El Túnel (IX)
- Me voy, Caro.
- Sí, hasta mañana. ¡Oye! ¿Sabes si quedan aspirinas?
- Creo que no, ¿te voy a comprar?
- No, es igual. Ya las compraré yo. – Caro echó un vistazo a su reloj. – ¡Buf, qué temprano! Voy a echarme un rato, estoy cansadísima. Adiós.
- Hasta luego. – Adela salió de la casa mientras Caro subía las escaleras.
La cabeza le estallaba. Entró en el dormitorio de Dani, que estaba tirada en la cama, de cara a la pared.
- Dani, me voy a echar un rato. Aún es muy temprano para ir a casa de Cristiana, y yo tengo que descansar un poco. ¿Me despertarás a eso de la una y media, si me quedo dormida?
Daniela no contestó y Caro, arrimando la puerta, decidió poner el despertador.
Se quitó el maquillaje despacio y dejó una toalla mojada en agua fría encima de su rostro. ¡Qué cansada estaba! Si por lo menos pudiese dormir un poco…
El despertador la sacó del profundo sopor en el que estaba metida; la mojada toalla había caído sobre la almohada, mojándola también. La cabeza le seguía doliendo y le latían las sienes. Quizás Cristiana tuviese aspirinas.
Se levantó dando tumbos y se metió en la ducha, dispuesta a espabilar como fuese. Últimamente no hacía nada más que ducharse; se sentía sucia, pegajosa. Salió de la ducha pensando en qué ponerse: bikini, desde luego. La piscina no le hacía mucha gracia, pero hacía demasiado calor como para estar todo el día en una casa de campo sin bañarse. Y un pantalón corto con camiseta de tirantes.
Fue a por Daniela, que seguía en la cama, en la misma posición.
- Dani, hija, vamos; Cristiana nos espera. Estaré en el garaje.
Sentía la cabeza espesa y no tenía ganas de hablar. Si no fuese por la niña, llamaría y anularía la cita; sólo quería meterse en cama y dormir tres días seguidos.
Debajo del asiento empotrado de la balconada de la sala, Caro guardaba botellas de vino. No sabía cuántos adultos iba a haber; llevaría cuatro de vino tinto, no soportaba el blanco y no lo había en casa, salvo el utilizado por Adela para cocinar.
Fue al garaje y esperó a la niña sentada en el asiento del conductor; Daniela no tardó en bajar. Llevaba un pantalón corto blanco, una camiseta de manga corta y dos toallas debajo del brazo.
Carolina le sonrió.
- Gracias por acordarte de mi toalla; la había olvidado por completo.
Y arrancando el coche, salió de la casa, dispuesta a tragarse sus malestares y pasarlo bien, aunque sólo fuese por ver sonreír otra vez a la niña.


Y a mi que me da que ninguna de las dos toallas es para Carol. Que mal pensada soy xd,,,,,
Jolín, Carmiña, eres peor que yo