Curando Heridas (VII)
- ¿Te han dado reposo? – Javier conducía un inmaculado coche, sin una sola cosa fuera de su sitio. Caro decidió que tenía que lavar el suyo, porque si algún día Javier tenía que entrar allí, se moriría de asco.
- No, lo que pasa es que me canso andando de esta manera. Si el corte hubiese sido en el talón, por lo menos podría ir de puntillas, pero de esta forma me cansa. Pero por lo menos no me duele.
- ¿Y qué vas a hacer con la niña? Supongo que no podrás llevarla a muchos sitios…
- Tendrá que apañarse con Marcia, si es que puede soportar su presencia. ¡Tú no sabes la de cosas que le soltó a Dani!
- A la niña no le viene mal que la pongan en su sitio. Una de las cosas que la gente tiende a hacer cuando alguien sufre una pérdida de alguien querido, es tratarlo como si fuese de algodón, pero es un error. Las personas necesitan que las pongan en su sitio también, es una buena forma de que reaccionen.
- Ya pero, ¡es que sólo es una niña, Javier!
- Eso también puede ser una ventaja, Carolina. – Aparcó el coche delante de su casa. – Venga, hemos llegado. ¿Tienes las llaves?
- No, pero estará Adela. Espera, anda. – Caro salió del coche y llamó al timbre. Adela no tardó en aparecer.
- Anda, desastre, apóyate en mi…
Javier saludó desde el coche y se perdió en la lejanía. Caro, cojenado, iba detrás de Adela que le mantenía la puerta abierta.
- ¿Se ha despertado ya esa hermana mía?
- Ha salido a correr hace un rato; ya te he mudado las sábanas. Te lo digo por si quieres acostarte. Caro, cada día pareces más cansada. ¿No deberías dormir algo?
- La verdad es que creo que me voy a tirar encima de la cama y voy a trabajar allí. ¿Subirás a decirme adiós?
- Te arroparé si es preciso, aunque mi paga no da para tanto.
- Te quejarás de paga…
- Claro que me quejo, ¿es que tú no te quejas a tu jefe?
Caro la miró, perpleja.
- Pues la verdad es que no.
Adela movió la cabeza, puso los ojos en blanco y suspiró hondo.
- A veces me pregunto de qué planeta te has caído, Caro. Anda, sube y descansa, que ahora te llevo el ordenador.
- Gracias, maja.
- Déjate de gracias y acuérdate de todo esto a fin de mes.
- Te compraré flores por tu cumpleaños, te lo prometo. – La voz de Caro sonaba apagada, hablando de espaldas a Adela mientras subía las escaleras.
- Mejor págame un fin de semana en un balneario, y puede que siga trabajando para ti.
- ¡Ja!
- Nada, no hay remedio, voy a tener que hablar con el sindicato.. – Adela se fue a buscar el ordenador de Caro , mientras ella renqueaba hacia su cama.
El dormitorio, limpio, aseado y en penumbra, invitaba al descanso.
Carolina se dejó caer encima de la cama boca abajo; y en esa postura absurda, exactamente la misma en la que Marcia había dormido unas horas atrás, cayó en un profundo sueño.
Así se la encontró Adela, que subió tres minutos después con el portátil en la mano. Le quitó a Caro la única bailarina que tenía puesta y salió, cerrando la puerta despacio.
Abajo, el timbre de la puerta sonaba.
Adela abrió la puerta y se encontró a una sudada Marcia, que apoyaba las manos en la rodillas.
- ¡Buf, qué calor! Creí que no llegaba…
- Pasa, anda, ¿te hago un zumo?
Marcia levantó la cabeza.
- ¿Te estás ofreciendo a hacerme un zumo de naranjas casero? - Marcia miraba incrédula a Adela, que le devolvió la mirada, impávida.
- Claro, para hacer un zumo hace falta que sea casero, de otra manera sería “servir” un zumo.
- Pues te lo agradecería eternamente… ¡Jolín, hace mucho tiempo que nadie hace nada por mi!
- Me esmeraré, entonces. – Adela fue a la cocina, pensando que, a pesar de trabajar doce horas diarias limpiando casas por un sueldo de porquería, prefería su humilde vida llena de privaciones materiales a todo el boato y magnificiencia de aquella conocida modelo, a la que nadie daba nada si no pagaba de antemano.
