Curando Heridas (VIII)
Cuando Marcia terminó de perfilar las cejas de Adela, se la quedó mirando con ojo crítico.
- Mmmmmmm, tienes que cambiar de peinado.
- ¿Tú te crees que puedo ir a la peluquería cuando me dé la gana? Tengo que trabajar.
- ¡Vamos, Adela! Que no es un tinte, es un corte… Aunque deberías ponerte unas mechas más claras para iluminar el rostro. Llama ahora, puedes ir.
- ¿A dónde se supone que puede ir? Aún no ha terminado su jornada… – Caro apareció por la puerta, cojeando.
- A la peluquería ¡Vamos, Caro, claro que puede irse! Seguro que puedes darle el resto del día libre. No creo que tenga que hacer aquí nada más. Además, estoy yo.
- ¿Y tú vas a hacer todo lo de la casa? – Caro miraba a su hermana, escéptica.
- Lo de la casa está hecho; sólo falta la comida y eso lo puedo hacer yo.- Marcia se levantó.- Te voy a hacer un boceto para que la peluquera sepa lo que tiene que hacerte. Dile que, si hace exactamente lo que le pido, le mando unas fotos para adornar la peluquería con mi autógrafo. Si tiene una peluquería, seguro que vende algún producto de los que yo he anunciado. Ahora vuelvo.
Adela miró a Marcia, nerviosa.
- Oye, Caro, que aquí la que mandas eres tú. Si quieres que me quede, me quedo, no hay problema, ¿vale?
- No te preocupes, Adela. Haces tanto por esta casa que estoy segura de que te puedes coger un par de horas libres y aún te deberé años enteros. ¡Ah! Dile a la peluquera que más vale que obedezca las órdenes de Marcia, porque es terrorífica cuando se enfada. – Caro estiró los brazos hacia atrás, estirándose. ¡Qué bien he dormido, y qué falta me hacía!
- Solo has dormido una hora, Caro. – Marcia apareció por la puerta con una hoja en la mano. – Toma, Adela. dile que haga exactamente esto.
Adela estiró la mano para coger el boceto y se quedó mirando a Marcia, atónita.
- ¿Estás loca o qué? ¿Estás segura de que yo puedo llevar el pelo así?
Marcia se impacientó.
- ¡Vamos, Adela, que es un corte de pelo! Te crece y ya está. Pero te garantizo que te vas a sentir nueva. Es más, si no te gusta, te pago yo la peluquería, ¿hace?
- Hace. Bueno, entonces me voy. Mañana vengo, ¿vale? Por cierto, mis sobrinas vendrán a recoger la ropa más tarde, si te parece.
- Cuando quieran, Adela, hasta luego.
- Adiós.
Caro se quedó mirando a Marcia.
- Así que te has propuesto llenar el pueblo de glamour, ¿eh?
Marcia se encogió de hombros.
- Es fácil hacer feliz a la gente, Marcia. Simplemente tienes que enseñarle que tienen un lado bueno. Cuando se encuentran bien, trabajan mejor. ¡Tienes que ver a la chica que trabaja para mí en casa! Tiene loco a medio barrio, y eso que era de lo más normalito… Voy a darme una ducha, estoy toda sudada. ¿Has llevado a Dani a ver a Javier?
- Sí, por cierto que la niña me montó un numerito en el taxi que no te imaginas. Javier dijo que la traería más tarde, pero si quieres podemos ir a buscarla las dos, si tú conduces. Seguro que el hermano de Cris se muere del susto te ve aparecer.
- No tengo ganas, Caro, no me apetece ver a adolescentes babeando a mi alrededor. Me quedaré en casa, contigo. Puedo hacer la comida. ¿Te gusta la ensalada con apio? Está buenísima… – Marcia ya se marchaba sin esperar contestación.
- Pues sí que estamos bien; como me tenga que pasar el resto de la semana comiendo apio crudo, la que va a necesitar psicólogo voy a ser yo.


Cuidadito con Adela, va romper los corazones de medio pueblo!!! Ya me la estoy imaginando
A ver si es verdad…
Está entretenida la historia. Un detalle:
En “… y ya está. pero te garantizo…” , mayúscula el “pero”, o una coma, o eliminarlo y empezar con “Te…”
Seguro…….yo quiero una Marcia en mi vida…….ainssssssss
Ahora lo arreglo.