El Túnel (II)
Caro metió las cajas en la entrada, amontonando unas sobre otras. Dani las había abierto todas, y Caro plegó las solapas antes de amontonarlas. Encontró una llena de marcos de fotos, ¿y si ponía las fotos encima de la repisa de la chimenea? En la otra casa, esa que ahora ya no era un hogar, habían estado allí. A lo mejor a Dani le gustaba el detalle y empezaba a considerar la casa como su casa, y no como una pensión.
Empezó a vaciar la caja, colocando las fotografías tal y como recordaba que estaban.
Mayte había sido una decoradora estraordinaria, y aquel magnífico dúplex céntrico que habían tenido como hogar, no tenía ni punto de comparación con aquel chalet adosado de las afueras que pertenecía a Caro.
Miró a su alrededor, desolada. Aquello no parecía un hogar, sino un piso de alquiler donde había cuatro trastos para salir del paso. Colocó cuatro mesitas aquí y allá; apoyó un par de preciosos óleos en las mesas sin colgarlos, e intentó subir a la habitación vacía del piso de arriba el pesado dormitorio de Dani, ahora desmontado, desistiendo después de haberse machacado un pie.
Decidió dejarlo así. A ver si en los próximos días, entre Adela y ella (esperaba que Dani se involucrase un poco), podían colocar las cosas. Aún no había podido sonsacarle a la niña si prefería un dormitorio nuevo o quería el suyo antiguo. En fin…
Se sentó en las escaleras, cansada. Todavía tenía un par de artículos por leer y uno por terminar, pero no le apetecía nada hacerlo. Aún así, antes de ir mañana al laboratorio. Debería echarles un vistazo, por lo menos por encima.
Subió a su dormitorio, aprovechando el viaje para subir un par de cajas, las que habían quedado por el medio. La colección de libros de “los Cinco” pesaba lo suyo, y Caro ya no podía más. Entró en el dormitorio de Daniela y echó un vistazo a la niña, que dormía profundamente abrazada al oso de su hermana. Caro depositó las cajas en una esquina, y arropó a su hija, que estaba completamente destapada y hecha un ovillo pegada a la pared. Se la quedó mirando un momento. ¿Cómo había sido de pequeña? A lo mejor era como Ricardo; un torbellino lleno de energía y sin pizca de timidez, o tal y como ella la conocía: introvertida y callada.
Caro salió del dormitorio arrimando la puerta; si Daniela necesitaba algo por la noche, la podría oír mejor así.
Tampoco cerró la puerta de su dormitorio; no quería que la niña pensase que había barreras entre ellas.
Y tras meterse en la cama y apagar la luz, se prometió a sí misma compensar a su hija por los diez años perdidos.


Pues nada… dile a la Caro que haga una investigación y le traiga el hermanito a la pobre Daniela. Es fácil, hoy en día, cuando no hay ganas de nada, estas cosas se consiguen entre probetas, pipetas, tubos de ensayo…
Y si le salen gemelos, dos por uno, en cinco años queda todo compensado.
Oye, que está bien esto de publicar más capítulos juntos. Hoy me tomé dos cafeses para acompañar leyendo.
Eso es porque tuve mucho tiempo libre, pero no cantes victoria.
Yo, en cuestión tener hijos, soy más del método tradicional, veremos qué pasa.
¡ Y deja la cafeína! Luego las culpas son para Titajú…
Si, si, de manera tradicional…jejeje
¡Pero vamos a ver! ¿Tú querías amor, o sexo?
Amor o sexo????? las dos cosas están bien……… pero no se si se pueden compensar diez años de no estar con una hija, sobre todo por que creo que Daniela no entendera por que de pequeña no quiso estar con ella.
A ver, habrá que dar tiempo al tiempo.
os estáis desviando del tema
y luego me dice a mi no sé qué de censura por hablar de motos… vaya, vaya…
Soy inocente…