La Bajamar (II)
Carolina levantó la mirada, fijándola en aquellos profundos ojos oscuros que la miraban.
- No llegas en el momento adecuado, Javier.
- Ya lo sé, Carolina. Ven a bañarte conmigo, anda. – Se levantó y cogió su mano sin soltarla. – Ya llegará; es cuestión de tener paciencia. Primero Dani, ¿verdad?
- Efectivamente; primero mi hija. – Se volvió a las niñas y añadió – ¡Nos vamos al agua! ¿venís?
Cris gritaba de alegría, mientras era perseguida por Dani, que se lanzó al agua sin pensárselo dos veces. Caro se agachó y recogió el pequeño balde del suelo. – Espera un momento, Javier; tengo que dejar esto con las toallas; vete con las niñas, que voy ahora.
- ¿Y si te acompaño?
- Ven si quieres, pero no es necesario.
- Claro que sí, voy contigo.
Cogidos de la mano y en silencio, Caro y Javier se alejaron de las pequeñas pozas llenas de vida.
La playa no era muy grande, y llegaron a las toallas en menos de un minuto.
Carolina dejó caer el recipiente encima de su toalla, y se quitó el colgante con las llaves del cuello, metiéndolo en la cesta de playa. Al incorporarse, se encontró con la exigente boca de Javier buscando la suya.
Caro se abandonó al cálido beso, sin importarle nada más.
- Vaya, pues no parece que necesites mucha ayuda.
Al oír la voz de Marcia, Caro se desasió de los brazos de Javier, abriendo los ojos.
-¡Marcia, has llegado!
- Sí, y en el momento menos indicado, por lo que veo. – Marcia abrió los brazos para abrazar a su hermana, encantada de verla.
- ¡Marcia, lo que te he echado de menos!
- Ya será menos, hermanita. Aunque yo también te he echado de menos un montón a ti.
Javier miraba la escena fascinado, viendo a aquellas dos gotas de agua fundirse en un largo abrazo.
- ¡Déjame que te vea! – Caro se desasió de los brazos de la hermana. – ¡Te has vuelto a teñir el pelo!
- Exigencias de mi vida laboral, Caro. Tú, sin embargo, sigues como siempre. Quitando las ojeras, claro. ¿No conoces los correctores de ojeras?
- ¡Si estoy en la playa!
- ¡No me vengas con ésas! Hoy en día puedes conseguir todos los cosméticos “waterproof” que quieras. Es cuestión de interés, nada más. – Marcia se dirigió a Javier, cambiando bruscamente de tema, tal y como solía hacer su hermana.
- Hola, novio de Caro, soy Marcia.
- Hola; Marcia; soy Javier, el no-novio de Caro. En realidad, soy el psicólogo de tu sobrina.
- Pues mucho ha cambiado la psicología desde que yo estudiaba, o a lo mejor es que me equivoqué de carrera. ¿Cómo estás? ¿Cómo está Daniela? A Caro ya veo que la cuidas bien, pero deberías dejarla dormir, ¿tú has visto qué ojeras tiene?
Javier estaba abrumado por aquel chorro gratuito de información que no paraba. Caro agarró a su hermana de la mano, tirando de ella hacia el agua.
- ¡Ven que te presento a Dani, anda!
- ¡Espera, que tengo que quitarme el vestido!
Si Carolina era espectacular, Marcia era poesía en movimiento. Los ojos de los hombres de la playa miraban fijamente a las hermanas, sin poder apartar los ojos de ellas. Cualquiera de ellos habría dado todo lo que tenía por estar en el lugar de Javier. Por otra parte, más de una chica habría cometido un doble asesinato con premeditación y alevosía en aquel momento.
Mirándolas desde lejos, Javier no veía diferencia alguna entre las dos. Marcia tenía el pelo más claro que Caro, y con otro corte de pelo que le daba más luminosidad; mientras el de Caro caía como una cortina, la melena de Marcia parecía tener vida. Además, los inquietantes ojos verdes de la modelo parecían atravesar el alma. Javier nunca había visto un color de ojos como aquel, aunque ya sabía que eran lentillas.
Marcia se las quitaba en aquel momento, metiéndolas en una cajita de plástico. Se recogió el pelo en un moño alto, y en ese momento, Javier ya no supo quién era quién. Las dos llevaban biquinis negros: el de Caro de corte deportivo con espalda al descubierto, el de Marcia un espectacular diseño de Roberto Cavalli con pedrería y escote palabra de honor, con un solo tirante que parecía salir de debajo de las axilas para perderse alrededor del cuello y volver a aparecer por el otro lado.
Caro cogió la mano de Javier, tirando de él tal y como él había hecho antes.
- Vamos al agua, ¡venga! me muero por ver la cara de Dani.
Y hablando y riendo, las dos hermanas cogidas del brazo avanzaron hacia la arena mojada, mientras Javier quedaba rezagado pensando que las dos chicas, vistas desde atrás, eran exactamente iguales.
- Qué suerte tienes, amigo.
Un desconocido le hablaba, a su lado.
- ¿Perdón?
-Digo que tienes suerte. Llevo toda la vida buscando algo así, y tú las tienes a pares.
Javier suspiró.
- A mi sólo me interesa una.
- ¿Cuál de las dos? Porque yo no las distingo.
Javier, que se había vuelto hacia el hombre que le hablaba, volvió la vista hacia las chicas quedándose mudo.
- En este momento, yo tampoco.


cuánta chuche para Javier….para mi que le va subir el azúcar
jejeje, ese beso era de pelicula hasta que llegó marcia….ainsssssss.
A ver como se lo toma dani, lo de su tía, que por lo que imagino es un torbellino!!!!!
P.D- a mi me pasa lo mismo en la playa…..no me quitan ojo…..;-P
¡Ole, Vane!
…Y yo que estoy intrigada con la marca del bikini de Javi ¿será un boxer, será holgadito, será tipo tanga…? ¡Ainssssss, la imaginación! Ya lo veo saliendo del mar, con el agua hasta los muslos, la arena pegada al cuerpo, el pelo mojado y revuelto, esas gotitas de agua salada descendiendo por sus hombros…
Creo que necesito ir al psicólogo.
Huyyyyy!!!! Donde dije bikini de Javi digo bañador. Definitivamente, tengo que ir a un psicólogo.
A ver, ¡una de psicólogo con berberechos para Matapollos; de untar aceite ya se encarga ella!
Vane, en ti me inspiré para lo de las modelos en bikini. Bueno, en ti y en el bikini de Javier, también negro y ajustado, pero sin escote palabra de honor. :-b
¡Ah! ¿ahora se dice subir el azúcar? ¡Creí que lo que les subía era otra cosa!
buf! tengo que tener cuidado que yo grito mucho cuando conduzco a los de los otros coches… porque mira como se acaba…
Ju, busca “le equivoqué” y cambia le por me.
Por fin se ha lanzado Javier……
A ver si me pongo al dia…. que unos dias de vacaciones, y que me tengo que pelear con una de mis hijas para tocar el ordenador……me han retrasado la lectura..
No te preocupes, no ha pasado nada interesante y además, no caduca.