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Curando Heridas (VI)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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- ¡Daniela, el taxi esperando, baja ya!

Carolina entró en el coche cojeando, abrochándose el cinturón y esperando a la niña, que salía de la casa con toda la calma del mundo. A Caro le dieron ganas de estrangularla.

- ¡Espabila, que llegamos tarde! Por favor, llévemos a la Avenida de los Cipreses, 32.

El taxi arrancó con prontitud mientras Caro miraba a su hija, severa.

- Tus tonterías ya pasan de castaño oscuro. Te he dicho que hay  un taxi en la puerta, y los taxis cuestan dinero. Yo no soy tu padre, ni Mayte, no puedo tirar el dinero de esa manera, ¿me oyes? A la próxima tontería que hagas que me cueste, te lo iré descontando de tu paga.

Daniela le contestó, sin mirarla.

- Mis padres me han dejado muchísimo dinero. Es mío y puedo hacer con él lo que me dé la gana; no necesito esa mierda de paga.

- ¡Ole con la niña! – El taxista miraba a Daniela, asombrado.

- Tu padre y su mujer te han dejado dinero, pero ni es tanto como te imaginas ni tienes derecho a tocarlo hasta que seas mayor de edad. Y aún te quedan ocho años para ello. Pero no te preocupes, también puedes pasarte ocho años más sin la mierda de paga. A mi no me importa.

- Si señor, bien contestado. – El taxista sonreía, Dani lo miró, con odio.

- ¿Y tú, para qué te metes donde no te llaman?

- ¡Daniela! ¿Quién te crees que eres para hablarle a un adulto de esa manera? ¡Pide perdón inmediatamente, y que no te vuelva a oír jamás dirigirte así a nadie! ¿me oyes?

Daniela torció el gesto y se puso a mirar por la ventana, sin volver a abrir la boca.

- Vaya joya de hija que tiene usted, señora.

Carolina suspiró.

- Eso mismo pienso yo.

Un poco antes de llegar a la casa, Carolina llamó a Javier por teléfono.

- Hola, Javier, estamos llegando. ¿Podrías acercarte a la verja a recoger a Dani? A si no tengo que bajar del taxi.

- …

- No, ya te contaré. Hasta ahora. – Caro apagó el móvil y lo guardó en el bolso. Cuando llegaron a la verja de la casa, Javier y Cris estaban allí, esperando.

Javier se adelantó para pagar al taxista, pero Caro lo paró.

- No, Javier, así no bajo y me vuelvo a casa.

- Ya lo creo que bajas. ¿Por qué vienes en taxi?

Caro volvió a suspirar.

- Vale. Bajo, pero pago yo.

Salieron del coche, Dani tan feliz con su amiga, y Caro cojeando. Javier la cogió del brazo para ayudarla a salir.

- Vente  a casa, anda. Allí me cuentas todo lo que tengas que contarme, y si quieres, después te acerco a casa. Bele anda por ahí. Sólo será un momento, porque tengo una paciente que atender.

Caro, que iba mirando a su hija con una mezcla de enfado, frustración y pena, apenas hizo caso de las palabras de Javier.

- ¿Qué paciente?

- Dani, ¡quién va a ser! Carolina, ¿te encuentras bien?

- Sí. Déjame apoyarme en ti, anda. Andar con el talón es complicadísimo.

- De mil amores. Ven, mi vida. Yo te sujeto.

Allí, apoyada en el brazo de Javier, Caro sentía que todos sus problemas se desvanecían. Se dejó caer en uno de los sillones del porche, agotada.

- Empieza a hablar, antes de que te someta a un interrogatorio.

- Nada, es una tontería. Ayer entré en la cocina descalza, y pisé un cristal de uno de los cuencos de helado que se había roto.

- ¿Fue Daniela?

- No, creo que lo rompió Marcia, pero en todo caso fue un accidente. Me han dado puntos. Después tuvimos la bronca del siglo con Dani. Parece ser que se creía que yo me había ido al cine con vosotros en vez de estar en urgencias. Me echó del dormitorio y vino Marcia y le dijo que era una niña mimada y egoísta y que eso es lo que se consigue criando a los niños entre algodones, tal y como Rafa hizo con ella. Mucho regalo caro y mucho mimo, pero nada de pies en el suelo. Hoy se ha portado fatal; no habla y sólo me ha dirigido la palabra para decirme que me meta mi paga donde me quepa que ella es rica. No con esas palabras, claro, pero esa es la idea. Hasta le contestó al taxista, ¡y con una prepotencia! Claro que el taxista tampoco debería haberse metido en conversaciones ajenas; si es que presumir de dinero se puede llamar conversación, claro.

