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Curando Heridas (IX)

Por Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez
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En el sofá de su ático encima de la casa de Cristiana y Luis, Javier tropezaba una y otra vez con el hermético mutismo de Daniela.

La niña, sentada en una silla con la mirada baja, mantenía un absoluto silencio y Javier no conseguía hacerla hablar ni a base de preguntas ni haciendo dolorosas afirmaciones que pudiesen enfadarla.

Nada, silencio absoluto.

Javier, frotándose los ojos con el pulgar y el índice de la mano derecha, la dejó marchar, desesperado.

- Dani, te voy a llevar a casa de tu madre. Espérame dentro del coche por favor. Es ese de ahí,el negro. Yo voy enseguida, tengo que hablar con Bele y ya me despido yo por ti. – Abrió la puerta y dejó que la niña saliese primero antes de salir él.

Dani se fue hacia el coche y Javier entró en la casa, buscando a su madre.

- ¿Mamá? – Bele se encontraba en la cocina, haciendo la comida para el montón de familia que había en la casa. Le sonrió, afectuosa.

- Dime, hijo.

- Voy a llevar a Daniela a su casa. No he conseguido hacerla hablar; es más parlanchina conmigo cuando Cris está delante que si estoy yo solo.

- A lo mejor es una buena idea que hables con Cris. Ella puede estar delante para ayudar a la niña, y a lo mejor Dani le ha contado algo. ¿Por qué no pruebas? No tienes nada que perder.

- No sé, mamá, pero me siento inútil. Carolina está sufriendo un montón por la niña.

- También la niña está sufriendo, Javier; todos sufren en esa casa. Hay una familia rota y a partir de los pedazos se  intenta formar una nueva. Eso es prácticamente imposible.- Bele se sentó en una silla, trabajosamente. – No, la madre no ha hecho ningún bien a esa criatura.

- ¡Pero mamá, ella hizo lo que consideró mejor para la niña!

Bele negó con la cabeza, rotunda.

- No. Ella hizo lo que consideró mejor para ella, acomodándolo a la niña. Si no tenía pensado tener hijos, que no los tuviese. No es bueno apartar así a un hijo de tu camino. Ahora lo paga caro. Dani no la quiere.

- Leí una carta que el padre de la niña le mandó a Caro; decía que la niña estaba muy orgullosa del trabajo de su madre y que quería conocerla.

- ¿Y qué? Eso sólo demuestra que la niña necesitaba a su madre, la idealizó y se encontró a un ser humano de carne y hueso que posiblemente no se parece en nada a lo que ella creía. ¡Por Dios, Javier, esa niña tiene diez años; ha pasado esos diez años sin estar con su madre! ¿Qué pretendes ahora: que la quiera, que olvide, que perdone?

- No sé, mamá. Tengo que irme, que la niña está sentada en el coche. Además, Carolina se ha cortado un pie y quiero verla.

- Javier…

- ¿Sí?

- No te estarás enamorando de esa mujer, ¿verdad?

Javier enrojeció hasta la raíz del cabello.

- ¿Por qué me preguntas eso?

- Hijo, nunca me he metido en vuestras vidas; tus hermanos se han casado con quien han querido y jamás he dicho nada. Claro que nunca tuve nada que decir. Pero creo que es mi deber avisarte sobre Carolina: No creo que te convenga. Es más, no creo que le convenga a nadie. Es egoísta, independiente y está bastante mal educada. No conozco a nadie que vaya por primera vez a casa de nadie y se ponga a dormir como si nada.

- Eso fue decisión nuestra, mamá, de Cristiana, Luis y mía.  Tú ya conocías su historia, y todo ese cansancio acumulado. Siempre dices que hay que ayudar a los demás, y cuando le ofrecemos nuestro apoyo, la rechazas.

- Bueno, haz lo que quieras, pero yo ya te he avisado.

- No me hagas tener que elegir entre las dos, mamá.

-Yo seguiré siendo tu madre toda la vida que me quede por vivir, Javier. Busca tu vida como yo busqué la mía. Pero no me pidas que la acepte.

Javier salió sin decir nada, con gesto sombrío.

