La Ayuda (X)
- ¿Es interesante, el trabajo que haces?
- Bueno, a mi me encanta. Me permite, además, viajar mucho. De hecho, tenía que estar ahora mismo en una isla del Atlántico Norte haciendo un interesante proyecto para la Marina, pero he tenido que rechazarlo. Mañana tengo que volver por el laboratorio; espero que al haber rechazado el trabajo no me hayan despedido; pero no podía arrastrar a Daniela en semejantes condiciones físicas y psíquicas a una isla desierta todo el verano, aunque confieso que lo pensé. En fin, lo hecho, hecho está. – Ya que estaba, decidió sincerarse del todo; le resultaba muy fácil hablar con aquella mujer que la escuchaba, atendía a sus hijos y jugaba con el pequeño sin perder la sonrisa. – Además, me ha costado la relación con mi jefe. Dicen que nunca mantengas relaciones con alguien de tu trabajo, y ya ves.
Cristiana sonrió.
- Bueno, eso no es del todo cierto. Cuando llegué al instituto, me enamoré del director perdidamente, y ahora estamos casados y llevamos juntos casi veinte años; nos va muy bien. Ya ves; se puede decir que también me enrollé con mi jefe; pero si te enamoras, ¿vas a dejarlo pasar, sólo porque es tu jefe? Pues estaríamos listos.
- Bueno, digamos que no es amor exactamente.
- Entiendo. De todas formas, sois adultos y no debéis explicaciones a nadie. Aunque la relación se haya acabado, si es un buen profesional, no deberías temer por tu trabajo. Espera a mañana para preocuparte.
- Ahora lo que me preocupa es Daniela; creo que necesita un psicólogo seriamente.
- Desde luego, parecer lo parece. – A Cristiana se le iluminó la cara. – ¿Sabes a dónde ha ido Luis (mi marido también se llama Luis)? Al aeropuerto. Hoy llega mi cuñado, Javier, es psicólogo infantil. Siempre viene a pasar unos días con nosotros en estas fechas; le encanta pasar la fiesta de San Juan con nosotros en la finca. Pasará aquí quince días; después, vendrá casi todos los fines de semana. Los niños lo adoran.
A Caro, que era amante de la soledad y no tenía relación con apenas nadie, la bulliciosa vida de Cristiana la fascinaba.
- ¿Y a tu cuñado no le importa venir a tu casa con tanto crío?
- ¡Qué va! Es un encanto. Tenemos una casa muy grande, que era de los padres de Luis y Javier; nosotros nos quedamos con la casa, que reformamos; habilitamos el ático e hicimos una vivienda aparte, que pertenece a Javier. Con nosotros vive también mi suegra, la abuela de los niños. Es encantadora y no sé qué haría sin su ayuda.
- ¡Pero si sois un familión! – Caro no se podía imaginar la enorme casa en la que tenía que vivir tanta gente.
- Bueno, la casa es muy grande. Seguro que la has visto más de una vez. Cuando entras al pueblo por la carretera nacional, hay tres casas a la derecha, después del cartel de entrada al pueblo. ¿Te das cuenta?
Caro asentía con la cabeza.
- La nuestra es la primera, la que tiene las verjas en la ventana.
- ¡Ah, sí! Me encanta esa casa. ¡Pero es enorme!
- Sí que lo es. Mis suegros tuvieron muchos hijos: siete, y con ellos vivían los abuelos y una sobrina que quedó huérfana de niña, así que necesitaban mucho espacio. De todos modos, nosotros le aumentamos la galería del lateral, y la ampliamos un poco. La finca da para mucho. Así también podemos tener perros, nos encantan los perros. ¿Y a ti, te gustan los animales?
- Soy bióloga marina, claro que me gustan. Pero no tengo ninguno. Con la clase de vida que llevo sólo podría tener peces o tortugas, y ambos están mejor en su hábitat natural. Pero le he dicho a Daniela que si quiere un perro o un gato se lo compraré.
- ¿Y qué dijo?
- Nada de nada. – Y cogiendo el último trozo de pizza que le quedaba en el plato, se lo comió de un bocado.


ajooooo, ese hermano dará para mucho verdad??? vardad???verdad….dime que siiiii, necesitamos psicologo y amorrrrrrrrrrrrrrrrrr
¿Qué es eso de “ajo”? No voy a decir ni una sola palabra, que lo sepas.
Heyyy …. estoy con Vane necesitamos mucho un psicologo, pero, a lo mejor también a Caro le viene bien un cambio de amigos……..
La pobre Caro ha tenido que dejarlo todo por su hija, pero bueno, nadie le mandó tenerla.