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Curando Heridas (X)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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- ¿Se puede?

- Adelante. – La puerta del despacho se abrió y Cristiana se encontró con su sonriente marido.

- ¡Luis! – su rostro se iluminó – ¿qué haces por aquí?

- Vengo a ver como están mis chicas favoritas. – Luis se acercó y abrazó a su mujer, besándola en el cuello. – ¿Cómo estáis?

- Ella estupendamente – Cristiana se acariciaba el poco abultado vientre – Yo hecha una porquería; me duele la espalda y tengo náuseas.

- Pues venía a invitarte a tomar algo…

- ¿Pasa algo? Esa cara tuya la conozco desde hace muchos años. Siéntate y cuéntame, anda. Ponte cerquita para que pueda estirar las piernas un poco. – Cristiana colocó sus tobillos encima del regazo de Luis. – Adelante, te escucho.

- Mi madre acaba de decirle a Javier que no le gusta Carolina, que es una maleducada, egoísta y que no le conviene. Es más, dice que Carolina no es buena para nadie. Y luego entré yo  y le dije que lo que le pasaba es que mi madre tiene celos y miedo de no ser el centro de atención de Javier, que siempre se desvive por ella. – Luis levantó la vista, mirando a su mujer. – ¿Crees que me he pasado?

- ¡Prfffff! – Cristiana hacía ruiditos con la boca mientras escuchaba a su marido. – No te creas que no entiendo a Bele, si uno de mis hijos pierde la cabeza por alguien como Caro, de entrada me pondría en guardia, pero enfrentarme a ellos sólo serviría para perder a mi hijo. No, no creo que te hayas pasado. Tu madre es muy buena y yo la quiero mucho, pero se pone imposible con Javier; cuando está aquí, sólo vive por él y para él. Claro que Javier también tiene mucha culpa, con tanto arrumaco y tanta apariencia de santo, ¡por favor, si todos sabemos la vida que lleva! Tu madre se cree que vive en un convento, y que todas las chicas del mundo piensan en cazarle porque es un partidazo… No, no creo que Caro quiera cazar a Javier. No la conozco mucho pero sí que la admiro. No necesita nada de esta vida, nada superfluo. Ella trabaja, gana su dinero y le encanta su vida, y si pide ayuda no es para ella, sino para la niña. Yo no la veo egoísta, sino solitaria; y en cuanto a lo de mal educada… Tenías que haberla visto en la sala de espera del pediatra, con aquellas profundas ojeras oscuras, la piel  cetrina, los ojos a punto de cerrarse. Fue idea mía que se pusiese a dormir un rato y el único sitio donde podía hacerlo era en nuestra casa. Con Daniela no puede, y si está sola en su casa se pone a trabajar. Yo creo que es una buena persona, pero ¡claro! no la conozco mucho. A mi, en realidad, me da pena. De todas formas no te preocupes demasiado; tanto Javier como Caro son dos personas adultas que saben muy bien lo que les conviene y lo que no; y si no lo saben, ya va siendo hora de que se enteren.

- ¿Sabes qué? Te quiero un montón.

- Yo también te quiero, y gracias a Dios no te pareces en nada a ese complicado hermano tuyo. Anda, vete que tengo que trabajar.

- ¿Así me demuestras que me quieres, echándome?

- Así te demuestro cómo se hace para sacar adelante a una familia de tantos miembros como la nuestra. Venga – Cristiana se incorporó, besando a su marido. – Nos vemos después en casa, ¿vale?

- Adiós, corazón de hielo.

- Adiós, estómago de hierro.

En el mismo momento en que Luis salía del despacho de su mujer, Javier y Caro, sentados en el sofá de la sala, hablaban sobre Dani.

Caro reposaba sus pies sobre el regazo de Javier, que le acariciaba los tobillos con suavidad.

- Aún es demasiado pronto para nada, Carolina. Sólo he estado con Daniela una hora.

- ¿Una hora? ¡Meses tardó en dirigirme la palabra a mi! Y cuando lo hizo no fue para lanzarme flores, precisamente. ¿Con Cris estuvo bien?

- Sí… De hecho voy a utilizarla para llegar a tu hija. Eso ha sido cosa de mi madre, y no creo que sea mala idea.

- Es maja, Bele.

- Sí, ella también dice que eres maja. – Javier prefirió mentir antes de herirla más. De todas formas, lo que ocurriese entre los dos no concernía a nadie. – ¿Tienes algo que hacer hoy?

Caro negó con la cabeza.

