El Principio (IX)
- ¡Buenos días, Daniela! Hace un día precioso. Ven a desayunar, anda. Tenemos que ir al laboratorio, tengo que hablar con mi jefe.
Daniela no se movió y Caro entró en la habitación, asustada.
- ¡Daniela, Dani, hija, despierta!
Daniela se sentó en la cama, con cara de sueño.
- Vamos, Dani; ven a desayunar y después te duchas. Anoche no lo hiciste. Te doy diez minutos, no te retrases o lo tomarás frío.
Caro salió de la habitación cerrando la puerta despacio. Bajó las escaleras de dos en dos pensando en qué podía hacer de desayuno. La verdad es que no sabía los gustos de su hija, porque en estos pocos días que habían estado juntas, sólo la había visto juguetear con la comida.
Hizo un zumo de naranja y lo puso en una jarrita azul; calentó leche y puso el bote de cacao en polvo en la mesa, hizo tostadas, colocó aceite de oliva, mantequilla y dos tipos de mermelada, y abrió una bolsa de magdalenas.
- “A lo mejor la niña se parece más a mi de lo que ella cree”- pensó Caro. Y abriendo el frigorífico, sacó queso fresco, jamón asado y cocido y abrió una lata de anchoas.
Daniela bajó al rato, con el pelo revuelto y con la misma ropa arrugada del día anterior.
- Buenos días, Dani. ¿Te importa que te llame Dani? No conozco tus gustos, así que espero que te guste algo de lo que hay aquí. El zumo, por lo menos, deberías tomarlo. Yo voy a arreglarme, ¿vale? ¿Te importa que te deje sola? Llevaré las maletas arriba. ¡Ah! Si oyes que alguien entra, no te preocupes. Es Adela, la señora que limpia la casa. Te gustará, ya lo verás. Bajo en un rato.
Caro subió las escaleras y abrió una maleta encima del escabel que había a los pies de la cama.
Toda la ropa estaba sucia, arrugada y olía mal, lo mejor era airear la maleta y meter todo aquello en la lavadora. Abrió el armario de tres puertas y empezó a buscar el traje chaqueta azul marino; si quería convencer al jefe, por lo menos que no la pillase en vaqueros.
Se recogió la melena en un moño flojo y se maquilló ligeramente; después bajó toda la ropa sucia al lavadero.
En la cocina, Adela recogía los restos del desayuno y no había ni rastro de la niña.
- Buenos días, Adela. ¿Has conocido a mi hija?
- Hola, Caro. Sí, que sepas que no me ha dirigido la palabra.
- Ya, no te preocupes, no habla con nadie. A mi sólo me ha hablado para decirme que no soy su madre – Caro hizo una mueca – supongo que me lo tengo merecido. ¿Sabes si ha comido algo?
- No te juzgues tan duramente. Se ha bebido el zumo y ha comido el queso con una tostada, nada más. No parece que coma mucho, esa hija tuya.
- Está pasando un mal momento. No te preocupes, la sacaremos adelante. Oye, tengo toda la ropa sucia, la voy a meter en la lavadora y tú la tiendes, ¿vale? también hay que deshacer las maletas de la niña. Hoy por la mañana llegará la furgoneta con sus cosas. ¿Te quedarás hasta que llegue? Tengo que ir al laboratorio.
- ¿Vas a llevar a la niña?
- Eso tenía pensado, ¿por qué? ¿no te parece buena idea?
- Ayer llegasteis tardísimo; yo dejaría a la niña en casa, para que se vaya haciendo a ella y coloque sus cosas. Además, en el laboratorio no vas a poder atenderla. Que es lo que pretendías hacer: ¿sentarla en una silla mientras haces tu trabajo?
-Tienes razón. Cuando baje Daniela, le diré que se quede contigo y yo soluciono un marrón que tengo; vendré pronto. Voy a ver qué hace.
Daniela estaba tirada encima de la cama, en la misma posición en la que había dormido. Caro se impacientó.
- Dani, no puedes pasarte la vida aquí metida, y no quiero que estés desaseada. Así que si tú no te duchas y te lavas el pelo, lo haremos entre Adela y yo, ¿te parece?
La niña se levantó, dirigiendo una mirada cargada de odio a Caro. Pasó por su lado camino del baño y Caro la frenó, cogiéndola del brazo.
- ¡Daniela! Tengo que ir al laboratorio; Adela se queda en casa, así que puedes ir colocando tus cosas en el armario y después, si quieres, puedes ayudarle con la casa. Ahora es tu hogar: puedes curiosear lo que quieras y abrir las puertas que quieras; tienes que conocerlo todo. ¿Estarás bien?
Daniela, que se había parado al oír el tono imperativo de su voz, reanudó su camino hacia al baño sin mirar hacia atrás.
Caro contó hasta diez, se fue al dormitorio, cogió el bolso y las llaves del coche y bajó a despedirse de Adela.
- Oye, Adela; échale un ojo a la niña de vez en cuando, ¿vale? Prefiero que estés pendiente de ella y que pases un poco de la casa; no la conozco mucho, a ver si tú consigues algo. Siempre se te han dado las relaciones humanas bastante mejor que a mi.
- Ve tranquila, que yo me encargo.
Y Caro, cerrando la puerta, se encaminó al coche. Si enfrentarse por la mañana con una niña que no hablaba era malo, enfadar a su jefe tampoco iba a ser plato de gusto.


jolín, la verdad es que dani no se lo está poniendo nada facil…..uffff
Dani lo está pasando realmente mal, y Caro debería haberse preocupado m´ñas por su hija. Ahora tiene una completa desconocida en casa, ¿qué pretendía?
buf… esto sí que va a ser trabajo, y no los caramuxos
Jijijijiji, es que las comparaciones son odiosas, ¿ande vas a comparar tú una preadolescente traumatizada con limpiar caracoles? Quita pallá, que como te pille Sigmund Froid, te encierra de por vida.
Me refería a su trabajo al estudio en la isla de los caramuxos
si a mi limpiarlos me molaba
he consultado y en el gallego de Coruña el caramuxo es mincha. Para completar más la info en “vulgar”
Pues yo soy de las Rías Bajas… En gallego vulgar
como yo… así que te será más familiar el término “caramuxo”
soy de las Rías Baixas pero del Sanxenxo pobre (Noalla)
aunque si estudiaste allí probablemente hayamos ido al mismo insti.
¿Eres de Noalla, esa que está cerquita de Ayos? Alucino. Estudié en el colegio “La Florida” de mi pueblo, y al insti en Pontevedra, el “Sánchez Cantón”.
Por Dios, Ayos pertenece a Noalla de toda la vida!!
Yo el cole de A Lanzada y el insti a Villalonga. No coincidimos.
¿Cuántos años tienes, Rozío? Si eres de mi quinta, coincidirías en el insti en Villalonga con algunos de mi clase que se fueron a estudiar allí.
hoy, 36
(soy de cosecha del 75)
¡Uf! Demasiado joven para mi…
Gracias abuela
¡Hay que fastidiarse!