El principio (VI)
- Lo siento, pero ese instrumento excede del límite establecido para admitir bultos en cabina, tiene que facturarlo. – La chica del mostrador de facturación, sonriente, rechazaba el chelo que Daniela quería pasar como equipaje de mano.
- Daniela, dame el chelo que lo facturamos. Esta señorita se encargará de que esté bien cuidado, ¿verdad?
- Por supuesto. Le pondremos pegatinas de “frágil” y no habrá problemas.
Caro intentaba coger el chelo que Daniela aferraba como si fuese un salvavidas; la niña no parecía dispuesta a soltar el instrumento. La larga cola de gente que esperaba para facturar su equipaje empezaba a impacientarse, y algunos comentarios hechos en voz alta llegaban a oídos de Caro.
- Daniela, tienes que entregar el chelo a esta señorita; no se puede llevar en cabina.
Con grandes lagrimones y sin decir palabra, Daniela seguía aferrada al chelo, sin importarle nada ni nadie.
Caro tomó una decisión.
- Oiga, señorita; mi hija acaba de perder a su familia, y el chelo es lo que más la unía a su padre. ¿Hay alguna forma de poder llevar el instrumento en cabina?
- La única forma posible de llevar instrumento en cabina es pagando un asiento, porque no cabe en los compartimentos de carga. Yo no puedo hacer nada, sólo me limito a hacer mi trabajo.
- ¿Y quedan plazas?
- Sí, señora. – La amable señorita les extendió las tres tarjetas de embarque.
Cargando con dos trolleys de mano, el chelo y el bolso, las dos se dirigieron a la puerta de embarque; después del tiempo perdido en el atasco, no podían perder más comiendo nada. En fin, a ver si podían comer algo en el avión… Aunque fuese pagando.
El sentarse en sus asientos (Daniela en ventanilla, el chelo en el medio y Caro en pasillo) Caro se percató de lo cansada que estaba; cerró los ojos y respiró hondo.
Tenía que conseguir ayuda; estaba claro que ella sola no podía con Daniela, y no podía solucionar todo a golpe de tarjeta de crédito.
Aún quedaba el trasbordo antes de llegar a casa, y después, organizar todo para dejar a Daniela instalada en su nuevo hogar, y empezar a mover su investigación de verano. Pero tenía que llevarse a alguien más: ella se pasaría muchas horas investigando y no podía dejar a Daniela completamente sola. Era su trabajo y, si no trabajaba, no entraría el sueldo.
Y ahora más que nunca, necesitaba el dinero para sacar adelante a su hija.


Pobrecita niña…..quiere más al chelo que a su propia madre….