La Ayuda (II)
Caro despertó entumecida, con la boca pastosa. Tenía el pelo húmedo y pegado a la cara; hacía mucho calor y se había quedado dormida sin poner el aire acondicionado.
Con la cabeza espesa, se desenroscó y miró el reloj.
- ¡La leche! – Caro se llevó el susto de su vida al ver la hora; salió disparada escaleras arriba y abrió la puerta del dormitorio de Daniela sin llamar.
- ¡Daniela! Tenemos un cuarto de hora para ponernos en marcha; tienes pediatra. Me voy a dar una ducha rápida, cuando salga te quiero arreglada y esperándome abajo. Péinate y arréglate. ¡De prisa!
Daniela se despertó sobresaltada, incorporándose de golpe.
- ¿Me has oído? ¡Tenemos pediatra! ¡Espabila!
Caro cerró la puerta y se dirigió a su dormitorio, quitándose la ropa por el camino. Abrió el agua de la ducha y se metió dentro sin esperar a que calentase. Al sentir el agua helada sobre al espalda soltó un aullido, pero por lo menos, se despejaría.
Se lavó la cabeza y se aclaró al momento, se había duchado en cuatro minutos. Salió de la ducha con la cabeza envuelta en una toalla como si fuese un turbante, y se untó el cuerpo de crema hidratante; a toda velocidad.
Abrió el armario mientras se ponía la ropa interior y luchaba con el cierre del sujetador, para buscar algo fresco que ponerse; encontró el vestido azul estampado de tirantes. Evidentemente, Adela había ido a la tintorería a recoger la ropa mientras ella había estado fuera.
Se subió la cremallera del vestido, se calzó las sandalias azules y se quitó la toalla de la cabeza.
Se fue al baño y se peinó delante del espejo, sin esperar a secárselo. Lo peinó hacia atrás y lo recogió en una coleta enrollada, formando algo parecido a un moño. Recogió su bolso, la carpeta con el historial sanitario de Daniela, y bajó las escaleras de dos en dos, como de costumbre. Pero al llevar tacones no se torció el pie de puro milagro.
Recuperándose del traspiés gracias a sus reflejos (y a la barandilla de madera), llegó ilesa al vestíbulo, donde ya estaba la niña esperando.
- Bien, estás aquí, genial. Vamos al garaje, anda. Te sientas detrás, y te pones en cinturón. Espero que tengas la decencia de no atacarme por la espalda, espera por lo menos a que me pueda defender.
Caro sacó el coche del garaje, y condujo bajo el tórrido sol veraniego hacia la consulta del pediatra. Metió el coche en un parking y llevó a la niña de la mano hacia la consulta, situada en el cuatro piso de un bloque de apartamentos bastante grande, muy cerca de un gran centro comercial.
- Si quieres, cuando terminemos aquí, nos acercamos al centro comercial y comemos algo. Yo he comido algo de pan, pero tú llevas sin comer desde el desayuno. Esto no puede seguir así, Daniela.
La niña seguía sin decir palabra; entraron en el ascensor y subieron en el más absoluto silencio, como si fueran dos completas desconocidas.
La puerta fue abierta por una chica pelirroja con unos preciosos ojos verdes.
- Buenas tardes.
- Hola, somos Carolina García y Daniela Suárez; tenemos cita con el doctor Suquía.
- ¡Ah, sí! Pasen a la sala de espera, por favor. – Les abrió una puerta acristalada que daba a una salita típica de cualquier consulta médica. – Enseguida les atienden.
En la sala de espera no había nadie, así que no tuvieron que esperar mucho. Al cabo de un rato, la enfermera entró para llamarlas.
- Señora García, por favor, pase. El doctor la está esperando, es la puerta del fondo, la que está abierta. Daniela, tú vienes conmigo, ¿vale? Te vamos a hacer una ficha y unas pruebas de peso, estatura, etc. Luego te llevo con tu madre y el doctor Suquía. ¿Vienes conmigo?
Daniela se levantó y siguió a la enfermera dócilmente, mientras Caro iba al despacho del pediatra con paso rápido.
Dio dos golpecitos a la puerta y entró.
- ¿Se puede?


estoy deseando ver que le cuenta caro al pediatra……y lo que este le responde….ainssssss
yo también tengo muuucha curiosidad
en este capítulo me ha despistado que se despertase y fuese de tarde… probablemente porque hace días que no leo y no me acuerdo si era noche o siesta… Tendré que estar más atenta o titajú que no nos deje el corte en algo tan fundamental
Pues lee el post anterior, que no es tan largo, anda.
Hoy escribiré por la noche, cuando Cj se vaya de cenorra.
Daniela no habla mucho pero……. no me diréis que no es obediente !!!! me encantan los niños obedientes……..
Qué raro que yo esté de acuerdo con todo el mundo… não sé… a ver qué dice el pederasta… a mí también me gustan los niños obedientes… y la curiosidad me corroe. Estoy deseando que Daniela se arranque con el cello y nos saque un allegretto grazioso o una sonata de Brahms.
Me encanta Daniela…
Ah, y esto de palntar las cosas en el momento más interesante es malíiiiiiiisimo para la salud, Jú.
Aaaaaiiinnnnnssss
¿Para la salud de quién?
Son encantadores, los niños que obedecen por propia iniciativa.
Seamos realistas, los niños no obedecen por propia iniciativa, a los niños hay que darles una orden concreta y directa……….y aun asi…………habrá que repetirlo un par de veces.
Pues mis hijas al pediatra y a los profes los obedecen a la primera; en cuanto a mi, me niego a decir nada sin estar delante de mi abogado.