La Ayuda (XI)
Habían terminado de comer, y hacía calor en el local. Cristiana, con Ricardo en brazos, se abanicaba con el menú.
- Hace calor aquí.
- Sí, quizás sea hora de marcharse.
- Bueno, podemos irnos de la pizzería, pero podemos dar un paseo por el pueblo; déjame invitar a unos helados. Los niños lo están pasando bien y tú has pagado la pizza.
- No sé… – Caro dudaba – A lo mejor estáis hasta las narices de aguantarnos.
- Si estuviésemos hasta las narices de vosotras, hace rato que habría cogido a los niños y nos habríamos ido. Me encantan los niños, pero no aguanto adultos gratuitamente. Si te soy sincera, yo tampoco tengo mucho tiempo para hablar con amigas; me viene bien estar contigo. Además, me da mucha pena tu hija, ¡se la ve tan pálida y delgada! Parece un espectro. Y hace buenas migas con Cris; ¿no ves lo bien que se lo pasan?
- La verdad es que me da un poco de miedo volver a casa con ella y estar a solas las dos; sé que todo va a seguir igual.
- Mujer, tendrás que darle tiempo. ¿Mañana qué hacéis?
- Por la mañana tengo que ir a llevar a Daniela a hacer una analítica, después tengo que acercarme al laboratorio y, si acabo pronto, nos acercaremos un rato a la playa. El pediatra nos ha aconsejado que vaya a la playa a horas tempranas, sin mucho sol, que es bueno para ella. Si acabo tarde, pues intentaré que se involucre un poco en la nueva decoración de la casa. Mi casa es muy austera y supongo que le gustará que traiga los muebles del piso de los padres. – Al acabar de hablar, se dio una palmada en la frente.
- ¡Contra!
- ¿Qué pasa?
- Que me olvidé. Hoy tenía que venir el furgón con las cosas de Daniela, pero se me olvidó por completo. No hay nadie en casa.
- ¿Y qué vas a hacer?
- Pues irme. Seguro que ya ha venido. Lo que no sé es por qué no me han llamado al móvil. – Caro sacó su móvil del bolso y lo miró. – Por eso no me han llamado; lo apagué al entrar en la consulta. Mira: diecinueve llamadas seguidas. Perdona un momento.
Caro se levantó para hablar desde un punto más silencioso y tranquilo del centro comercial, al irse, Daniela la siguió con la mirada, asustada.
Cristiana, que la miraba desde su mesa, dejó a Ricardo en el suelo y se acercó a las niñas.
- No te preocupes, Daniela. Tu madre acaba de descubrir que se ha olvidado de que hoy venía el furgón con tus cosas; va a llamar a la empresa a ver qué pasa.- Y al ver la cara de la niña, añadió: – No te preocupes, hija; tu madre te quiere y no se irá sin ti. Sólo es una llamada, ¿ves?
Caro entraba en el local mientras guardaba el móvil.
- Tenemos que marcharnos, Dani: los del furgón de mudanzas están que muerden; llevan horas delante de casa esperando a que lleguemos. Cristiana, muchas gracias por todo. Mira, ésta es la tarjeta del trabajo. – le alargó una tarjeta de visita mientras hablaba-Lo siento, pero no tengo de casa. El móvil es el mío, así que ahí estoy localizable. Ya te pasaré el correo electrónico y el teléfono fijo; no tengo donde apuntar.
Cristiana abrió su bolso y sacó un tarjetero.
- Toma, aquí está mi tarjeta. Está todo ahí: correo electrónico, mi móvil, el de mi marido y el fijo de casa. También está la dirección. Mañana, como es el primer día que Javier está con nosotros, haremos una barbacoa en el jardín. ¿Por qué no venís a comer? – Al ver que Caro dudaba, la cogió del brazo – Será un placer, de verdad. Venid a casa. Haremos la comida un poco tarde, porque Luis sale del instituto a las dos y media, así que comeremos a eso de las tres. A esa hora tienes que haber terminado con todo lo que tengas que hacer. ¡Ah! y traed el bañador, que hay piscina.
- ¿Qué te parece, Dani? ¿Te apetece ir?
Cris saltaba, tirando de la manga de su amiga.
- ¡Di que sí, anda, di que sí!
-Dani, tienes que decir que sí: vendrán los primos de Cris, y la pobre es la única niña: Anda, ven. – Cristiana miraba a la niña, que no levantaba la cabeza del suelo ni decía una palabra.
- Bueno, os lo agradecemos mucho, pero creo que Dani está un poco cansada, y es mejor dejarlo para otro día, ¿verdad? – Caro estaba intentando ayudar a su hija, pero la niña, al oír hablar a su madre, levantó la cabeza y contestó, en voz baja:
- Yo quiero ir.


Esta Caro tiene que tomar más pescado. La veo algo dispersa… necesita fósforo. (Con ajooo).
¡Ah, para eso era el ajo!
Bueno, nadie me lo agradece, pero hoy he puesto un millón de entradas y sólo tengo dos comentarios patáticos (de patata); u os esforzáis más, o caen dos post a la semana.
Que lo sepáis.
Vane, ¿Tú qué dices? ¿Se lo agradecemos o nos hacemos las interesantes?
Vane te ha dejado tirada, Matapollos: hoy salió de marcha (alucina, fue al Burguer King”) y está reventada. Es lo que tiene, el “living la vida loca”.
Nosotros vamos al mismo ritmo que Dani, cuando empiece a hablar nosotros comentaremos….pero mientras tanto necesitamos a un psicólogo, Javier o Juan, da lo mismo, pero ya tú me entiendes….que sea varonil, a poder ser.
Si pongo a Dani a hablar, se acaba el libro.
Tú dirás.
NOOOOOOO, todavía falta el amor para caro…..ainss, es que estoy de un ñoño últimamente…..;-)
¿Amor? ¿Quién ha hablado de amor?
Lo mas importante es que Dani ha pronunciado alguna palabra mas……..
Pocas, la niña se resiste.
Eh, Jú!!!! yo vi los “millones” de entradas y ya me estresé
Suelo leer una entrada al desayuno o así… y hoy (o fue ayer?) al ver tantas, ya ni eso
Y quería decirte respecto a los comentarios que los que leemos la novela “vía RSS” en el móvil no disponemos de esa opción (ni los vemos ni podemos escribirlos). Es después cuando nos sentamos delante de un ordenador cuando ponemos nuestras cosillas… pero claro, 10 juntos!!!! iremos como Dani soltando palabras de vez en cuando
Yaaaaa, si se me da por poner posts “de vez en cuando” me retiráis el saludo.
pava!!! tengo 16 entradas por leer!!! te voy a retirar el saludo como no frenes un poco
Pues espabila, que ahora voy a ponerme con otro.