El Túnel (VI)
Caro entró por la acristalada puerta del laboratorio mostrando su pase.
- Hola, voy al garito de seguridad a que le hagan un pase de visitante a la niña. Es mi hija, se llama Daniela.
El vigilante de la puerta, un joven a quien Caro no había visto nunca, se llevó la mano a la frente a modo de saludo y le indicó el camino con un gesto, que Carolina conocía bien.
Hacer el pase de visitante no llevó más de dos minutos, y Caro pensaba la cantidad de tiempo precioso que se perdía en pases y chorradas varias. Ya sabía que era por seguridad, pero aún así, que una niña de diez años no pudiese ir acompañada de un adulto por las instalaciones sin tener que llevar un cartelito colgado, le chocaba.
- Mira, Dani, éste es mi despacho. Es un poco caótico, pero bueno, ya has visto que el orden no es lo mío; a ver si me enseñas tú. Toma, tengo por algún lado unas revistas… A ver si te gustan… – Caro se agachó a revolver en el estante más bajo de un librero combado por el peso. – ¡Ajá! Tienen unas fotos preciosas, y algunos de los artículos son míos. Échales un vistazo, si quieres; no tardaré. ¡Ah! Y no salgas de aquí. A los acompañantes no les está permitido ir solos por el laboratorio. – Al ver la cara de agobio de la niña, añadió – El baño es esa puerta de ahí enfrente; no habrá ningún problema por ir hasta allí, si después vuelves directa. – Salió, dejando que la puerta se cerrase sola.
Fue al despacho de Hugo alisándose el vestido, preguntándose si haría bien en ir.
- ¿Se puede?
- ¡Carolina! Claro, pasa. ¿Qué te trae por aquí? Creí que no ibas a volver hasta terminar las vacaciones
- Pues asegurar mi futuro laboral, más que nada. Había pedido un mes para ir a la isla, pero ahora estoy aquí. Tengo mi mes de vacaciones, pero es el que viene, no sé muy bien si tengo que presentarme a trabajar o qué hacer. Es la primera vez que me pasa.
Hugo se rascó la cabeza, pensativo.
- Es que los problemas que me ocasionas tú no me los ocasiona nadie. No he pegado ojo pensando en ti.
- Yo no he dormido pensando en la Daniela, pero no he venido aquí a hablar de ella.
- Siempre vas directa al grano, Carolina; contigo es imposible mantener una conversación.
- Esto manteniendo una conversación, Hugo; estoy intentando saber si sigo trabajando aquí o no.
Hugo levantó la cabeza, sorprendido.
- ¡Claro que sigues trabajando aquí! ¿Por quién me tomas? Que me haya enfadado no quiere decir que vaya a echarte por la puerta. Oye… Ayer fui muy grosero contigo, estaba de muy mal humor y el saber que rechazabas el proyecto no ayudó mucho, precisamente.
- Disculpas aceptadas, Hugo.
- ¿Significa que volvemos a estar juntos? – Hugo levantó la mano, para acariciarle la nuca.
- Significa que sigues siendo mi jefe. – Caro le apartó la mano, pero no se la soltó. – Ahora no es un buen momento; tengo que aprender a ser madre, y a ti no te van nada los niños.
- A ti tampoco te entusiasman, Carolina.
- No – Caro rió. – La verdad es que no. Pero es mi hija. Y a lo mejor ella consigue que sí me gusten. Yo no entiendo mucho de esas cosas, pero no creo que el tipo de relación que tenemos tú y yo sea la más adecuada para educar a una niña. Antes era libre y podía hacer lo que me diese la gana; ahora ya no. ¿Cuándo vuelvo a trabajar?
Hugo se volvió a sentar. Era uno de los mejores en su campo; pocos negocios había que se le escapasen. Pero era, ante todo, un hombre justo y sabía cuando había que retirarse. Caro le apreciaba y admiraba por eso.
- Entiendo. No te creas que no me fastidia, pero lo entiendo. Tampoco creo que a mi me gustase que mis hijos viesen un desfile de amantes entrar y salir por la puerta; no, no es mundo para niños. Veamos. – Hugo juntó las manos como si rezara, y se los llevó a los labios, apoyando la boca sobre los dedos índice. – No contaba contigo hasta septiembre, pero tampoco puedo tenerte dos meses y pico sin trabajar nada. ¿Por qué no te llevas trabajo a casa, y adelantas en publicaciones? Tenemos un montón de peticiones de revistas sobre artículos marinos; sabes que en verano, además, los suplementos semanales de los periódicos dedican mucho tiempo a hablar del mar y de su entorno. Te pasaré loo correos de las revistas, y puedes hacerlo tú. En realidad, es trabajo de becarios, pero como dos se nos han ido a la isla, aprovecha y hazlo tú. Siempre te ha gustado escribir y los chicos de “Natura” quedaron encantados con el último reportaje sobre las tortugas gigantes. Creo que eso te dejará tiempo para dedicarte a tu hija, y en septiembre, apareces aquí en tu horario habitual. Sé que puedo confiar en ti.
- Ayer por la noche estuve dándole vueltas a un par de nuevos proyectos, y leyendo un par de artículos.
- Ya sabía yo que no dejarías el trabajo de lado. Anda, ve con tu hija, que te necesita más que nosotros. Yo tendré que acostumbrarme a las duchas frías.
Caro se puso en pie y fue a abrazar a Hugo.
- Serás el primero de la lista al que llame cuando necesite compañía masculina, te lo prometo. – Le dio un sonoro beso en la mejilla.
- Largo de aquí, chantajista. – Bromeó Hugo, abrazándola con fuerza – La hora en que se me dio por mezclar negocios con placer, debía de estar borracho perdido. Así aprenderé. Hasta Septiembre.
- Adiós, Hugo.
Y Caro, sonriendo feliz, fue al despacho a recoger unos artículos y a buscar a su hija.


Este Hugo parece sensato y comprensivo…. esta bien..
Bueno y creo que este fin de semana no has salido mucho y te has dedicado a escribir (que para los que te leen esta muy ben) pues me he leido once de golpe.
Gracias
Hugo parecía un poco borde al principio, pero no es mal tío. Y además (eso lo pongo para mis colegas las desesperadas), está forrado.
Este fin de semana le di un fuerte empujón; esto es como todo en la vida: si estás inspirado, no hay problema. ¿Sabes que uno de los post de “la playa” lo escribí seis veces? No salía y no salía.
Y no te equivoques, gracias a vosotros, gracias a ti.
Ya encontré un parecido entre Caro y yo: el “orden”
Sí, Cj también es “ordenado”.