- No puedo hacer nada con este pie, así que me quedaré en casa trabajando un poco, con el pie en alto. Marcia puede ocuparse de Dani, llevándola de paseo o algo así. Dijo algo de querer cambiar el coche por otro de dos plazas. – Se encogió de hombros. – A saber qué es lo que pasa por la cabeza de mi hermana; no para de hacer cosas. ¿Y tú, tienes planes? Te puedo ofrecer un sofá, un portátil y una tele.

- Suena bien, sobre todo lo del sofá. ¿Vas a estar tú en él?

- Si tengo que trabajar no, pero no tengo que trabajar todo el rato, Javier. Necesitaré descanso y cariño, mucho cariño. Me han dicho en urgencias que es lo mejor para curar cualquier tipo de herida.

Javier acercaba la cara para besar a Caro, cuando Marcia entró por la puerta.

- Sin embargo, a mi me han dicho que el chocolate negro es absolutamente necesario para otro tipo de heridas; os he traído un poco. Tomad – Marcia les ofrecía un vaso de batido de chocolate negro con mucha espuma.

- ¿Tú no tomas? – Javier bebía el frío brebaje despacio, saboreándolo.

- ¿Yo? – Yo no tengo heridas en el alma, lo mío se soluciona con crudités.- Voy a ver si consigo llevarme a Dani a la playa, o a algún sitio. – Marcia, que se había dejado caer en un viejo butacón, se puso de pie de un salto.

- A la playa no, Marcia. Pasan de las doce y está el sol muy fuerte, su piel no está preparada. – Carolina jugaba con la bebida, metiendo el dedo en la espuma y chupándolo después.

- Caro, deja de hacer guarradas, anda… Llevas toda la vida con la misma manía cada vez que todas un batido. ¿No puedes beber como todo el mundo?

- No, lo siento. Es superior a mi. ¿Dónde vas a llevar a Dani?

- No lo sé; tengo que ir a comprar un par de cosas y quiero cambiar el coche; no me gusta este bicho, prefiero algo más deportivo…

- Si vas a coger algo más deportivo, no puedes llevar a Daniela; sólo tiene diez años y no puede ir delante. Esos coches de dos plazas que a ti te vuelven loca no son aptos para niños, Marcia.

- ¡¡¡Ops!!! No había pensado en eso. Me quedaré con el monstruo ese, entonces. Oye, Javier. – Marcia se volvió hacia él, que miraba fascinado la estúpida manía de Carolina.

- ¿Sí?

- ¿Pasaría algo si me llevo a Dani y a Cris juntas? Dani está enfadada conmigo y no me veo con fuerzas para estar todo el día con una niña con el gesto hosco.

- Verás… – Javier se rascó la cabeza, con gesto pensativo. No sabía cómo decirle a Marcia que Cristiana jamás permitiría que su hija se fuese con una desconocida. –  Cris está ocupada hoy; lo siento mucho.

Marcia sonrió.

- Bueno, ¡no importa! Ya sé qué voy a hacer: Voy a llevarme a Dani a comprar pintura para pintar el dormitorio donde yo duermo, ¿te importa, Caro? Odio ese color blanco descolorido…

- Haz lo quieras pero, ¡por Dios! deja de moverte de una vez. Eres de lo más inquieto que he visto. Compra lo que quieras, pinta lo que quieras y no volváis hasta bien entrada la tarde.

- No te preocupes; volveremos enseguida, pero tendré a la niña pintando la habitación toda la tarde. A vosotros nadie os molestará (de eso ya me encargo yo), y podrás dedicar la tarde a chuparte el dedo embadurnado de batido de chocolate… si es que no tienes nada mejor que hacer. ¡Dani, nos vamos!

Y dando a su hermana un cariñoso beso en la mejilla, subió las escaleras de dos en dos para recoger su bolso.

¿Te gusta este libro? ¡Haz que todo el mundo se entere!

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Comentarios 5 comentarios sobre Curando Heridas (X)

  1. Avatar de vaneanido vaneanido dice:
    28 julio, 2011 a las 18:36

    jooo, yo creí que se quedarian solos….ains, demasiada ente siempre en esta casa

    Responder
  2. Virtu dice:
    28 julio, 2011 a las 21:37

    Caro necesita descansar, des-can-sar….. ;-)

    Responder
  3. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    28 julio, 2011 a las 23:55

    Noooo. lo que necesita es relajarse.

    Responder
  4. Avatar de Jorge Mercado Jorge Mercado dice:
    29 julio, 2011 a las 2:37

    buena trama. Un apunte. En: Caro denegó con la cabeza. Denegar se refiere a no conceder algo, más bien se emplearía en el movimiento de cabeza como negación o no acuerdo, así que quizás resulte mejor “Caro negó con la cabeza”. Saludos.

    Responder
  5. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    29 julio, 2011 a las 12:51

    ready

    Responder

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