- ¿Has dormido? En serio, Caro, tienes que dormir.

- Dormí algo, pero poco.- Se rió. – Marcia durmió en el sofá y ahora se tiró encima de mi cama, moribunda. Se quedó dormida en un segundo.

- Vaya familia más rara, ¿no podéis dormir en la cama?

- No creo que se haya quedado dormida a propósito, simplemente diseñaba cosas en el ordenador y se durmió. Yo sólo quiero volver a casa y acostarme. ¿Hablarás con Daniela?

- Claro que sí. Te acerco yo y luego vuelvo. Será retrasar la sesión media hora, y a la niña le vendrá bien olvidarse del enfado antes de empezar.

- Cuando está con Cris nunca está enfadada, ni triste.  Sólo es conmigo.

Javier se levantó.

- Voy a avisar a Bele que las niñas se quedan un momento con ella, ¿vale?

- Puedo llamar un taxi.

- Carolina, no seas boba. Te llevo yo. – Y con un movimiento rápido, le dio un beso en la boca.

¿Te gusta este libro? ¡Haz que todo el mundo se entere!

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Comentarios 17 comentarios sobre Curando Heridas (VI)

  1. Virtu dice:
    22 julio, 2011 a las 14:41

    oy oy oy….aquí hace falta un buen bofetón, ¿qué se cree esta mocosa?

    Responder
  2. Avatar de Jorge Mercado Jorge Mercado dice:
    22 julio, 2011 a las 19:14

    Detalle. En “…Caro apagó el móvil y lo guardó en le bolso…”
    es “…EL bolso…”

    Saludos!

    Responder
  3. Matapollos dice:
    22 julio, 2011 a las 21:02

    Pues pobre Dani, la llevan cual oveja al matadero. A lo mejor una lobotomía…

    Responder
  4. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    22 julio, 2011 a las 21:21

    Arreglado, gracias.
    Lo de la lobotomía ya lo pensé, pero para Caro.

    Responder
  5. Avatar de vaneanido vaneanido dice:
    23 julio, 2011 a las 6:34

    uffff, le estoy pillando una tirria a la dani estaaaaaaaaaaa, ainssssssssssssss, niña repelenteeeeeeeeeeeeeee

    Responder
  6. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    23 julio, 2011 a las 13:38

    Di que sí, al principio daba pena; ahora es odiosa.

    Responder
  7. Matapollos dice:
    23 julio, 2011 a las 21:47

    Joé… Pobrecita Dani, tú no hagas caso.
    Mételes un gol a todos y diles que quieres que te adopte la Cristiana Ronalda ésa, ya verás que bien vives con los demás niños… sin esas dos supermegafashionísimas arpías reprimidas monísimas de la muerte.¡Qué asco de gente! :P

    Responder
  8. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    24 julio, 2011 a las 12:12

    Asquísimo.

    Responder
  9. Matapollos dice:
    24 julio, 2011 a las 14:13

    Ah, Dani, se me olvidaba… y al Ken de las Barbies, si te incordia lo más mínimo le das una patada en todos los …esosmismos. Que vayan al psicólogo los mayores… pobres críos.

    Responder
  10. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    25 julio, 2011 a las 16:56

    Digo yo…

    Responder
  11. Avatar de vaneanido vaneanido dice:
    25 julio, 2011 a las 21:12

    jsjajajajaja,

    Responder
  12. Carmina dice:
    29 julio, 2011 a las 16:37

    A mi no me gusta la violencia pero esta niña se merece un ¨bofeton¨…………. yo por menos les retiro la paga a mis hijas……..

    Responder
  13. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    29 julio, 2011 a las 16:42

    Yo por menos las asesino.

    Responder
  14. Carmina dice:
    29 julio, 2011 a las 17:35

    Es que me han costado mucho de criar…………

    Responder
  15. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    29 julio, 2011 a las 17:49

    Y a mi, pero ¡será por niños!

    Responder
  16. Carmina dice:
    29 julio, 2011 a las 19:24

    ja,ja,ja pero seguro que como las tuyas….ninguna ehhhh…………..

    Responder
  17. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    29 julio, 2011 a las 20:25

    En este momento hasta las regalo, fíjate bien…

    Responder

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