- Si es que en esta vida nada es tan bonito como parece… -Adela hablaba para sí, distraída, mientras exprimía el zumo.
- ¿Perdón?
- Nada, Marcia. Decía que en esta vida nada es tan bonito como parece.
- No entiendo… – Marcia la miraba, perpleja.
- Nada, pensaba en lo que me dijiste antes, eso de que hace mucho tiempo que nadie hace nada por ti. Y pensaba en todo ese glamour de vida que llevas, en todo ese dinero que ganas. Y sin embargo yo, que simplemente limpio casas y nos las vemos y deseamos para llegar a fin de mes, siempre tengo a mi marido para frotarme la espalda, hacerme el café por las mañanas o darme un beso por las noches. Y cuando te veía en las revistas, con ese cuerpo que tienes, esa cara tan bonita y todo el dinero que ganas, y la envidia que me dabas y ahora que te conozco, ¡qué quieres que te diga! No te envidio en absoluto.
- Es que las modelos estamos nada más para mostrar un bonito mundo ideal donde todo es plástico y metal dorado, Adela, ¿sabes? Es un mundo donde haces pocos amigos, muy pocos, donde te dan la patada si engordas medio kilo, donde la anorexia está a la orden del día y donde un día, te levantas por la mañana y descubres un grano y cuatro arrugas, y te encuentras que eso puede dejarte sin trabajo. Sólo somos un ornamento más para un mundo de estética. Sinceramente, no creo que sea un mundo para envidiar. ¿Sabes una cosa? Tú no eres fea, pero que no te arreglas.
- ¿Cómo quieres que me arregle, si vengo a limpiar casas?
Marcia negó con la cabeza.
- No me he explicado bien; lo que quiero decir es que no te sacas partido. Sólo tienes que cambiar de peinado y depilarte las cejas de otra forma. Tus ojos son muy bonitos, seguro que podemos arreglar tu mirada. – Marcia la miraba con ojo crítico. – No puedo arreglarte el peinado porque no soy peluquera, pero sí sé el corte que te va. Lo que puedo hacer es depilarte las cejas.
Adela la miró, desconfiada.
- ¿Y eso lo vas a hacer gratis?
- Claro. Al fin y al cabo, tú me has hecho un zumo, ¿no? Espera aquí que vengo ahora.
Y dejando a Adela sentada en la silla de la cocina, subió hacia su dormitorio a coger su neceser.


Jolín, que suerte tiene adela con su marido, para mi lo quería…jejeje.
En cuanto al mundo de marcia, es cierto, pero las penas con pan son menos penas……jejejej
Eso estaba pensando yo, cambio mi marido por el de Adela…..(ay, si se te entera el pobre). Ro: tú no digas ni pío
Ahora vamos a tener a Adela en la pasarela, va dejar la cocina por los desfiles ya verás, ya
Jajaja… es que la verdadera vocación de la Marcia es el tunning, ya le podía “arreglar la mirada” también a mi Manolo. Le voy a hacer un zumito yo también a él… a ver si así se deja depilar la ceja…
Al Cj lo depilé hace muchos años, ahora se depila él solito, porque eso de que haya dos cejas en vez de una no lo tenía muy claro. Claro que no me hace zumos, ni me da masajes, ni ná, pero por lo menos me trae a los united states y se lo agradezco…
Yo qué queréis que os diga, me encantaría tener una amiga que se dedicase a enseñarnos una a sacar el mejor partido de cada una.
Y como no la tengo, pues me la invento, ¡hala!
Eso lo hemos pensado todas, Caracola… Cada vez que me duele el cuello y viene mi Cj con sus manazas a darme un “masaje” le suelto un:
“quita, quita, prefiero que me duela a que me lesiones…”
No os vendria mejor cambiar de marido…….los hay muy majos por ahi……..
¿Por dónde?
No se !!!….. ahora estamos en rebajas ja,ja,ja,,.
Pues si encuentras algo alto, moreno, atlético, con buen sueldo y que dé masajes (y que no le huela el aliento), cógemelo que a la vuelta te lo pago.
Madre mia… cuanto pides….mañana voy al Carrefour a ver si queda algo.
En Crarefour no había, ya miré antes de venir. Si ves algo así donde sea, coge dos. Pá tener de repuesto, más que nada…
Oido cocina !!!!!!!!!!!!
Gracias!!!!