El Túnel (VIII)
Caro tenía pensado dejar el coche en la calle, pero después de las asfixiantes experiencias con el sol, decidió meterlo en el garaje.
Iba sudorosa, despeinada, asqueada de la vida. Estaba cansada, además. Necesitaba dormir muchas horas seguidas. Le dolía la cabeza con un dolor sordo; necesitaba agua, grandes cantidades de agua.
Entraron en casa, Caro con los brazos cargados de papeles, Dani indiferente al mundo.
- ¡Adela, estamos aquí!
- ¡Ah, hola; ya me iba! No he encontrado tu agenda por ninguna parte, pero encontré tu USB. – Adela lo exhibía con el brazo levantado. Estaba en el fondo de tu armario, debajo de un montón de ropa arrugada que, además, te he planchado. ¡Vaya cara que traes! ¿Te han despedido?
- Menos mal que lo encontraste, con la falta que me hacía… No, no me han despedido; Hugo es una de las mejores personas que he conocido en la vida; me ha dicho que trabaje en casa, que no me quiere ver en la oficina hasta septiembre.
Yendo hacia la cocina, Adela le contestó:
- Pues qué suerte tienes; ya quisiera yo un jefe así de comprensivo…
- ¡Oye, que tu jefe soy yo!
Adela reía.
- Pues toma nota. Bueno, me voy. ¿Tú no ibas a comprar helados, pasteles, flores..?
- Calla, que me he encontrado con un imbécil en el hipermercado. No pienso volver allí en la vida. Tremendo cretino.
- O mal te conozco, o seguro que tú también le dijiste algo.
- ¡Pues claro! Alguien tenía que ponerlo en su sitio. ¿Te puedes creer que me llamó la atención por mi forma de conducir?
- ¡Noooo! ¿A ti? – Caro no notaba la ironía en las palabras de Adela.
- Pues sí, dice que conduzco fatal.
- A ver, déjame pensar: ¿Te saltaste un stop, un semáforo en rojo, adelantaste por la derecha? ¿Cuántos cortes de mangas has hecho?
- ¡Adela, que yo no conduzco así!
- Si es que hay que conocerse mal. Bueno, me voy. Os veo mañana. Adiós, Daniela.
Daniela, de pie delante de la chimenea, miraba las fotos de su familia, absorta. Adela le hizo un gesto a Caro, para que se fijase en la niña. Caro se acercó a ella.
- Ayer por la noche, cuando te acostaste, coloqué las fotos como tus padres las tenían, aunque puede que la memoria me falle. Puedes cambiarlas de sitio o, si prefieres, llevarlas a tu habitación. Yo sólo quiero que seas feliz, Dani. Espero que no te haya molestado.
Daniela movió las fotografías, cambiando el orden. De repente, la repisa de la chimenea pareció cobrar intensidad. Al mover los marcos de sitio, Daniela había dado vida a la chimenea. A Caro no le quedaba duda de que la niña había copiado exactamente lo que durante años había visto en su casa. Cogió un precioso marco de madera clara con incrustaciones de nácar; en él, los cuatro miembros de la familia aparecían en una excursión: morenos, sonrientes, felices. Dani acarició la foto, la última hecha de la familia en grupo antes del accidente; la última enmarcada por Mayte.
Daniela lloraba en silencio y Adela, desde al puerta, se enjuagaba los ojos y Caro sentía un nudo en la garganta.
- Aún tenemos mucho que colocar, Dani. Están todas las cosas que trajo ayer el furgón, con tu dormitorio. ¿Quieres que lo montemos? Podemos dedicarnos a eso mañana, ¿verdad, Adela?
- Claro, no hay problema. Cuando digáis.
- Y si quieres, puedo hablar con el guardamuebles para que manden todo lo de tu casa; podemos ponerlo aquí. Son tus cosas; nadie te pide que te deshagas de ellas. ¿Quieres que traigamos todo?
Daniela salió corriendo escaleras arriba sin contestar, y Caro cerró los ojos, derrotada.
Aquel túnel estaba siendo demasiado largo.


Bueno por lo menos no le ha tirado nada mas a la cabeza…. Y que no se preocupe Carol seguro que consigue ver el final del túnel, aunque parezca que no tiene fin.
No te creas, que yo tampoco se lo veo… A ver cómo rayos hago para continuar la novela.
estoy segura que sabras improvisar……..
Bueno, a lo mejor llego un día y os suelto:
_Hasta aquí llegué, se me han acabado las ideas.
Jijijijijij
por lo que me queda por leer, hoy no es ese día
Noop.