El Principio (VII)
Daniela miraba por la ventanilla mientras Caro pensaba en su futuro inmediato: bien, estaba claro que ella sola no podía atender a la niña: Daniela no la quería ( y Caro era lo suficientemente sincera consigo misma como para comprender las razones) y ella no sabía nada de niños ni de traumas.
Quizás era hora de hablar con sus jefes y pedir ayuda; su estancia en la isla sola con la niña no podía ser bueno para Daniela, porque aunque Caro estaba preparada para curar heridas físicas y practicar pequeñas intervenciones quirúrgicas si hiciese falta, no tenía ni idea de maternidades ni de psiquiatría. Sí, lo mejor sería llevarse a alguien con ella.
Se frotó las sienes, cansada. Hacía muchos días que no dormía en condiciones; primero sentada en la incómoda silla de hospital, y después en el dormitorio del hotel, donde las pesadillas de la niña la despertaban a cada momento.
Miró a su hija y la vio con más palidez y más ojeras; necesitaba sol, aire libre y un motivo para sonreír. ¡Si por lo menos pudiese llevarse a alguien con ella! Alguien con quien la niña quisiese hablar, o que la pudiese comprender. A ella no se le ocurría a nadie.
Conseguir el permiso para que su hija pudiese ir con ella había sido arduo; tuvo que presentar su carta de dimisión para que su jefe consintiese: a ver qué cara le pondría ahora si le pedía más personal.
Y conociendo a su jefe, iba a arder Troya.
Pasó el carrito con los sándwiches y eligió dos vegetales: uno para la niña y otro para ella, pero Daniela ni se dignó a mirarlo: allí quedó, en la bandeja del asiento del medio, donde el callado chelo dormía su silencio obligado.
Caro se comió el suyo, pero prefirió no obligar a la niña a hacerlo: ya comería cuando tuviera hambre.


Pues si que está siendo cuidadosa con la niña, al final no va ser tan mala madre como la pintan….
Pobrecitas las dos. No sé… creo que les hace falta algún tipo de desahogo… Pobrecitas….
Que situación tán difícil para ambas………