Curando Heridas (X)
- ¿Se puede?
- Adelante. – La puerta del despacho se abrió y Cristiana se encontró con su sonriente marido.
- ¡Luis! – su rostro se iluminó – ¿qué haces por aquí?
- Vengo a ver como están mis chicas favoritas. – Luis se acercó y abrazó a su mujer, besándola en el cuello. – ¿Cómo estáis?
- Ella estupendamente – Cristiana se acariciaba el poco abultado vientre – Yo hecha una porquería; me duele la espalda y tengo náuseas.
- Pues venía a invitarte a tomar algo…
- ¿Pasa algo? Esa cara tuya la conozco desde hace muchos años. Siéntate y cuéntame, anda. Ponte cerquita para que pueda estirar las piernas un poco. – Cristiana colocó sus tobillos encima del regazo de Luis. – Adelante, te escucho.
- Mi madre acaba de decirle a Javier que no le gusta Carolina, que es una maleducada, egoísta y que no le conviene. Es más, dice que Carolina no es buena para nadie. Y luego entré yo y le dije que lo que le pasaba es que mi madre tiene celos y miedo de no ser el centro de atención de Javier, que siempre se desvive por ella. – Luis levantó la vista, mirando a su mujer. – ¿Crees que me he pasado?
- ¡Prfffff! – Cristiana hacía ruiditos con la boca mientras escuchaba a su marido. – No te creas que no entiendo a Bele, si uno de mis hijos pierde la cabeza por alguien como Caro, de entrada me pondría en guardia, pero enfrentarme a ellos sólo serviría para perder a mi hijo. No, no creo que te hayas pasado. Tu madre es muy buena y yo la quiero mucho, pero se pone imposible con Javier; cuando está aquí, sólo vive por él y para él. Claro que Javier también tiene mucha culpa, con tanto arrumaco y tanta apariencia de santo, ¡por favor, si todos sabemos la vida que lleva! Tu madre se cree que vive en un convento, y que todas las chicas del mundo piensan en cazarle porque es un partidazo… No, no creo que Caro quiera cazar a Javier. No la conozco mucho pero sí que la admiro. No necesita nada de esta vida, nada superfluo. Ella trabaja, gana su dinero y le encanta su vida, y si pide ayuda no es para ella, sino para la niña. Yo no la veo egoísta, sino solitaria; y en cuanto a lo de mal educada… Tenías que haberla visto en la sala de espera del pediatra, con aquellas profundas ojeras oscuras, la piel cetrina, los ojos a punto de cerrarse. Fue idea mía que se pusiese a dormir un rato y el único sitio donde podía hacerlo era en nuestra casa. Con Daniela no puede, y si está sola en su casa se pone a trabajar. Yo creo que es una buena persona, pero ¡claro! no la conozco mucho. A mi, en realidad, me da pena. De todas formas no te preocupes demasiado; tanto Javier como Caro son dos personas adultas que saben muy bien lo que les conviene y lo que no; y si no lo saben, ya va siendo hora de que se enteren.
- ¿Sabes qué? Te quiero un montón.
- Yo también te quiero, y gracias a Dios no te pareces en nada a ese complicado hermano tuyo. Anda, vete que tengo que trabajar.
- ¿Así me demuestras que me quieres, echándome?
- Así te demuestro cómo se hace para sacar adelante a una familia de tantos miembros como la nuestra. Venga – Cristiana se incorporó, besando a su marido. – Nos vemos después en casa, ¿vale?
- Adiós, corazón de hielo.
- Adiós, estómago de hierro.
En el mismo momento en que Luis salía del despacho de su mujer, Javier y Caro, sentados en el sofá de la sala, hablaban sobre Dani.
Caro reposaba sus pies sobre el regazo de Javier, que le acariciaba los tobillos con suavidad.
- Aún es demasiado pronto para nada, Carolina. Sólo he estado con Daniela una hora.
- ¿Una hora? ¡Meses tardó en dirigirme la palabra a mi! Y cuando lo hizo no fue para lanzarme flores, precisamente. ¿Con Cris estuvo bien?
- Sí… De hecho voy a utilizarla para llegar a tu hija. Eso ha sido cosa de mi madre, y no creo que sea mala idea.
- Es maja, Bele.
- Sí, ella también dice que eres maja. – Javier prefirió mentir antes de herirla más. De todas formas, lo que ocurriese entre los dos no concernía a nadie. – ¿Tienes algo que hacer hoy?
