.

- ¿Ves como para ser psicólogo no hace falta estudiar una carrera? Solamente hace falta conocer al ser humano. Laura, cariño mío; eres lo  mejor de este planeta.

- Yo también te quiero, Rike de mi corazón.

- ¿Y qué le ves a ese berzotas? ¡Porque yo no discuto que seas lo mejor de este planeta, pero será para compensar el otro lado!

- ¡Pues seguro que ve mejor que tú, que tienes el cerebro bloqueado de nacimiento!

- ¡Si es que son insoportables! – Laura se agachó y cogió una toalla para envolver al niño. – Toma, Caro, hay que darle la merienda, ¿se la quieres dar tú? Si se la doy yo voy a manchar esta ropa tan bonita.

- ¿Puedo? ¡Me encantaría!

- Pues vas a acabar llena de papilla, que lo sepas. – La voz de Rike llegaba ahogada desde detrás de la revista – Creo que es mi deber avisarte de los daños colaterales.

- ¡Oh, qué culto!

- ¡Oh, qué pelmazo de tío!

- ¡Javier! – La imperativa voz de Laura no dejaba lugar a dudas. – Vete a la cocina y llena el biberón de agua, anda. Tráeme una cucharilla, que seguro que sabes donde hay.- Se volvió hacia su marido – Y tú – Rike intentó esconderse más detrás de la revista – deja de esconderte y cierra esa revista. Si no puedes soportar estar en el mismo lugar que tu hermano, vete para casa. Yo ya iré.

Javier se levantó mascullando, y Rike cerró la revista.

Carolina cogió al niño que bailoteaba, contento. Le fascinaba ver como abría la boquita para comer la papilla, mientras con un dedito manchado pintaba la camiseta de Caro de galleta machacada con zumo de naranja y plátano. Caro reía, feliz.

- ¡Eh, que me estás poniendo perdida!

- Te lo advertí.

Javier se acercó a ellos e iba limpiando las manos del niño cada vez que este metía los dedos en el cuenco.

Carlitos empezó a hacer ruiditos con la boca y chorros de comida salieron disparados hacia la cara de Caro, que gritaba. Cada vez que ella gritaba, el niño reía con más ganas, con una risa contagiosa que hacía reír a todos.

Carolina acabó llena de papilla y arena, pero tan feliz que le brillaban los ojos.

- Ven conmigo, anda, que te voy a limpiar enterito. – Rike cogió a su hijo para lavarlo bien y ponerle ropa seca, mientras le decía tonterías. El niño gritaba de alegría. Caro se levantó.

- Yo también tengo que quitarme todo esto de encima; estáis en vuestra casa, ¿vale? Coged lo que queráis. Rike, si quieres agua caliente para el niño, ve al baño de arriba. Hay toallas en el armario del pasillo. Y luego añadió – si es que quedan, claro. Con tanta gente, no sé yo si habrá muchas secas.

Carolina subió al dormitorio a cambiarse; empezaba a atardecer y se había levantado una suave brisa; se lavaría y se pondría una chaqueta.

Encima de su cama, cuidadosamente dobladas y puestas por montones, estaba su ropa.

Marcia había sacado  todo de su armario para poner lo nuevo, pero allí había muchas cosas que a Caro le encantaban. Encontró los pantalones cortos vaqueros y un jersey fino de cuello barco; ya hacía tres o cuatro años que tenía aquellas prendas pero le encantaban: la manía de Marcia por renovar vestuario cada temporada no tenía nada que ver con ella.

Fue al baño, se lavó la cara, el cuello y los brazos, y se vistió.

Se estaba terminando de recoger el pelo en un moño flojo cuando llamaron a la puerta.

- Carolina, soy Javier. Mi ropa está ahí dentro. ¿Puedo pasar?

- Adelante.

¿Te gusta este libro? ¡Haz que todo el mundo se entere!

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Comentarios 9 comentarios sobre La Bajamar (IX)

  1. Matapollos dice:
    14 julio, 2011 a las 14:04

    Venga, adelante ;)

    Responder
  2. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    14 julio, 2011 a las 14:10

    SOLO va a por la ropa, hija mía.

    Responder
  3. Matapollos dice:
    14 julio, 2011 a las 14:27

    ¿Sólo? :( …Pues, entonces, la Caro que se apriete más el moño.

    Responder
  4. vane dice:
    15 julio, 2011 a las 14:41

    venga ju….que esta necesita un carlitos en su vida, y o mucho me equivoco o solo hay una forma de hacerlo…..jejeje

    Responder
  5. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    15 julio, 2011 a las 18:59

    La casa está llena de gente, hijas mías.
    No podéis pedirme eso. (Bueno, sí podéis, pero no os voy a hacer ni caso).

    Responder
  6. vane dice:
    16 julio, 2011 a las 12:42

    MALAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
    me encantaría ver como relatas ese momento, creo que lo harías genial y muy finamente

    Responder
  7. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    16 julio, 2011 a las 13:30

    ¿Pero tú, quieres que mis padres y mis suegros me deshereden, o qué? Censura, hija mía, CENSURAAAAAAAA.

    Responder
  8. Carmina dice:
    25 julio, 2011 a las 16:32

    Como se te ocurra censurar……………………………………………!!!no puedo poner que no te voy a leer mas, estoy deseando ver lo que ocurre con esta familia !!! a si que, no censures………

    Responder
  9. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    25 julio, 2011 a las 16:47

    Censuro, pero poco.

    Responder

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