El principio (II)
El coche avanzó unos pocos metros. En la acera, la gente esquivaba los enormes charcos de agua sucia que crecían sin cesar, y el concierto de bocinazos seguía.
Caro observaba a la niña por el retrovisor.
Aún tenía un apósito en la frente, encima de la ceja derecha, y rojizas cicatrices surcaban la cara, allá donde los cristales la habían cortado. No parecía una niña guapa, con esas ojeras, esas cicatrices y esa palidez espectral: el blanco hospital.
Caro se preguntó si le seguiría doliendo la cabeza: el golpe había sido tremendo y casi había acabado con ella; pero era una niña fuerte: cuando todos pensaban que ya no había nada que hacer, había abierto los ojos.
Y eso fue lo primero que vio Daniela: el rostro de su madre, a quien no conocía de nada.
Caro se preguntó si sería una buena idea, después de todo. Daniela lo había perdido todo: su padre, su madrastra (a quien quería con locura y llamaba “mamá”) y a su hermanastra. Y ahora la arrancaba de su entorno: cambiaba de ciudad, dejaba su casa de siempre y, en Septiembre, cambiaría de colegio.
Pero los psiquiatras habían sido categóricos en ese sentido: la niña necesitaba calor humano y tenía una madre; era su tarea devolverle la felicidad.
Bueno, Caro sí era su madre: la había llevado nueve meses en el vientre sin sentir la más mínima molestia, hasta tal punto de que muchas veces se olvidaba de que estaba embarazada.
Su suegra le decía que todo cambiaría al nacer la niña: el bebé se convertiría en el centro de su mundo.
Pero el bebé nació en un parto asombrosamente fácil y la vida de Caro no cambió para nada: su marido pidió la baja por paternidad y se ocupó de todo, y Caro, cuando llegaba del trabajo bien entrada la noche por haber vuelto a perder la noción del tiempo, se quedaba perpleja al ver una cuna en su dormitorio.
El fin de su matrimonio había llegado también sin darse cuenta: ella seguía absorta en su trabajo, y sólo al volver a casa se acordaba de que tenía una hija.
Se había casado joven y suponía que lo había hecho enamorada de su marido; al final sólo sentía por él afecto: sabía que el divorcio era la mejor opción.
Ella no servía para el matrimonio.
Y mucho menos para formar una familia.


poco se puede decir, a seguir esperando
interesante…..
Caro parece una mujer sin sangre!! dale vida/caña!!!