Caro negó con la cabeza.
- No puedo hacer nada con este pie, así que me quedaré en casa trabajando un poco, con el pie en alto. Marcia puede ocuparse de Dani, llevándola de paseo o algo así. Dijo algo de querer cambiar el coche por otro de dos plazas. – Se encogió de hombros. – A saber qué es lo que pasa por la cabeza de mi hermana; no para de hacer cosas. ¿Y tú, tienes planes? Te puedo ofrecer un sofá, un portátil y una tele.
- Suena bien, sobre todo lo del sofá. ¿Vas a estar tú en él?
- Si tengo que trabajar no, pero no tengo que trabajar todo el rato, Javier. Necesitaré descanso y cariño, mucho cariño. Me han dicho en urgencias que es lo mejor para curar cualquier tipo de herida.
Javier acercaba la cara para besar a Caro, cuando Marcia entró por la puerta.
- Sin embargo, a mi me han dicho que el chocolate negro es absolutamente necesario para otro tipo de heridas; os he traído un poco. Tomad – Marcia les ofrecía un vaso de batido de chocolate negro con mucha espuma.
- ¿Tú no tomas? – Javier bebía el frío brebaje despacio, saboreándolo.
- ¿Yo? – Yo no tengo heridas en el alma, lo mío se soluciona con crudités.- Voy a ver si consigo llevarme a Dani a la playa, o a algún sitio. – Marcia, que se había dejado caer en un viejo butacón, se puso de pie de un salto.
- A la playa no, Marcia. Pasan de las doce y está el sol muy fuerte, su piel no está preparada. – Carolina jugaba con la bebida, metiendo el dedo en la espuma y chupándolo después.
- Caro, deja de hacer guarradas, anda… Llevas toda la vida con la misma manía cada vez que todas un batido. ¿No puedes beber como todo el mundo?
- No, lo siento. Es superior a mi. ¿Dónde vas a llevar a Dani?
- No lo sé; tengo que ir a comprar un par de cosas y quiero cambiar el coche; no me gusta este bicho, prefiero algo más deportivo…
- Si vas a coger algo más deportivo, no puedes llevar a Daniela; sólo tiene diez años y no puede ir delante. Esos coches de dos plazas que a ti te vuelven loca no son aptos para niños, Marcia.
- ¡¡¡Ops!!! No había pensado en eso. Me quedaré con el monstruo ese, entonces. Oye, Javier. – Marcia se volvió hacia él, que miraba fascinado la estúpida manía de Carolina.
- ¿Sí?
- ¿Pasaría algo si me llevo a Dani y a Cris juntas? Dani está enfadada conmigo y no me veo con fuerzas para estar todo el día con una niña con el gesto hosco.
- Verás… – Javier se rascó la cabeza, con gesto pensativo. No sabía cómo decirle a Marcia que Cristiana jamás permitiría que su hija se fuese con una desconocida. – Cris está ocupada hoy; lo siento mucho.
Marcia sonrió.
- Bueno, ¡no importa! Ya sé qué voy a hacer: Voy a llevarme a Dani a comprar pintura para pintar el dormitorio donde yo duermo, ¿te importa, Caro? Odio ese color blanco descolorido…
- Haz lo quieras pero, ¡por Dios! deja de moverte de una vez. Eres de lo más inquieto que he visto. Compra lo que quieras, pinta lo que quieras y no volváis hasta bien entrada la tarde.
- No te preocupes; volveremos enseguida, pero tendré a la niña pintando la habitación toda la tarde. A vosotros nadie os molestará (de eso ya me encargo yo), y podrás dedicar la tarde a chuparte el dedo embadurnado de batido de chocolate… si es que no tienes nada mejor que hacer. ¡Dani, nos vamos!
Y dando a su hermana un cariñoso beso en la mejilla, subió las escaleras de dos en dos para recoger su bolso.


jooo, yo creí que se quedarian solos….ains, demasiada ente siempre en esta casa
Caro necesita descansar, des-can-sar…..
Noooo. lo que necesita es relajarse.
buena trama. Un apunte. En: Caro denegó con la cabeza. Denegar se refiere a no conceder algo, más bien se emplearía en el movimiento de cabeza como negación o no acuerdo, así que quizás resulte mejor “Caro negó con la cabeza”. Saludos.
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