El Principio (V)
El atasco se fue diluyendo en la nada y Caro pisó el acelerador a fondo: si tenían suerte, llegarían, y ella sabía muy bien que la suerte también había que buscarla.
Jugando con los carriles, metiendo el morro del vehículo por sitios inverosímiles y haciendo caso omiso a los gritos de los usuarios de los otros coches, Caro avanzó a toda velocidad, cogiendo la primera salida hacia el aeropuerto.
Odiaba aquella ciudad con todas sus fuerzas. Odiaba su olor, su contaminación, sus edificios grises y su falta de mar.
Ella necesitaba el mar, base de su vida y de sus experimentos.
Concentrada en la conducción, Caro se olvidó de la niña sentada en el asiento de atrás.
Y si hubiese mirado hacia atrás, probablemente habría frenado en seco: Daniela parecía aterrorizada, agarrada con fuerza al reposacabezas del asiento delantero. Los ojos de la niña lo decían todo, y bajo la blancura de la piel lechosa de hospital, se veía otra palidez aún peor: la palidez del miedo.
Habían pasado dos meses desde el accidente de coche que se llevó a su familia; un accidente debido a una lluvia intensa, un exceso de velocidad y unas ruedas en mal estado, un cóctel mortal de necesidad.
Y ahora Daniela, sentada en el único lugar del coche que no había sufrido demasiados golpes, recreaba la escena con terror infinito.
Si Caro hubiese mirado hacia atrás, probablemente habría frenado en seco, pero seguía conduciendo, con los cinco sentidos puestos en los tres carriles, los semáforos y los coches de alrededor.
Cuando llegaron al aparcamiento de Avis, Daniela tenía los ojos fuertemente cerrados y se agarraba la cabeza con fuerza; Caro, por su parte, bajó del coche a buscar un carrito donde colocar el voluminoso equipaje y devolver las llaves del vehículo; en ningún momento se percató del lastimoso estado de la niña.
Al volver, Daniela estaba sentada con aparente tranquilidad, empapada en sudor y con el corazón latiendo a mil por hora; pero Caro no lo notó.
Su mente seguía puesta en el reloj que seguía marcando los minutos inexorablemente, y en un avión que no esperaría por ellas bajo ningún concepto.
Si se hubiese parado un minuto para ver la aterrorizada expresión de su hija, posiblemente habría perdido el avión con gusto, pero tampoco la miró esa vez.
Y tirando de la niña y del carro, corrió hacia el mostrador de facturación.


¿No me digas que va a facturar otra vez a la pobre criatura? Seré mal pensada, vale, pero es que… la Carol ésta, con sus antecedentes de mala madre…
No es mala madre, es… distinta.
Tú sabrás
A mí me ha caído gorda la tía. Aunque todo es negociable.
Por lo menos es fría la tía, aparentemente sin sentimientos….de momento no, no me cae muy bien tampoco.
de momento Caro es mala madre, luego ya veremos, vamos a darle una oportunidad.
biquiños,
ah, leyendo tus capítulos he recordado la película que pusieron ayer en la 2, que por cierto ya había visto hace años “Deliciosa Martha”; la línea argumental tiene un ligero parecido, ¿la viste?.
biquiños,
Nooo, no me suena de nada. ¡No me digas que estoy plagiando una obra porque me da algo! Si es así, por favor dímelo y la borro.
Pues yo no creo que sea mala madre, una mala madre no pensaría lo que ella, pensaría que era la mejor……simplemente no es madre, lo ha sido solo por unos momentos, hace mucho, y necesita volver a sentirlo……
simplemente es una “sin sangre”
a lo mejor aún espabila… o la espabilan
Resulta difícil entender el comportamiento de una persona que lleva un hijo durante 9 meses dentro y que luego se muestre impasible hacia esa criatura. Bajo mi concepto, eso es una mala madre
Ju, cariño, yo no quisiera presionarte…pero me tienes como una posesa entrando y saliendo de esta página y no veo ningún capítulo nuevo…voy a ponerme a llorar