El principio
La lluviosa tarde de junio dejaba ríos de agua sobre las calles.
Caro, al volante del coche alquilado, miraba el caos circulatorio de la ciudad, en un coche que rezumaba tanta humedad por dentro como gotas de lluvia caían sobre el parabrisas delantero.
Sus ojos se sobresaltaron al ver la inmóvil figura de una niña que miraba por la ventanilla en el asiento trasero, indiferente al mundo.
Se había olvidado por completo de ella. Buscó frenéticamente un tema de conversación, pero no se le ocurrió nada. ¿De qué se habla con una niña de diez años a la que no conoces de nada? Caro no tenía ni idea, nunca había tratado con niños.
- ¡Cómo llueve! ¿verdad?
Del asiento trasero no salió respuesta alguna.
- ¡Daniela!
La pálida cara de la niña se volvió hacia ella, con desgana.
- He dicho que llueve mucho.
Daniela volvió a mirar por la ventana, sin contestar.
Caro decidió no decir nada más. Evidentemente, el tan manido tema del tiempo no funcionaba con los niños. Y todo lo que había probado durante los dos últimos dos días, tampoco.
Claro que, bien pensado, ¿qué sabía ella de niños? Nada. Absolutamente nada. En los laboratorios de investigación donde tantas horas pasaba podías encontrar ratas de laboratorio, pero nunca niños. Y tampoco los había en las conferencias que impartía. Allí no había cabida para el mundo de la infancia.
Sus amigos tampoco tenían niños, que ella supiera.
Sólo salía con gente del laboratorio y algún que otro colega, pero era por cosas de trabajo; ella no tenía ningún interés en la vida privada de las personas. Cada uno tenía su vida y sus cosas, y a nadie le interesaba.
El claxon de los coches parados por el atasco formaban una melodía ensordecedora e insoportable. Caro golpeó el volante con una mano, exasperada: si aquello continuaba, acabarían perdiendo el avión. Y si perdían el avión, perderían el enlace para el siguiente vuelo.
Lo que significaba que sus planes, cuidadosamente trazados durante todo el curso, se irían al garete.
Aunque en realidad esos planes ya se habían desmoronado; en ningún momento de su vida pensó en arrastrar a una niña a sus viajes de investigación, aunque esa niña fuese su propia hija.


Sabias que si algún día tengo una niña se llamará Daniela??????
Pinta bien mi ju………muy bien
Geeeeeenial. Pues ya me está encantando! ainssssss
Yo tengo dos hijos y tres habitaciones. Si algún día tengo una niña más, la llamaré Isabel, porque il sabel no ocupa lugal. JA, JA, JA.
No, no lo sabía, Vane. Yo me quedé con las ganas de que se llamase así.
Caaalma, que sólo hay medio trozo cacho pedazo de capítulo. Caaaalma.
Xoteño; no sabía que leías liblos por aquí. Me alegla mucho, y me he leído mucho. Espelo que tú tambíen LEAS.
bien, pues comenzamos de nuevo con el sinvivir de esperar capítulos… ayyyyyyy
me encanta el nombre de Daniela, si algún día tengo una nieta lo propondré
Huyyyyy… ¡qué buena pintaaaaa!!!
(No le pongáis Daniela a las niñas que después les llaman Dani y no les gusta nada. Conozco a una Rafaella que le llaman Rafa).
¡¡¡¡Bien!!!!
Comenzamos de nuevo…
¡¡¡menos mal que no me dediqué a investigar en los laboratorios!!! mira que si un día debido a cualquier experimento salgo con una hija de 10 años me da algo
(es broma… que ya me leí el siguiente… pero me hizo mucha gracia el pensar de donde había salido)
XD
Me encanta esta historia felicidades haber si te lees la mia que la tuya me ha enamorado
Gracias Anna. A ver si pillo un hueco, porque tengo más poco tiempo libro que n te cuento.
me gustó , es interesante seguire leyendote, pasa a leer el mio “venganza o justicia”
Gracias; lo leeré cuando tenga un rato, ¿vale? Ahora estoy bastante liada.
Intrigante… y exquisitamente redactado. Continuaré.