En la cocina, Bele miraba al vacío, mientras estrujaba un pañuelo entre las arrugadas manos.

- ¿Crees que has hecho bien? – Luis, el marido de Cristiana, se apoyó en el marco de la puerta mirando a su madre.

- ¿Has oído toda la conversación?

- Toda.

- ¿Y bien? – Bele levantó la barbilla, retadora.

- Que creo que te equivocas. Puede que Carolina sea egoísta, pero es porque nunca ha tenido que compartir nada con nadie. Ha estado sola mucho tiempo, pero no ha dudado en ayudar a la niña cuando se la necesitó. En cuanto a lo de mal educada… Bueno, nosotros decidimos que tenía que descansar. Lleva meses durmiendo en una silla de hospital. Parece que no recuerdas lo cansado que es hacer eso. ¿Has olvidado ya el tiempo que papá estuvo ingresado? La silla, dura e incómoda; las piernas hinchadas, la espalda destrozada. Y tú volvías a casa y tenías la casa lista y la cama preparada, sabiendo que papá quedaba con alguno de nosotros. Ella ha estado sola, completamente sola. – Luis entró en la estancia, cogió una manzana, la lavó y le metió un mordisco. Su madre le dejaba hacer, con la mirada perdida. – ¿Sabes? Al final creo que Carolina va a tener razón: Es demasiado guapa para que las mujeres la quieran. Y creo que además, tú no la quieres porque tienes miedo que te aleje de Javier.

- Eso es una tontería, Luis. Hace muchos años que Javier ya no vive con nosotros.

- Javier no vive con nosotros, pero cuando viene se desvive por ti. Él es el que te lleva de compras, a la peluquería; es el que te prepara la medicina. Creo que lo que te pasa es que tienes miedo de que eso cambie. Nunca creí que llegaría el día en que tuviese que decir esto: Creo que la egoísta eres tú, mamá.

Y, tirando el resto de la manzana en el cubo de los desperdicios, Luis salió de la estancia dejando a su madre con los ojos llenos de lágrimas.

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Comentarios 9 comentarios sobre Curando Heridas (IX)

  1. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    27 julio, 2011 a las 18:12

    Sip.

    Responder
  2. Avatar de Jorge Mercado Jorge Mercado dice:
    27 julio, 2011 a las 18:14

    Que mamá tan egoísta… sigue faltando la corrección a “…Javier TROPEZABA…”
    saludos

    Responder
  3. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    27 julio, 2011 a las 18:18

    Jorge, a mi me aparece corregido. Actualiza, a ver.

    Responder
  4. Avatar de vaneanido vaneanido dice:
    27 julio, 2011 a las 20:17

    Es lógico el comentario de Bele, como madre, no es la nuera que me gustaría para mi, independientemente de que sea buena persona, los antecedentes no son nada alentadores, mujer guapa, que anda con unos y otros sin nada serio, que tiene una hija y la deja con su padre, y además no la ve en 10 años, vive solo para y por su trabajo, incluso por encima de su hija….ainss, definitivamente a mi no me gustaría para mi hijo de buenas a primeras, tendrá que ganarme…….

    Responder
  5. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    27 julio, 2011 a las 20:46

    Seguro que Bele tuvo buenas intenciones, pero creo que a Javier le va a importar un pepino.

    Responder
  6. Virtu dice:
    28 julio, 2011 a las 7:20

    Si ya dicen por ahí, que tiran más dos tetas que dos carretas, no? ;-)

    Responder
  7. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    28 julio, 2011 a las 13:50

    Dicen…

    Responder
  8. Carmina dice:
    29 julio, 2011 a las 17:02

    A mi me parece que a las madres todo nos parece poco para nuestros hij@s pero los que deben elegir son ellos como en su dia elegimos nosotros………………me parece mal que critique a Caro, que tampoco la conoce…

    Responder
  9. Avatar de Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez Julieta Valcárcel-Ríos Domínguez dice:
    29 julio, 2011 a las 17:18

    Yo creo que Bele está un poquito celosa de Caro. Hay madres así.

    Responder

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