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La Ayuda (VII)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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- ¿Jugamos a otra cosa? – Después de haber jugado un rato, la nueva amiga de Daniela se aburría. – Hay un juego aquí que es de mesa; es un tablero por el que se empuja una pieza, y tienes que meterla en la portería del contrario. A mi me encanta jugar con mi hermano, pero ahora no está. Ven, ahora te invito yo. – La niña metió la mano en el bolsillo y sacó una moneda. – Si no sabes jugar, no importa; yo soy malísima.

Daniela jugaba y hablaba con la niña como si la conociese de toda la vida; desde su puesto de observación, Caro no daba crédito a lo que veía. estaba claro que la niña necesitaba relacionarse con los de su edad; desde luego, ella haría todo lo que estuviese en su mano para conseguirlo. A lo mejor, podía conseguir que aquella niña viniese a casa a jugar con Daniela, si sus padres lo consentían.

Era aburrido estar allí, de pie, esperando a que la niña terminase sus juegos, pero Caro no osaba moverse, temiendo que Daniela volviese a caer en su mutismo.  Una voz a sus espaldas la hizo volverse.

- ¡Hola! Ya hemos salido del pediatra. Al final, parece ser que es un sarpullido sin la menor importancia. Cosas del calor, ha dicho Suquía. – Cristiana hablaba sin parar de todo y de nada, como si conociese a Caro de toda la vida. Caro, que era bastante reservada, envidió esa facilidad pasmosa de poder estar con un desconocido como si fuese tu amigo del alma. Cristiana siguió hablando. – ¡Vaya! Ya veo que Cris y Daniela se conocen. – Miró alrededor con cara de enfado. – A quien  no veo es a mi otro hijo, se supone que tenía estar cuidando de Cris. Espérate a que lo pille. – Cristiana sacó el móvil del bolso y marcó un número, dando golpecitos con el pie en el suelo, impaciente. – ¡Luis! ¿dónde se supone que estás? ¡Tu hermana está sola en la sala de juegos! ¿Se puede saber qué es lo que estás haciendo? ¡Te quiero aquí en dos minutos! – Cristiana cerró el móvil con un golpe seco. – Algún día de éstos voy a cometer un adolescidio, te lo garantizo.

- ¿Un qué? – Caro la miraba, asombrada.

- Un adolescidio. Si un infanticidio es el asesinato de un infante, de un adolescente es adolescidio, ¿no? – Caro se encogió de hombros, demostrando su ignorancia. – Pues si no lo es, debería serlo.

- ¡Mamá! – Un chico alto con pelo largo caído sobre la cara y pantalones a medio camino entre las caderas y las rodillas, llegó corriendo de no se sabía muy bien dónde.

- ¡Hombre, el adolescente responsable! ¿Se puede saber dónde estabas? ¿Se puede saber qué hace tu hermana sola en la sala de juegos? ¿Se puede saber por qué no estabas a su lado, como era tu deber? ¿Se puede saber por qué quieres que confíe en ti si cada vez que te encargo algo, no me haces ni caso? ¿Y se puede saber por qué no contestas? ¡No me interrumpas! ¿Eh? ¡Contesta!

- Joooo, mamá; sólo estaba mirando los juegos en la tienda de ahí; Cris no puede salir de aquí sin pasar por delante de la tienda, mamá, joooo; mirar para ella es aburrido, y jugar a ese estúpido juego que tanto le gusta a ella me agobia; venga, mamá, ¡si ha sido sólo un momento! -Mirando hacia Caro, sonrió. – ¡Hola! Soy Luis. – Venga, mamá, jooo, no te enfades, andaaaaa…- Y sonriendo a su madre, salió pitando hacia la sala de juegos.

- Bueno, no hay forma de razonar con este chico. Ese es Luis; bueno, eso ya lo sabes. Es mi Adorable Adolescente.

- ¿Y cómo hace para contestar a todas tus preguntas por orden sin olvidarse de nada?

-¡Ah, no sé! Práctica, supongo. Vamos a buscar a los niños.

Entró en la sala de juegos sin soltar la mano de Ricardo, que intentaba zafarse de la de su madre por todos los medios.

- ¡Estate quieto, Ricardo! ¡Hola, cariño! – La niña que jugaba con Daniela levantó la vista, sonriendo.

- ¡Hola, mami! Ven, que te voy a preguntar a una amiga que he conocido. Pero no sé como se llama… ¿Cómo te llamas?

La pregunta directa hizo mella en Daniela, que al verse rodeada de gente, volvió a encerrarse en una concha.

Caro acudió a ayudar a su hija, pero Cristiana fue más rápida.

- Yo te la presento, hija. Se llama Daniela, la conocimos en la sala del pediatra, ¿verdad, Ricardo? De hecho, vamos a cenar con ella y con su madre. Salúdala, Cris: Se llama Carolina.

Y Cris, sonriendo a Caro, saludó con la mano en su dirección.

- ¡Hola, Carolina! Soy María Cristina, pero todos me llaman Cris.

- Hola Cris; todos me llaman Caro. Esta es mi hija Daniela; acaba de venir a vivir al pueblo y no conoce a nadie todavía, seguro que lo está pasando muy bien contigo. ¿Vamos a comer pizza?

- ¡YUUUUUUPPPPPIIIIIIIII!!!!! – Ricardo gritaba como un loco, agarrado a la mano de su madre, que reía.

- Le encanta la pizza, como puedes ver. Venga, vamos. Oye, Cris; dile a tu hermano que estamos en la pizzería, ¿vale? – Cris salió corriendo y volvió sin aliento. – Ya está.

- Pues andando.

Y  salieron hablando y riendo, salvo Daniela, que volvía a estar sumida en el más absoluto silencio y Carolina, que pensaba en su hija.

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Comentarios 2 comentarios sobre La Ayuda (VII)

  1. Carmina dice:
    13 junio, 2011 a las 14:28

    uffff cuanta pregunta al pobre Luis…..

    Responder
  2. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    13 junio, 2011 a las 14:34

    Un día de éstos te voy a presentar a mi madre, para que veas lo que es un tercer grado en toda regla.

    Responder

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